
























Thiago, un crío de 13 años, madrileño, le pregunta a la dependienta de un chino:
—Amiga, ¿dónde hay amoniaco?
El chico, camiseta y zapatillas Jordan, bermuda vaquera, ha acudido a hacer un mandado para su padre, Juanito, un camello autorrecluido en casa. Hace casi cuatro años salió de prisión durante un permiso y ya no volvió a chirona. Perseguido por la justicia, se gana la vida vendiendo cocaína a farloperos de Madrid.
En la paranoia en la que habita, Juanito usa como cámara de seguridad un teléfono móvil que tiene colgado a la altura de la mirilla, por el interior de la puerta de su casa. La imagen que capta el terminal se reproduce en otro móvil que siempre tiene junto a la mesa donde gramea la mercancía que vende.
—Atrás, atrás... —dice la mujer a la que le ha preguntado Thiago, y señala en diagonal hacia una de las esquinas del negocio.
Al final, Thiago, que de camino al chino cuenta que tiene una medio novia colombiana —«casi algo», dice él— encuentra el producto químico que le ha encargado su papá. Delante del mostrador, entrega un euro a la dependienta china, sale a la calle, cambia de acera y se adentra en San Cristóbal de los Ángeles, un complejo de bloques del sur de Madrid en el que viven 17.000 vecinos y donde la mitad son extranjeros. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el barrio de Thiago es el cuarto más pobre de España.
El chaval, de camino a casa, según relata el periodista argentino Nahuel Gallotta en Biografía de un gramo. De la selva peruana a tu nariz (Libros del KO, a la venta desde este lunes 1 de junio), el chico se cruza con gitanos sentados en bancos, pasando el tiempo al aire libre, con drogadictos en busca de dinero para el próximo tiro por la nariz, con pisos de dominicanos desde los que suena bachata y cuelga ropa, y amiguitos de edad similar a la suya que juegan al fútbol en un espacio con un cartel que anuncia la prohibición de hacerlo.
Los chicos le dicen que se quede a jugar. Pero Thiago, resolutivo, explica que su papá le pidió un mandado y lo necesita en la casa.
Esa escena de Thiago yendo a comprar amoniaco al chino sirve a Nahuel Gallotta como arranque para su último libro. Este periodista, especializado en nota roja, o en policiales, como dice él, cuenta en Biografía de un gramo cómo es, desde sus entrañas, una de las rutas internacionales de la cocaína que llega hasta España.
El lector entenderá por qué aquí se consume la farlopa peruana y no la boliviana —esta última «es muy húmeda, en Europa no la quieren», le cuentan al autor del libro— cómo es posible que una prostituta colombiana venda, además de su cuerpo, gramos de coca en el night club de Vallecas en el que trabaja, o cómo, en boca de una fiscal que quiere anonimato, entre 2020 y 2021 se registraron 961 vuelos de avionetas cargadas de fardos que partieron desde una pista clandestina en el municipio de Cabezas, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), en dirección a Paraguay.

Portada de 'Biografía de un gramo. De la selva peruana a tu nariz', a la venta desde el 1 de junio de 2026.LIBROS DEL KO
Para escribir el libro, Gallotta viajó a Perú, Bolivia, Colombia, España o por su propio país, Argentina, para llevar de la mano al lector por esa misma ruta que él hizo para entender el negocio. «Si vos no estuviste en los tres países que son la fábrica de la cocaína, no puedes contar bien el negocio desde este lado del Atlántico», le dice Gallotta a Crónica, durante una entrevista mediante videollamada.
Que nadie espere grandes redadas ni persecuciones con metralletas. Gallotta relata, con bisturí de reportero minucioso, detallista, observador, un camino donde se entrelazan narcos con miedos o adictas a la coca con aspiración de desengancharse.
«Los dramas de los personajes que aparecen son lo que más va a sorprender al lector», afirma Nahuel Gallotta. «Uno me contaba que lleva avionetas, y que un día, a su abuela, que era adicta, la vio llegar a un piso donde se vendía cocaína mientras él estaba subido a un balcón, armado. Me interesaba acercarme un poco a sus vidas por fuera de la violencia. Siempre busco que el lector esté conmigo. Me parece fundamental. Siempre quise explotar ese perfil. Yo quiero que quien me lea, diga: "Esto lo ha escrito Nahuel"».
En la casa de Thiago, su padre, Juanito, sigue preparando bolsitas de cocaína. Por allí ya han pasado hoy —un sábado post Halloween de 2025— el carnicero, el taxista que conduce de madrugada o el albañil sudamericano que compra de lunes a sábado para poder laburar.
—Papi, ¿ve las bolsitas pequeñas? Las chiquiticas, por favor. Tráigame una.
Thiago, cuenta Nahuel Gallotta, quien fue testigo de esta otra escena, cumple una vez más. Desde su prisma privilegiado de periodista en el lugar de los hechos, el autor de Biografía de un gramo narra cómo Juanito, que nació en Cali (Colombia), utiliza una hoja como una canaleta o embudo para que la cocaína caiga y choque contra el fondo de la bolsita. El pedido está listo. Las dosis se preparan por encargo.
«Yo siempre fui un periodista de ladrones. Crecí escuchando historias de ladrones porque mi país, la Argentina, es eso. No es un país de narcos», afirma Gallotta. «Pero sin el trabajo previo en notas policiales, este libro no hubiera sido posible. Algunas fuentes me han llegado porque me leyeron en periódicos o en libros anteriores. Mi pretensión con este nuevo título es explicar hasta qué punto vos, como consumidor habitual de coca, te imaginás todo el trabajo previo que hay y que inconscientemente financiás. Ahora mismo hay contingentes de bolivianos caminando por un monte durante semanas para satisfacer a los chicos de una fiesta en Madrid o en Hamburgo».
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