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En pleno centro de Madrid, bajo las naves de la iglesia de San Antón, el célebre templo del padre Ángel que nunca cierra sus puertas (ni de día ni de noche), las oraciones del domingo se sustituyeron por el himno nacional y la celebración de los goles de la selección española. En este rincón de Chueca, el fútbol dejó a un lado las plataformas de pago para convertirse en un evento puramente social: una pantalla en una sala interior permitió ver el partido de España contra Arabia Saudí de forma gratuita a las personas sin hogar y a unos fieles que, por una tarde, repartieron sus oraciones entre Dios y Lamine Yamal, unidos para disfrutar de una de las selecciones españolas más ilusionantes de las últimas décadas.
Mientras los termómetros rozaban los 40ºC en Madrid, los voluntarios de la iglesia de San Antón habilitaron una sala en penumbra para proteger del calor a unas 20 personas, en su mayoría sin hogar. El espacio unía lo sagrado y lo profano: una pantalla en el centro rodeada por la bandera de España sobre una cruz de madera y la de Mensajeros de la Paz, todo perfectamente alineado con una talla de la Virgen Inmaculada que parecía presidir el patio de butacas como una aficionada más de La Roja.
Tras el tropiezo en el debut ante Cabo Verde, el ambiente inicial era de puro nerviosismo ante el miedo a una eliminación temprana. En la sala se cruzaban apuestas sobre el resultado (desde un 2-1 a un 3-0) y debates idénticos a los de cualquier bar, donde se bromeaba sobre la falta de jugadores del Real Madrid: "Hasta que Cucurella no se vista de blanco, no cuenta", comentaba un asistente, mientras otro culpaba al exceso de jugadores del Barça después del "aburridísimo" 0-0 del otro día.

La pantalla dispuesta en San Antón para fieles y personas sin hogar.ÁNGEL NAVARRETE
Sin embargo, las dudas se disiparon rápido. España arrolló a Arabia Saudí con tres goles antes del primer cooling break, cerrando el encuentro con un definitivo 4-0. Toda la sala se rindió ante Lamine Yamal, autor del primer tanto; sus regates dejaron boquiabiertos a los asistentes: "Este tío hace diabluras con el balón. Diabluras Yamal". Con el marcador a favor, la tensión dio paso a otras conversaciones más profundas.
Detrás de los goles se escondían realidades complejas. En los bancos se encontraba Iván, un trianero de 44 años y aficionado del Barça. Llegó a Madrid por motivos amorosos y para probar suerte en la construcción, pero la suerte le dio la espalda y se encuentra en situación de calle. "Es muy triste, llevo ocho meses en la calle, pero ver el partido te hace la tarde más amena". En San Antón ha encontrado refugio y un grupo de amigos, entre ellos un cordobés y otro vecino de Las Cabezas de San Juan, con quienes compartió el partido entre risas y piques.
Toda esta labor es coordinada por voluntarias como Nati, que lleva 39 años dedicada a los demás (nueve de ellos en Madrid con personas sin hogar). Para ella, la iniciativa es completamente natural: "Esto del fútbol lleva bastante tiempo aquí, no es algo de ahora", explicó, defendiendo el deporte y los eventos sociales como vías de integración. Como muestra del incansable trabajo diario del templo más allá de los 90 minutos de partido, Nati recordó con cariño historias como la de una familia de Níger que llegó a España hace ocho años con dos hijos y hoy tiene cinco. No vinieron a ver el fútbol, sino exclusivamente a pasar por la parroquia para darle las gracias en persona al padre Ángel, por el apoyo constante que les ha brindado durante casi una década para sacar adelante a su familia.

Un voluntario prepara los aperitivos para los asistentes al partido.ÁNGEL NAVARRETE
En el descanso del encuentro, uno de los asistentes reiteró que lo más importante para las personas en su situación es, simplemente, sentirse queridos. Añadió que la labor de los periodistas de acompañarlos y disfrutar del fútbol a su lado era algo que hacía falta que se repitiera más veces. Por eso, queda una promesa en el aire: si España avanza y llega lejos en este Mundial, GRAN MADRID volverá a esa sala con ellos.
Sin embargo, la estampa de los bancos convertidos en la tribuna de un estadio de fútbol no ha gustado a todo el mundo. Esta iniciativa cuenta con un sector de detractores dentro de la propia Iglesia, contrarios a otorgar a un lugar sagrado las dinámicas de un bar de barrio. El padre Juan Manuel Góngora, de la diócesis de Almería, denunciaba con ironía el contraste: "Si celebras la Misa que han celebrado todos los grandes santos de la historia, rompes la comunión y vete buscando abogado canonista. Si conviertes una parroquia céntrica en un bar para ver a la Selección, es que haces opción preferencial por los pobres".
A pesar de las críticas, el padre Ángel pretende mantener la transmisión de los partidos de España hasta que se la elimine. En San Antón poco importa lo que otros digan. Mientras dure la aventura de la selección en el Mundial, las pantallas seguirán encendidas en la sala acercando el fútbol a los más desfavorecidos. Al finalizar el encuentro, y tras la consecución de los tres puntos que acercan a los dieciseisavos de final tras superar la fase de grupos, algunos fieles dedicaron una última oración antes de abandonar el templo. Lo que queda por saber es si fue dirigida a Dios, o por el contrario, a La Roja.
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