

























Cuando Fernando de Magallanes lleg� a Ceb� en abril de 1521, plant� una gran cruz envuelta en bamb� y ca�a. Con ese gesto, el navegante marcaba la toma de posesi�n de la isla en nombre de la Corona espa�ola y el inicio del cristianismo en un territorio que acabar�a convirti�ndose en el pa�s con mayor poblaci�n cat�lica de Asia. M�s de cinco siglos despu�s, aquella cruz -oscura, agrietada, todav�a con fragmentos de su madera original- se conserva en una peque�a capilla junto al Fuerte San Pedro, a escasos 300 metros de la Bas�lica del Santo Ni�o, la iglesia m�s antigua de Filipinas. All� acude cada semana Romeo Wagayan, conductor de jeepney desde hace dos d�cadas. "Vengo a rezar para que Dios me d� fuerza. Tuve que dejar mi trabajo por la subida del combustible", dice.
La cruz de Magallanes, testigo silente de la historia de Filipinas, ahora absorbe la angustia de los que luchan por sobrevivir a una crisis energ�tica que ya est� derrumbando la vida cotidiana de millones de filipinos. EL MUNDO viaja al pa�s que importa alrededor del 95% de su petr�leo de Oriente Pr�ximo, lo que lo convierte en el m�s vulnerable de Asia -y del mundo- ante el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Desde las calles de Ceb� hasta las tierras altas de la provincia monta�osa de Benguet, donde los agricultores miran con desesperaci�n sus campos, el aumento y la escasez de combustible golpea con dureza en cada eslab�n de esta fr�gil econom�a.

Un 'jeepney' recogiendo a pasajeros en una calle del centro de Ceb�.LUCAS DE LA CAL
Ceb� amanece bajo un sofocante calor. Es una ciudad ca�tica y h�meda donde viven m�s de dos millones y medio de personas. Miles de veh�culos atraviesan las avenidas congestionadas y los cl�xones se mezclan con el murmullo constante de los vendedores ambulantes. Las ruidosas motos zigzaguean entre los huecos del pavimento agrietado que hay entre las c�ntricas calles Col�n y Legaspi. Pero algo est� cambiando en el paisaje urbano: los coloridos jeepneys, como el que conduc�a Romeo y que estaban por todas partes, se han reducido m�s de la mitad.
Estos veh�culos, s�mbolo nacional, nacieron de las carrocer�as abandonadas por el ej�rcito estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial. Los filipinos las transformaron en coloridos minubuses, decorados con iconograf�a religiosa y telas en lugar de ventanas. "Mi jeepney era de alquiler. Lo devolv� porque ya perd�a dinero. Ganaba unos 1.000 pesos al d�a (cerca de 14 euros) pero el litro de di�sel super� los 100. Era insostenible", explica Romeo, que ahora echa una mano en un restaurante de pollo frito que lleva su prima.
A la sombra de un baniano de la avenida Borromeo, Manny Jefferson, otro conductor, cuenta su propia deriva. "Yo soy propietario, pero con el di�sel disparado tuve que elegir entre pagar el alquiler o repostar. Eleg� lo segundo. Ahora mi mujer y yo vivimos en el veh�culo".
Cuando los precios del di�sel alcanzaron los 150 pesos por litro (2,10 euros, uno de los mayores aumentos en todo el continente), muchos conductores de jeepney, taxis, mototaxis y tuktuks comenzaron a manifestarse y a hacer huelga por todo el archipi�lago. En Ceb�, las protestas llegaron hasta la casa del alcalde, Nestor Archival, que anunci� un subsidio de combustible que todav�a no ha llegado. En la casa de Archival tambi�n se presentaron decenas de agricultores de las zonas monta�osas para pedir que declarara el "estado de calamidad" en las aldeas, y as� poder reclamar m�s ayudas. Ellos afrontan una paradoja devastadora: producir cuesta m�s que vender.

Iglesia llena en Ceb� durante las fiestas del D�a de los TrabajadoresLUCAS DE LA CAL
"Estamos dejando que las verduras se pudran", explica Mateo Baluyot, agricultor de un pueblo al norte de Ceb� que vende cada noche coles y r�banos en un mercadillo a pocos metros de la cruz de Magallanes. "El precio del di�sel para las bombas de riego, los tractores y el transporte hasta los mercados ha subido tanto que muchas veces cuesta m�s mover la cosecha que lo que nos pagan por ella. Antes, un kilo de col nos dejaba unas ganancias m�nimas, pero ahora, con el aumento de combustible y fertilizantes, cada kilo nos genera p�rdidas. Es frustrante ver c�mo nuestro esfuerzo se desperdicia mientras los precios en la ciudad siguen sin reflejar el incremento de los costes reales de producci�n".
Esteban Lunas, otro agricultor, describe el efecto domin�: "El transporte cuesta el doble y los intermediarios pagan menos. Muchos agricultores ya no cosechan. No es solo el combustible: es la mano de obra, el embalaje, todo. La crisis amenaza nuestra supervivencia".
Mientras Mateo y Esteban reclaman m�s ayudas p�blicas para que sus cosechas no se pierdan en los campos, en el puerto de Ceb� los propietarios de las embarcaciones motoras sienten la misma presi�n. Arong Delara, que mantiene un peque�o barco de carga y transporte tur�stico, ha visto triplicarse sus costes. Su barco permanece m�s tiempo amarrado. "Ya no llegan ni turistas ni productos como antes", dice.

Manny Jefferson, conductor de jeepney, arreglando su veh�culo tras terminar la jornada .LUCAS DE LA CAL
Desde Ceb� se tardan dos horas en ferry hasta la isla de Bohol, famosa por sus playas paradis�acas, por albergar uno de los primates m�s peque�os del mundo (los tarseros) y por las "colinas de chocolate", m�s de 1.000 formaciones geol�gicas, en forma de conos y de hasta 120 metros de altura, que cambian de aspecto en cada estaci�n.
Aqu�, fuera de la burbuja del turismo -sobre todo chino en estos primeros d�as de mayo-, la belleza natural se convierte en un escenario donde una guerra lejana impacta tambi�n en la vida de agricultores y transportistas. "Notamos que hay menos turistas. Para ellos ahora es m�s caro venir", a�ade Randy, que trabaja para una empresa de buceo en un embarcadero al sur de la isla donde, a media ma�ana en pleno festivo, hay muchos m�s barcos parados de lo habitual. En la calles apenas se ven jeepney.
Los dramas que se est�n viviendo en Ceb� y Bohol se extienden por todo el pa�s. Filipinas fue en marzo la primera naci�n en declarar la emergencia energ�tica. A finales de abril, las reservas apenas cubr�an 52 d�as. El Gobierno de Ferdinand Marcos ha recurrido, como la mayor�a de pa�ses del Sudeste Asi�tico, a la compra de crudo ruso por primera vez en cinco a�os, aprovechando que EEUU suspendi� las sanciones a los env�os de petr�leo del r�gimen de Vladimir Putin. Las autoridades filipinas tambi�n han pedido "asistencia energ�tica" a China, que posee las mayores reservas estrat�gicas de petr�leo del mundo.

Pescadores en la isla de Bohol, Filipinas.LUCAS DE LA CAL
Un informe del Instituto Filipino de Estudios del Desarrollo advierte de que la crisis podr�a empujar a la pobreza a 3,1 millones de personas. En un pa�s donde m�s de uno de cada ocho habitantes ya es pobre, el alza del combustible no es solo un problema macroecon�mico: es una amenaza directa al tejido social.
En Manila, el arzobispo Jos� Advincula ha impulsado una iniciativa rompedora: recolectar aceite de cocina usado para transformarlo en biodi�sel. La propuesta busca generar un combustible local, m�s barato, accesible y limpio, capaz de reducir hasta un 80% las emisiones respecto al di�sel convencional. Las parroquias act�an como puntos de recogida. En Bacolod, en la regi�n de Visayas, las autoridades locales est�n colaborando con IF Green Technologies, una empresa especializada en tecnolog�as limpias, para convertir ese aceite en biocombustible mediante m�quinas de fermentaci�n, que luego venden a 35 pesos el litro (0,48 euros).
Filipinas se ha convertido en uno de los ejemplos m�s visibles del impacto de la guerra energ�tica fuera de Oriente Pr�ximo. Su dependencia del Golfo P�rsico la hace especialmente vulnerable en una regi�n donde las cadenas de suministro dependen cr�ticamente de los combustibles f�siles. Incluso antes del conflicto, Asia ya arrastraba un d�ficit energ�tico.

Ni�as de la isla de Bohol se dirigen a la iglesia el s�bado por la tarde.LUCAS DE LA CAL
Ahora, se ha desatado una tormenta catastr�fica en toda la regi�n: miles de vuelos cancelados, peque�as aerol�neas con p�rdidas millonarias, f�bricas paralizadas, productos b�sicos escaseando, cosechas detenidas por la falta de fertilizantes (atrapados tambi�n en Ormuz), empresas en quiebra, gobiernos endeud�ndose para contener la inflaci�n, y agencias de viajes, hoteles y restaurantes que enfrentan un desplome de sus negocios.
Las proyecciones m�s pesimistas de Naciones Unidas advierten de una posible crisis alimentaria antes de fin de a�o si el bloqueo de Ormuz persiste. Y esto podr�a conducir a grandes disturbios en muchos lugares. "Hay robos en gasolineras y asaltos a camiones cisterna", cuenta Wilfred, empleado de un hotel en Bohol que, por primera vez desde la pandemia, tiene habitaciones vac�as en pleno puente de mayo.
En Filipinas, el D�a de los Trabajadores se ha celebrado hist�ricamente, como en medio mundo, entre consignas y recuerdos de luchas obreras. Pero este a�o la jornada lleg� sin margen para la �pica. Las iglesias est�n llenas. Pero no hay plegaria que compense dep�sitos vac�os, cosechas perdidas o jornadas que ya no alcanzan para pagar un trayecto. En las calles de Ceb� o en los puertos de Bohol, el trabajo sigue ah�, pero ha dejado de ser una garant�a. Y mientras la cruz que plant� Magallanes contin�a en pie, cinco siglos despu�s, lo que empieza a tambalearse no es la fe, sino la vieja certeza de que trabajar basta para vivir.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。