Ministra, presidenta de Madrid, descubridora de Ayuso, Almeida y Abascal y fuerza incontrolable hasta para el PP. Pide que Sánchez dimita como hizo ella y reivindica ser de derechas: "Está proscrita en España y eso es lo que me pone"

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Ningún taxi acepta recoger a Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) en su casa del centro en los días de alarmismo circulatorio por la visita del Papa, así que acabo yendo a buscarla con cierta vergüenza porque, para qué mentir, tengo el coche con más ADN de paloma que de humano, no conozco a la ex ministra y presidenta de la Comunidad de Madrid y, aristócrata como es, auguro una mueca de asco. "Anda, eres de los míos, usas el coche como trastero", suelta al subirse, antes de comentarme que tengo que cambiar la foto de WhatsApp porque no es seria. No han transcurrido tres minutos y he confirmado algo que me habían dicho conocidos comunes y no acababa de creer: más allá de cualquier otra consideración, Aguirre es llamativamente simpática.
- Empecemos por lo evidente. Has sido política en activo desde 1983 hasta 2017, ¿siempre os habéis llevado tan mal como ahora?
- Para nada. Hay una enorme diferencia en el ambiente entre los diferentes grupos políticos desde que llegué a la política, en el Ayuntamiento de Madrid siendo alcalde Enrique Tierno Galván, hasta ahora. A peor, claro. Yo he hecho grandes amigos en todos los partidos, no solamente en los míos. La relación era cordial y lo siguió siendo hasta hace bien poco. El enfrentamiento actual me tiene asustada. El pasado septiembre me invitaron al Debate del Estado de la Región en la Asamblea de Madrid y la actitud de la oposición me dio miedo y vergüenza. La portavoz del PSOE, Mar Espinar, con la que coincidí como concejalas siendo alcaldesa Manuela Carmena y era una persona muy tranquila, exhalaba un odio hacia Isabel Díaz Ayuso terrorífico y no digamos ya la de Más Madrid, Manuela Bergerot. Unos gestos, un tono… Horrible. Esto antes era impensable.
- ¿Cuándo crees que cambió todo?
- El punto de inflexión, sin ninguna duda, fue Zapatero, que resucitó el guerracivilismo con la Ley de Memoria Histórica, que se resumen en una frase: "Los buenos éramos nosotros y vosotros sois los malos". Y caló en la izquierda, el otro día la nueva portavoz de las Juventudes Socialistas [Aránzazu Figueroa], una señora que académicamente carece de currículum, dijo que nosotros, los de derechas, somos los herederos del franquismo y somos mala gente. Y se quedó tan ancha, la tía.
- ¿Te sientes heredera del franquismo?
- ¿Cómo me voy a sentir yo heredera del franquismo si creo y he participado en la democracia desde el principio? Pero eso no quita que diga que Franco hizo cosas bien, por ejemplo, la vivienda, que mira el problemón que es ahora. ¡Pero yo qué voy a ser franquista! En absoluto. Cuando nací, vivía Franco y cuando se murió, tenía 22 años y me acababa de casar. Viví bien con Franco, es cierto, aunque éramos una familia menos acomodada de lo que se dice, mi padre era abogado, pero éramos ocho hermanos y eso hay que alimentarlo, pero eso no quiere decir que sea franquista.
- ¿Cómo viviste el final de la dictadura?
- En los 70 yo era una persona cero política. Viví la Facultad de Derecho de la Complutense cuando entraban los grises, pero lo veía como algo normal. Aquello no nos sorprendía en absoluto, me fastidiaba porque no me dejaban estudiar, pero a mí no me pegaban. Yo quería hacer Químicas, pero una vecina dos años mayor me desanimó diciéndome que era muy difícil y que mejor hiciera Derecho, que se podían sacar muy buenas notas. Le hice caso y, efectivamente, me encantó y saqué nueve matrículas de honor. Entonces, yo estaba en eso, en estudiar mucho. Además, al mismo tiempo conocí al que luego sería mi marido y esas eran las cosas que me interesaban. No me importaba nada la política.
- ¿Pero celebraste el cambio?
- Celebré la llegada del Rey, eso sí. Me pareció que era muy importante para España porque he sido siempre muy probritánica y creo que la monarquía aporta estabilidad y es motivo de que los de diferentes ideas políticas podamos estar de acuerdo en algo.
- ¿De dónde te viene esa anglofilia?
- Mi abuela materna se empeñó en que las tres nietas mayores, los chicos llegaron más tarde, debíamos de aprender inglés y nos llevaron a todas al Instituto Británico de Madrid. Lo aprendí sin ningún esfuerzo, porque si lo hablas desde los cinco o seis años no necesitas ni estudiar gramática, y por eso cuando llegué a la Comunidad de Madrid me empeñé en hacer la enseñanza bilingüe: no hay que enseñar inglés sino que hay que enseñar en inglés. Me emociona todavía ver a muchos niños en zonas poco favorecidas, que no pueden estudiar en Inglaterra ni en el Instituto Británico, hablar inglés.
- ¿En qué momento esa universitaria apolítica cambia y acaba metida en la política profesional?
- Acabé la carrera y preparé unas oposiciones también por casualidad, porque todo en la vida me pasa por casualidad. En un ascensor me encontré a un primo de mi marido que me dijo que sacaban unas plazas de técnico de Información y Turismo que eran difíciles porque exigían dos idiomas. Yo también sabía francés, así que allá que me fui y las saqué en un año. Franco se murió en medio de las oposiciones y me vino Dios a ver con eso porque los tres días de luto oficial me sirvieron para preparar mejor el examen. Me destinaron al Ministerio de Turismo, pero luego me fueron moviendo de un ministerio a otro y en una de esas, no me acuerdo cómo ni por qué, empecé a frecuentar el Club Liberal de Madrid, cuyo presidente era el que desde entonces ha sido mi maestro, Pedro Schwartz.
- ¿Acabaste allí por casualidad?
- Pues un poco sí. ¿Qué te he dicho?
- Que todo te pasa por casualidad.
- Exacto. Así que, de golpe, estoy en aquel club en un momento, los primeros 80, en que todo el mundo era socialista. Fíjate en el resultado del PSOE en las elecciones del 82, que saca 202 diputados. A mí es que siempre me ha gustado más ir a la contra. Además no fue solo el Club Liberal, también era mi marido, que estaba preparando otras oposiciones y a casa llegaban ‘The Economist’ y otras revistas extranjeras, yo las leía y ahí descubrí a la señora Margaret Thatcher y a Ronald Reagan. Ellos dos han sido y siguen siendo mis modelos ideológicos. Políticamente, admiro quizá más a Churchill, pero en cuanto a ideas, ellos dos.
- Intuyo que la Movida la viviste lo justo.
- Bueno, bueno… Mis hermanos eran los reyes de la Movida y en mi casa todos estaban metidos en ella. Mis hermanos pequeños tenían un grupo, Bajas pasiones, que tocaba con Alaska y los Pegamoides y Ouka Leele era mi prima. A la inauguración de su primera exposición, que se llamaba ‘Tocados’, ella llevó en la cabeza un cochinillo de los de Cándido con unas bombillas en los ojos que le había hecho mi hermano José, que su nombre artístico es Jaelius.
- ¿Y tú no salías ni un poquito?
- Nada, ya era concejal del Ayuntamiento con Unión Liberal. Un día fui a ver un concierto de Alaska y mis hermanos en el parque del Oeste y se puso a diluviar. Fue un desastre.
- ¿Cómo era ser de derechas en ese momento que casi todos los jóvenes parecían ser de izquierdas?
- Eso, eso, parecía, porque luego mira como Alaska y muchos más no lo eran. Mis hermanos eran muy progres, se fueron a vivir a una buhardilla y aparecían por casa con una bandera republicana y luego entraron en razón. Mira, Tierno era mi alcalde, porque en esa época no se había cambiado aún la ley y en la Comisión de Gobierno de los Ayuntamientos estábamos también concejales de la oposición, y las cosas que hacía podían no gustarme, pero no las iba a decir en público porque había una responsabilidad institucional que se ha perdido.
- ¿Qué tal te llevabas con él?
- Era una España feliz y Tierno era el Papá Noel de esa felicidad, el abuelo de todos, pero decía barbaridades como aquello de animar a la gente a que se colocara. Recuerdo dos anécdotas con él. El presidente de mi partido era Fernando Chueca Goitia, un arquitecto muy famoso que había hecho la catedral de la Almudena. Me dijo que las obras llevaban muchos años paradas y había que terminarlas, así que le pregunté al alcalde por qué no se hacía y me contestó: "Porque no quiere el obispo". Vamos, que no le daba la gana. Y la otra fue en su último verano antes de morir que, volví morena de vacaciones, y me dijo: "¿Señora, me permite que le diga que viene usted muy guapa de este verano?". En las formas no estaba él en la Movida [risas].
- En aquel ambiente, ¿nunca tonteaste con la izquierda, que era lo que se llevaba?
- Nunca, nunca, nunca. Me metí en el mundo liberal con todas las consecuencias y jamás he titubeado. Mira, la derecha estaba proscrita en España en los 80 y sigue estando proscrita ahora.
- ¿Cómo va a estar proscrita la ideología más votada?
- Lo está socialmente y en cuanto a imagen. Está mal vista y se la puede insultar sin miedo, pero es que a mí eso es lo que me pone. Siempre me ha gustado la oposición, es mucho más divertida que mandar. Sólo entras en aquellos asuntos que te interesan y no te están persiguiendo todo el rato por un idiota de tu partido que ha metido la pata. De hecho, tengo una anécdota sobre eso. Yo dimito como presidenta de la Comunidad de Madrid en 2012, después de superar el cáncer y de haber arrasado en las elecciones de 2011. El PP ya había ganado las generales con Rajoy, desgraciadamente…

- ¿Desgraciadamente?
- Sí, porque ganó para incumplir el programa electoral, que era magnífico. Íbamos a derogar la Ley de Memoria Histórica, a cambiar la ley electoral y a bajar los impuestos y no se hizo nada de eso. Es más, salió Montoro y subió los impuestos más de lo que proponía Izquierda Unida. El caso es que dimito, me voy a una empresa privada que me ficha un señor catalán al que no conocía de nada, estoy allí tan feliz y me llama el partido para que vuelva y me presente a la alcaldía en 2015. Acepté si hacía yo la lista, que intentaron que no, y ¿sabes a quién llamé? yo hago la lista. Claro que yo era la presidenta del partido, Me pretenden decir que no, pero pues fenomenal poner a otro. Entonces llamé a nuestro actual alcalde, que ya había estado conmigo como director general del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, para que volviera a la política y él no lo veía nada claro. Le dije: "Pepito, te advierto que es muy posible que estemos en la oposición a Carmena porque el PP no hace más que tonterías, pero sólo te digo una cosa, yo he estado en los dos lados y nunca te vas a divertir tanto". Aceptó y mira todo lo que se ha divertido desde entonces.
- Eres la descubridora tanto de José Luis Martínez-Almeida como de Isabel Díaz Ayuso.
- A Almeida lo fiché en 2007 porque Alberto Ruiz Gallardón, en otra de sus ideas brillantes, quería talar todos los plátanos del Paseo del Prado. Entonces, llamé a la baronesa Thyssen para que se encadenara a un árbol, cosa que yo ya había hecho en el Paseo de Las Acacias siendo concejal, y busqué un buen jurista. Me recomendaron a un chico joven, abogado del Estado con plaza en Gerona, que quería volver a Madrid porque sus padres estaban mayores. Dije que viniera ese mismo jueves a verme, porque el viernes me iba a un viaje oficial a Perú, y me responden que no puede. Y yo: "¿Pero qué le pasa? ¿No tiene tantas ganas de volver? ¿No puede a ninguna hora?". Resulta que tenía un campeonato de golf y no pensaba perdérselo. Eso me convenció y le dije a mi jefe de Gabinete que lo atendiera él cuando pudiera y lo fichara [risas].
- Prioridades claras.
- Con el golf no se bromea. Luego lo fui ascendiendo porque es muy inteligente. También soy responsable de su matrimonio, porque le pedí que fuera a Flecha, la exposición de arte que organiza mi hermano José, que cumplía 30 años. No podía ir a la inauguración, pero sí a entregarle un premio que le habían concedido y la gala era en el Arturo Soria Plaza, que lo había comprado la empresa en la que trabajaba Teresa Urquijo. Allí se conocieron. A Teresa le gustaba de toda la vida el alcalde parece ser. Mira qué cosas.
- Pero tu debilidad es Isabel Díaz Ayuso.
- Soy ayuser a muerte. Es la mejor presidenta que ha tenido la Comunidad de Madrid, mucho mejor que yo porque con el 55% que saqué es muy fácil gobernar.
- Siguen recordándole cada poco tiempo que fue la community manager de tu perro, Pecas.
- Vamos a ver, llevar la cuenta del perro Pecas es un honor grandísimo y una genialidad estratégica. Isabel se enteró de que tanto en Downing Street como la Casa Blanca tenían una cuenta en Twitter de la mascota del presidente y decidió hacerlo con la mía. Me pareció sensacional porque todo lo que no podía poner en mi boca lo ponía en boca del pobre Pecas, que luego lo atropellaron. Eran una maravilla tanto el perro como la cuenta. Fue una idea de 10.
- Has dicho antes que la Ley de Memoria Histórica resucitó el guerracivilismo, ¿no debería ser al revés? Es decir, ¿no deberían estar izquierda y derecha de acuerdo en no esconder debajo de la alfombra el pasado y afrontarlo a la manera de, por ejemplo, Alemania?
- Las dictaduras se asumen, se reconocen y se pide perdón por ellas siempre que sean de derechas. ¿Tú has visto lo que pasa con las dictaduras de izquierdas? ¿Has visto a Rusia pedir perdón por las estatuas de Lenin? La derecha española sí ha afrontado el franquismo. Vamos a ver, claro que estuvo mal. Creo que los hechos vergonzosos, y también los heroicos, que tuvieron lugar en ambos bandos se cometieron creyendo que eran por el bien de España. De hecho, yo le di una calle a Indalecio Prieto. Lo que también creo es que hay que distinguir entre quienes, después, se arrepintieron de las barbaridades dichas y quienes no lo hicieron, como Largo Caballero, por ejemplo. La Ley de Memoria Histórica y la de Memoria Democrática lo que hacen es dividirnos en buenos y malos. Los buenos son todos ellos y los malos somos todos nosotros. Ahora, no sólo hace 80 años. Eso es lo que han vendido Zapatero y Sánchez y la izquierda ha comprado.
- ¿Estamos abocados, pues, a esa división?
- Ahora mismo, sin duda. Es que el modelo de Pedro Sánchez es Largo Caballero, lo ha dicho él un montón de veces. Y Zapatero resucitó el guerracivilismo a sabiendas. En ese momento no había dos Españas, había una, pero él se lo dijo a Iñaki Gabilondo: "Nos conviene la tensión". No había ninguna y la forzaron. He tenido de adversarios políticos a Rafael Simancas, a Tomás Gómez, a Juan Barranco, a muchísimos socialistas, y de todos ellos soy amiga. ¿Te imaginas algo así hoy? Imposible, no quieren, prefieren pintarnos como el demonio porque les da votos.
- Fuiste a Zapatero lo que Ayuso es a Sánchez, presidentes de la CAM y del Gobierno en bandos opuestos. ¿Cómo te llevabas con él?
- Bien. Zapatero es muy amable en lo personal. Mucho. Me llevé bien con él a pesar de que para mí toma tres decisiones terroríficas según llega después de los atentados de Atocha: retirar de manera impresentable las tropas de Irak, porque es mentira que estuviéramos en la guerra sino que habíamos ido a la reconstrucción; derogar el trasvase del Ebro del Plan Hidrológico Nacional, y, para mí la peor porque he sido ministra de Educación, suspender la entrada en vigor de la Ley de Calidad de la Educación para quitar la C de calidad. Las tres cosas me parecieron un disparate y las hizo por decreto. Estoy en contra de sus ideas y de sus decisiones, pero Zapatero era una persona con la que siempre podías hablar. Las relaciones personales hay que salvarlas, para mi gusto, siempre, por eso me da rabia ver cómo trata Sánchez ahora a Ayuso, cuando en su día visitó la Puerta del Sol y tenían una relación cordial.

- ¿No son tal para cual? Los ataques son bidireccionales.
- ¿Pero cómo puedes decir eso? Díaz Ayuso no miente y éste otro no hace más que mentir. ¡Todo son mentiras, pero todo! Isabel no sólo no miente sino que dos años antes de que se supiera lo de la cloaca socialista, cuando se retira Sánchez a decidir si le compensa quedarse y mete por medio al Rey, puso un tuit avisando de que desde el día siguiente Pedro se iba a dedicar a perseguir a jueces, fiscales, policías y periodistas. Exactamente lo que hizo.
- En realidad, ni siquiera entraba en eso. te preguntaba por la confrontación y el tono de los ataques.
- Cada uno tenemos un tono. A mí me da igual el tono, me importa quién dice la verdad y quién miente. Es cierto que creo que esa confrontación entre políticos es mala para todos, pero en este caso siento que Isabel sólo se defiende de los ataques que recibe porque la han señalado como la enemiga más peligrosa y van a por ella.
- ¿Crees que el PP debería presentar una moción de censura contra Sánchez?
- A Sánchez hay que echarlo y hay que echarlo ya. Tiene que haber cuatro hombres o mujeres justos entre los diputados socialistas que entiendan que es por el bien de España. Si tuviera dignidad, tendría que presentar una moción de confianza sabiendo que ahora mismo no puede salir a la calle, que ha tenido que inaugurar la estación de Chamartín por la noche, él solito con Puente y la policía para que no entrara nadie. Estoy en contra de que el PP presente la moción de censura ahora porque hay que centrarse y no desviar el foco de los disparates del Partido Socialista, pero sí creo que habría que hacerla este verano y para eso te tienen que apoyar esos cuatro socialistas justos aunque Susana Díaz me diga que eso es transfuguismo.
- La sombra del tamayazo te persigue.
- ¿Pero qué tamayazo? [Eduardo] Tamayo y la otra [María Teresa Sáez] se ausentaron de la votación de la mesa de la Asamblea, no de la investidura de Rafa Simancas a la que sí acudieron, pero como los echaron del partido, se abstuvieron y hubo que repetir las elecciones. Yo no sabía nada de todo aquello, no conocía a ninguno. El PP ni les pagó ni tuvo nada que ver. Fue una guerra interna de ellos porque los renovadores por la base no querían que le dieran la Consejería de Urbanismo ni la de Educación a Izquierda Unida. Eso lo han contado ellos mismos. Lo que hicieron fue llevarse a Simancas por delante, no es que quisieran que gobernara yo, pero llevaron a comer a Rafa con Zapatero y con Rubalcaba y decidieron decir que era una trama inmobiliaria del PP de Madrid. ¿La trama inmobiliaria dónde está?
- El PP acusa a Sánchez de que es imposible que un colaborador tan próximo como Cerdán o Ábalos forme presuntamente parte de una trama corrupta y tú no te enteres. A ti te pasó con Francisco Granados y con Ignacio González.
- Lo de Granados es en una etapa que ya no estaba conmigo. En cuanto a González, hay dos cosas fundamentales. La primera, yo soy de las que dimite cuando un juez detiene y lleva a la cárcel a mi mano derecha. Lo hice como presidenta del PP de Madrid en 2016 y de todos mis cargos en 2017. Luego, eso sí, yo aún no creo que robase porque de momento no le han condenado. Le doy la presunción de inocencia igual que a Koldo, a Ábalos y a Zapatero. Han pasado nueve años y aún no se sabe de lo que le acusan. Es una vergüenza.
- ¿Por qué dimitiste entonces?
- Porque cuando un juez decreta prisión provisional, que es una medida absolutamente extraordinaria, para un tipo que ha sido presidente de la Comunidad de Madrid, tiene que tener unos indicios muy claros. No meten en la cárcel a cualquiera. Lloré cuando lo supe porque sabía que tenía una responsabilidad in vigilando y tenía que dimitir sí o sí. Eso es lo que le achaco a Sánchez. No entro en si sabía o no sabía, pero esa responsabilidad la tiene igual que la tuve yo y yo me fui. Él ni se lo plantea. Por cierto, yo dimito porque es en lo que creo, no por lo que digan o dejen de decir de mí. Me importa exactamente un bledo lo que opinen ciertos medios de mí. Llevo a gala haber tenido 65 portadas de ‘El País’ en mi contra. Tan contenta. Vaya peso tendrían esas portadas cuando yo ganaba con un 55% de votos, que ahora algunos presumen de haber ganado las autonómicas con el 42% y me da la risa.
- Para rematar con Zapatero, que antes lo dejamos en el aire, ¿te ha sorprendido verle implicado en algo así?
- La verdad es que sí. Me ha sorprendido mucho de él y de Mercedes González, que ha sido compañera mía en el Ayuntamiento con Carmena y nunca se me habría pasado por la cabeza ver su nombre metido en un asunto así. Presuntamente, insisto. Presunción de inocencia para todos, pero también para los jueces, los fiscales, los policías y la Guardia Civil. La mayor vergüenza de lo que está pasando es que haya tenido que entrar la UCO en la Comandancia de la Guardia Civil por haber expedientado a los que investigaban al PSOE.
- En los 90, como ministra de Educación y Cultura de José María Aznar, te conviertes en una figura pop a raíz de tus tiras y afloja con Pablo Carbonell y compañía en ‘Caiga quien caiga’.
- Yo era la ministra más atacada, pero tuve la inmensa suerte de que alguien que me odia, como el Gran Wyoming, decidió salvarme y me hizo famosa en España entera. Se lo digo siempre, que sin él seguramente no hubiera tenido la carrera que tuve después. Venían a por mí, se metían conmigo y yo me ponía las gafas y les respondía porque tengo mucho sentido del humor. Me divertía aquello.
- ¿Cambió la imagen que se tenía de ti?
- Totalmente. Me pintaban como una inútil que Aznar había colocado allí porque sí y que no sabía nada de política pese a que llevaba desde los 80 en la política madrileña y en diferentes ministerios. No tenía falta de experiencia, pero los medios y la oposición decidieron que era la tonta. La rubia tonta pija de derechas. El cliché. Era machismo puro, que luego venden que sólo hay machistas de derechas.
- ¿Te molestaba?
- No me gustaba, pero tampoco me afectaba. Yo me debía a Aznar, al que he tenido siempre una reverencia muy especial. Me impresionaba y me sigue impresionando. Impone muchísimo. En la primera legislatura respondí como ministra y cuando me llama para decirme que tengo que dejar el Ministerio para ser presidenta del Senado, fue un honor. Por cierto, en el Senado tuve una relación estupenda con los demás partidos. Los del PNV, me llamaban Espetxu y me votaron para la presidencia.
- Fuiste la primera mujer en presidir el Senado. ¿Te consideras feminista?
- Soy una pionera: la primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, la primera ministra de Educación, la primera presidenta del Senado y la primera presidenta autonómica elegida en las urnas. No es que me considere feminista, es que lo soy. Lo soy porque creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Las que no lo son, son las que quitan a los hombres la presunción de inocencia rompiendo esa igualdad, las que gritan "hermana, yo sí te creo", pero si el acosador es de Podemos, ya no te creen tanto. En fin, mira, sobre lo que me preguntabas de si me dolía lo que se decía de mí, lo cierto es que no. Me daba igual porque venía de la izquierda. En la derecha tampoco es que me apoyaran, pero al menos no se metían conmigo.
- La victoria del PP en las generales del 96 fue la primera de la derecha en esta democracia ¿Cómo vivisteis ese cambio tras cuatro triunfos del PSOE?
- Fue muy impresionante, pero fue un milagro. Ten en cuenta que sólo sacamos 300.000 votos más que Felipe González, pese a que ya existía bastante descontento con él por los casos de corrupción. Luego dijo que le había faltado una semana de campaña para volver a ganar y probablemente fuera verdad. Si Felipe hubiera sido como Sánchez, no habríamos gobernado jamás porque tenía a Julio Anguita con 2 millones de votos y, si hubiera estado dispuesto a todo por seguir gobernando, seguramente habría podido encontrar un pacto para ello, pero asumió su derrota.
- ¿Estamos abocados a la corrupción los dos grandes partidos de este país?
- Corrupción hay en todas partes, en todas las empresas y en todos los partidos, lo importante es qué se hace cuando se descubre. Yo he dimitido tres veces, una por el cáncer y otras dos porque descubrí que había indicios de corrupción en mi equipo. El otro día, después de que la UCO entrase en Ferraz, Sánchez soltó que cuando la Policía entra en la sede del PP nadie dice nada. Coño, cuando entró la Guardia Civil en la sede del PP de Madrid, siendo yo presidenta, di una rueda de prensa para anunciar mi dimisión justo por eso, pese a que nunca había llevado nada de las cuentas. No pido a Sánchez que no haya corrupción en su PSOE, sino que sea coherente y asuma su responsabilidad.
- ¿Es Alberto Núñez Feijóo el hombre idóneo para liderar España?
- Es el hombre que tenemos ahora y, por lo tanto, yo le voy a apoyar con todas mis fuerzas. No es liberal, eso es cierto, pero creo que se está haciendo pese a que los liberales pesamos muy poquito en el actual PP y los que le rodean no lo son. A mí me gusta [Miguel] Tellado, fíjate.
- ¿Y Vox te gusta? Santiago Abascal también fue cachorro tuyo.
- Me gusta Santi personalmente, pero en Vox también hay cada día menos liberales. De todos modos, ¿por qué se habla de la extrema derecha todo el rato y no de la extrema izquierda? Se normaliza que en el gobierno haya comunistas que reconocen ser comunistas, un sistema que ha llevado la miseria, la pobreza y la corrupción a todos los lugares donde han estado. En cambio, si eres de derechas es que eres nazi, aunque no seas de extrema derecha ni por asomo. Te llaman nazi con una soltura... La Unión Europea acordó hace dos años que ningún partido europeo debía alabar ni de los nazis ni de los comunistas, pero luego lo segundo se lo toman a broma
- De nuevo estamos hablando en términos de una España partida en dos. ¿Hay una solución a esta división?
- Por supuesto que hay una solución y pasa por cambiar de Gobierno. Al principio, la izquierda empezará por hacer toda clase de manifestaciones. Si lo que se está descubriendo ahora del Partido Socialista fuera del Partido Popular, las calles estarían incendiadas y eso es lo que van a hacer cuando pierdan las elecciones. Estoy absolutamente convencida, pero también se lo han hecho a Milei y Milei sigue triunfando. Hay que hacer lo que ha hecho él en Argentina, permitir las manifestaciones, pero prohibir que corten la circulación. Usted manifiéstese, pero por la acera.
- No sé, lo que planteas no parece precisamente el fin de la confrontación.
- En un principio, el ambiente va a empeorar, pero cuando se calme la cosa y se permita gobernar desde el respeto a las instituciones y para todos los ciudadanos, poco a poco volveremos a lo que fuimos con cualquiera de los presidentes anteriores. Un país democrático y dialogante. Mira, mi última experiencia fue como oposición a Manuela Carmena. A ella no le gusta nada de lo que yo digo y a mí no me gusta nada de lo que dice ella, pero siempre nos hemos respetado como personas. Eso es lo único que pido y estoy segura de que lo recuperaremos.






















