Ciudad abierta
"Incluso despu�s de jugar con habilidad la baza del rechazo a Trump y el �no a la guerra�, el PSOE sigue ante un panorama en el que le resultar�a imposible reeditar una coalici�n de investidura"

Jos� Luis �balos, durante su declaraci�n en el Supremo.E. M.
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�Y si �balos no viene del pasado, sino del futuro? Pocas cosas convendr�an tanto al Gobierno como que la opini�n p�blica viese los esc�ndalos y las causas vinculadas al exministro como el eco de un tiempo anterior. Una etapa desagradable y dolorosa, s�, pero que a efectos pr�cticos concluy� con su cese en 2021. Algo parecido a lo que significa la Kitchen para el PP, obviando el peque�o detalle de que quien nombr� a Fern�ndez D�az fue desalojado del poder hace ocho a�os, mientras que quien nombr� a �balos sigue en la Moncloa. Lo deseable, en cualquier caso, ser�a que los votantes asociaran las noticias sobre el antiguo secretario de Organizaci�n del PSOE con una fase del proyecto sanchista que ya ha sido superada. Una fase inferior a la actual, cuando los adversarios del presidente no eran Trump y los tecnooligarcas, sino Susana D�az y Mariano Rajoy. Por suerte ahora los objetivos son m�s grandes. �C�mo iba nadie a dar la espalda al faro del progresismo global por su falta de ojo para elegir colaboradores hace mucho tiempo, en una Espa�a muy, muy lejana?
No necesit�bamos el juicio del caso mascarillas para saber que esto era imposible, que no habr�a manera de encerrar a �balos en el pasado. Para empezar, porque la figura de Cerd�n prolonga y aumenta todas las preguntas inc�modas que plantea este caso: qu� corruptelas se desarrollaron bajo la fachada del Gobierno de la ejemplaridad, qu� responsabilidad pol�tica tiene quien nombr� a estos personajes, etc. Sin embargo, sigue sorprendiendo hasta qu� punto el juicio en el Supremo no ha aludido �nicamente una etapa anterior, sino que tambi�n apunta hacia el futuro. En concreto, a las investigaciones sobre el dinero en efectivo que habr�a estado circulando en Ferraz, y a lo que pueda suponer la causa que permanece bajo secreto en la Audiencia Nacional. Incluso si solo fuera por eso -es decir: incluso si nos olvid�ramos de los otros esc�ndalos que salpican al Gobierno, desde los que implican a la mujer y el hermano del presidente hasta el de la fontanera Leire D�ez- ya dar�a la impresi�n de que el porvenir pol�tico de S�nchez es una carrera de relevos en forma de titulares da�inos; el tipo de horizonte que ning�n presidente querr�a afrontar.
A esto hay que a�adir la incapacidad de Moncloa para superar el desgaste que ha supuesto la corrupci�n. Este no es el �nico motivo por el que una mayor�a de ciudadanos parece haber dado la espalda al presidente -y seguramente pesa menos que cuestiones como la inmigraci�n, o la ineficacia ante problemas estructurales como la crisis de la vivienda- pero s� parece un lastre ante cualquier intento de revertir de forma duradera la impopularidad del Gobierno. Lo m�s llamativo de encuestas como la que public� este diario el lunes es que dan fe de lo insuficientes que resultan los �xitos pol�ticos de Moncloa. Incluso despu�s de jugar con habilidad la baza del rechazo a Trump y el �no a la guerra�, el PSOE sigue encontr�ndose ante un panorama en el que le resultar�a imposible reeditar una coalici�n de investidura. Lo -poco- que crece es a costa de aquellos partidos que necesitar�a para mantenerse en el poder: la pescadilla que se muerde la cola. El problema no es lo que ocurre cuando S�nchez fracasa en la b�squeda de temas que le puedan favorecer; el problema es lo que ocurre cuando tiene �xito. Y descubre que, al d�a siguiente, �balos sigue all�.

























