Lidia Ravera, escritora de 74 a�os: "Cuando envejeces, hay hijos sabelotodo que, fingiendo preocupaci�n por exceso de afecto, meten las narices en tu vida"
mar muñiz·2026-05-15·via Portada
Para nombrar a las viejas (y a los viejos) existen muchos eufemismos, como para cualquier concepto que nos violente. La jota debe parecernos eso, violenta, y sustituimos la palabra por otras m�s almibaradas al estilo de veterana, madura, s�nior, persona mayor, quiz� anciana (aunque nos encaja m�s ancianita), etc. Digamos que queremos difuminar lo que se nos antoja feo. Y hacernos viejos encaja ah�, como lo hacen las arrugas (que no nos parecen tan bellas como quisi�ramos), las articulaciones cantarinas y la carne l�nguida.
Por mucho que nos trabajemos lo del edadismo y la gerontofobia, la realidad es que la sociedad rinde culto a la tersura, un caldo de cultivo que invita a combatir a las viejas m�s peleonas. Una de ellas es la prolija escritora y periodista Lidia Ravera (Tur�n, 1951), que publica este 19 mayo Palabras mayores (Ned Ediciones), un manifiesto a favor de la vejez, como reza su subt�tulo. Y por si acaso no queda claro, esto consta en la contraportada: "�Somos viejas! Y a mucha honra". Este libro se suma a los m�s de 30 que han salido de su pluma.
La autora, a quien debemos el best seller Cerdos con alas (1976), donde retrat� la adolescencia, propone ahora un nuevo discurso generacional, ca�ero, rabioso y lleno de humor. Ravera, como una vieja de 74 a�os que es, se niega a vivir apartada como una lechuga que r�pido pasa del frigor�fico a la basura. Y martillea este relato porque, dice, la vejez dura 30 a�os que bien merecen ser vividos con alegr�a, con deseo, con curiosidad. Los viejos, las viejas, son sujetos, reclama, y como tales deben estar presentes en el espacio p�blico y en la agenda pol�tica.
Uno de sus s�lidos argumentos viene a ser el convincente por la cuenta que nos trae. En Europa, el 22% de la poblaci�n tiene 65 o m�s a�os. Esa cifra la ronda Espa�a (casi un 21%, seg�n el Instituto Nacional de Estad�stica) y la supera Italia (m�s del 24%), pa�s de origen de la autora. As� las cosas, el manifiesto de Ravera quiere empoderar a los viejos y avisar a navegantes, haciendo oportuno el refr�n de "cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar".
Pero ella no es invulnerable al entorno. Por eso, afirma, no solo se pesa cada d�a, sino que cada ma�ana se coloca frente a lespejo y busca sus arrugas con la luz m�s cruel. Le encantar�a que no le importase, pero le importa. De este asunto habla con Yo dona, como antesala de la publicaci�n del libro y de su visita a Espa�a en junio, donde participar� en un ciclo de conferencias sobre la vejez.
Anna Freixas public� hace tres a�os un libro de tem�tica similar, Yo, vieja, que fue un best seller inesperado. Una de las cosas que dijo bromeando en una entrevista con Yo dona fue que es mejor que pod�a pasar es que los hijos nos quieran poco a sus madres para que no proh�ban, ri�an ni les ordenen cosas. �Qu� opina?
Muy aguda Anna Freixas. Entre las posibles desventuras de la longevidad tambi�n puede incluirse la dif�cil relaci�n con hijos adultos sabelotodo que, fingiendo preocupaci�n por exceso de afecto, meten las narices en tu vida y proponen y disponen. O proh�ben y explican. Nuestras almas de noche, la novela de Kent Haruf, cuenta la hermosa historia de amor diferente entre un viejo y una vieja truncada por los hijos de ella, que no aceptan la relaci�n. Mientras la le�a me enfurec�a. Y me felicitaba en silencio por mis hijos —un var�n y una mujer, de 47 y 43 a�os— que jam�s so�ar�an con oponerse a mis elecciones de vida. Los crie en el respeto a la libertad. La propia, y la de los dem�s.
Se habla mucho del mansplaining, pero �y el youngsplaining? �A usted los j�venes le explican cosas que ya sabe?
El mansplaining lo conozco bien: mi marido pretende conducir el coche incluso cuando vamos a pie. Tiene alma de conductor. En el terreno escarpado de la palabra no se atreve: siempre gano yo y �l lo sabe. Con amigos y conocidos es distinto. Lo intentan: me explican el mundo y yo sigo el juego —abro los ojos de par en par como ante un milagro y digo "�De verdad?" "�Dios m�o, en serio!". Caen en la trampa, claro—, pero no, no son j�venes. Con los j�venes busco un plano de reciprocidad: yo os cuento el pasado, vosotros me ayud�is a imaginar el futuro y, llegado el caso, a descifrar el presente.
Esa escena que describe de pesarse y mirarse al espejo con la luz m�s cruel, �no es poco autocompasiva? �Para qu� le sirve?
Desaf�o a cualquier mujer en esto: el duelo por la p�rdida de la belleza es una experiencia com�n. Un minuto frente al espejo y luego te lo echas todo a las espaldas. Pero ese minuto existe... �por qu� negarlo? Todo cambio real y profundo s�lo es posible si uno es completamente sincero. En Palabras Mayores no me excluyo, no me pongo por encima de las dem�s, admito mis propias fragilidades. Pero tambi�n se�alo el camino para superarlas. �Nada de autocompasi�n, m�s bien autoiron�a!
Hay mujeres que no se maquillan, ni se ponen a dieta, ni se ti�en el pelo y tampoco se depilan. Otras, aun creyendo que son acciones muy oportunas, no podemos romper las normas estructurales y no vemos en ello hermosura o naturalidad, sino fealdad y defecto. Por eso, queremos ser activistas, pero no podemos porque sufrimos demasiado. �C�mo gestiona usted en s� misma el paso del tiempo, con disimulo y coqueter�a o con la cara lavada?
S� que soy, como todas las dem�s, v�ctima de una cultura patriarcal en la que las mujeres son —y deben ser— objetos del deseo ajeno y no sujetos del propio. Las m�s d�biles intentan congelar la juventud con cirug�a est�tica y pierden, porque no puedes quedarte joven aunque lo parezca. Algunas lo convierten en una enfermedad y caen en depresi�n. Yo creo que, si no te averg�enzas de no ser ya la chica guapa que eras, puedes encarnar modelos de atractivo que no quedan en entredicho por las arrugas o por alg�n kilo de m�s. �Vello y ra�ces visibles? No creo que el descuido sea una se�al de libertad interior, sino una rendici�n ante quienes nos quieren infelices por culpa de la edad —pr�cticamente la mirada del "enemigo"—. Yo llevo el pelo corto, pero rubio. Cuido mi piel pero sin cortarla. Nunca he hecho un d�a de dieta en mi vida, pero corro un d�a s� y otro no, al menos 5 kil�metros (53 kilos para un metro sesenta y dos).
NED EDICIONES
�Utiliza la palabra "vieja"?
S�, uso la palabra vieja. Para las m�s sensibles he propuesto Grandes Adultas. Soy vieja en el sentido de que no soy nueva. Y eso me parece bien. Prefiero las antig�edades a los mueblecitos de IKEA.
�Cu�les son las mayores diferencias entre los viejos y las viejas?
Los viejos miran a las mujeres —e incluso a las chicas j�venes— con una mirada m�s ben�vola. A los hombres se les permite envejecer tranquilos porque no son s�lo cuerpos, no son meros objetos; nadie espera que est�n frescos como la lechuga. Pueden alcanzar un atractivo atemporal a trav�s de la inteligencia, la riqueza, el poder, el talento, el sentido del humor— todos objetivos sobre los que se puede trabajar y que se pueden alcanzar. S�lo nosotras las mujeres estamos clavadas a lo imposible: j�venes y guapas para siempre. �Y qui�n lo consigue? Y adem�s, sobre todo: �qu� aburrimiento!
H�bleme de qu� le parecen las residencias. �C�mo son y c�mo deber�an ser?
Las residencias de ancianos son aparcamientos a la espera de la muerte —as� las llamaba mi padre: SAD (Sala de Espera para la Muerte). No deber�an existir. Los mayores de 65 a�os en Italia son casi 15 millones [en Espa�a 10.178.625, seg�n el INE]. Una mayor�a. Una fuerza, pero tambi�n una debilidad. �Por qu� la pol�tica no imagina soluciones alternativas? Desde el cohousing hasta la inversi�n de dinero p�blico para pagar cuidadores que permitan tambi�n a quienes tienen menos recursos quedarse en su casa, con ayuda.
Joan Manuel Serrat tiene 82 a�os. El otro d�a dec�a que los viejos interesan menos porque gastan poco. �Existimos en sociedad en funci�n de nuestra capacidad de consumo?
En cambio, en Estados Unidos los mayores de 55 representan el 70% de la riqueza. Italia es el segundo pa�s m�s envejecido del mundo despu�s de Jap�n. En mi generaci�n, los hijos casi siempre superaban a los padres en bienestar o nivel de estudios. Con el trabajo se compraba una casa. Hoy los hijos y nietos viven de alquiler, precarios o subempleados, y s�lo tendr�n casa cuando muera la abuela...
H�bleme del deseo sexual en la vejez, por qu� se oculta y por qu�, incluso, parece hasta ofensivo.
La vejez es una parte de la vida, no es un agujero negro homogeneizador del que emerge un batall�n de brujas todas iguales. Cada una de nosotras sigue siendo como era, solo que con menos futuro y m�s pasado. Por ejemplo: tengo una amiga querida desde hace 40 a�os. Cuando �ramos dos treinta�eras razonablemente guapas, ella siempre estaba enamorada y yo no. Seguimos igual. Ella, pese a la edad, contin�a coleccionando parejas o ancianos pretendientes, y yo no. Si el sexo era muy importante en tu vida, sigue si�ndolo. Quiz�s se transforma, pero no desaparece. Yo disfrutaba inventando historias (32 novelas en mi haber), ella vivi�ndolas. El hecho de que una vieja tenga relaciones sexuales se considera escandaloso por quienes desprecian la vejez. Todos deber�an grabarse a fuego que la �nica manera de detener el tiempo es morir. �Morir joven para no envejecer? No me parece una buena idea.
En Espa�a hay un programa de televisi�n donde las personas mayores acuden a buscar pareja. El presentador, Juan y Medio, dijo recientemente que hay hijos que amenazan a sus madres con impedir ver a sus nietos si acuden. �l dec�a que muchos quieren a sus madres disponibles para que ejerzan de abuelas y les cuiden a sus ni�os y que las consideran "locas" por querer ir a un programa como ese. �C�mo contestar�a usted si se viese en esa situaci�n?
Si tuviera hijos tan ego�stas, conformistas, est�pidos y violentos me preguntar�a en qu� me equivoqu�.
�Cu�l es el lugar que a su juicio deber�a ocupar la vejez en la esfera pol�tica?
Los viejos somos, en Italia, una mayor�a —lo �ramos cuando nacimos (baby boomers)— y lo seguimos siendo. Los jubilados son m�s numerosos que los trabajadores. Se llega al final de la vida en buenas condiciones f�sicas y mentales. �Por qu� desperdiciar este recurso extraordinario —el saber acumulado a lo largo de los a�os— en un reposo forzado? Si dej�ramos de avergonzarnos de la edad podr�amos construir una sociedad donde hubiera lugar para todos, donde las generaciones se comunicaran entre s�, intercambiando datos y experiencias... pero todav�a estamos lejos de eso.
Cu�nteme alguna situaci�n personal en la que usted se haya visto discriminada o que su presencia o discurso haya sorprendido a otras personas.
Cuando nac�, mi madre me dijo: "Te llamamos OK por las iniciales de Ogino-Knaus, el m�todo que us�bamos para no tenerte... ya que quisiste nacer a toda costa, al menos podr�as haber sido un ni�o..." Toda la vida me sent� alguien que hab�a decepcionado a su madre. En aquella �poca se dec�a: enhorabuena y que sean varones. Lo cuento en el ensayo que escrib� despu�s de Palabras Mayores: se titula Quer�a ser un hombre.
En el Festival de Coachella actu� Madonna. Muchos la mandaban ofensivamente al asilo, pero nadie mandar�a a los Rolling Stones all� y eso que le sacan m�s de 20 a�os a ella. �El edadismo y el machismo se encuentran?
El edadismo es el triunfo del machismo. Una sociedad hecha a medida de la mujer dar�a a todas el derecho a ser juzgadas no siempre y �nicamente por cu�nto les gustan o no les gustan a los hombres. En la cultura patriarcal, las mujeres somos primero ornamentales, luego f�rtiles y finalmente fantasmas.