Fue cantante, es cineasta e impulsó la Fundación Aladina. Ha asistido, según sus cuentas, a 500 muertes «a pie de cama». Publica 'Si no crees en Dios, te doy su teléfono' (Aguilar), un libro testimonio sobre su comunicación divina

Paco Arango.

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- ¿Tuvo educación religiosa? ¿Fue a un colegio de curas?
- No. La política familiar era que, a partir de los ocho o nueve años, los hijos decidíamos libremente si seguíamos yendo a misa o no. Yo hice la Primera Comunión como todos y después fui el único de la casa que perseveró. No sé qué fue lo que me hizo diferente de mis hermanos. Mi padre, por ejemplo, era un ferviente ateo.
- ¿Y su madre?
- Era una mujer muy creyente no practicante. Dejó de ir a misa porque estaba muy en desacuerdo con la Iglesia. Lo que pasaba en la Iglesia con la mujer no le gustaba nada. Luego, con 85 años, aflojó y me pidió que la llevara a misa varias veces.
- ¿Y qué tal? ¿Le funcionó a sus padres esa falta de religiosidad?
- Hablar con mi padre de Dios era una invitación a acabar la tarde fatal, en una discusión terrible. Era tremendo. En los últimos años él también se relajó un poco y pudimos filosofear. Un día le pregunté: «Padre, no entiendo cómo será vivir sin fe. Tienes que tener mucha angustia cuando pienses que no hay nada al morir». Y él me dijo que estaba muy bien. «Lo único que me preocupa», me dijo, «es que lo pases tú mal pensando en lo que me espera cuando me muera por ateo». Le dije entonces: no te preocupes, que ya te estoy buscando abogado, hotel y suite para la próxima vida. Suite no, la cojosuite te tengo buscada.
- ¿Y con su madre?
- Con mi madre hablaba mucho de Dios y de lo que venía después de la muerte.Y de reencontrarnos.
- Una amiga creyente me contó una vez que las crisis de fe existen, que las asume y que son una parte valiosa de su religiosidad. ¿Tiene usted crisis de fe?
- R. Hay una frase de Carl Jung que escuché en una película en la que lo entrevistaban. Le preguntaban si creía en Dios y él contestaba: «Es muy difícil responder a esa pregunta. No creo, pero sé que existe». Es lo que me pasa a mí. Sé que existe Dios como sé que estoy hablando con usted. Así que no, no tengo crisis de fe. He presenciado muchos milagros y no me caben la crisis.He hablado con demasiados niños que han estado al borde de la muerte y que describen el mismo cielo. Y, ojo, porque lo que yo he visto no lo ha visto nadie. Si alguien podría maldecir a un creador que permite el sufrimiento soy yo.
- ¿Por qué no creemos? ¿Por qué hay gente inteligente y buena que no cree en Dios?
- Porque lo lógico es pensar que no existe lo que no vemos, oímos, ni tocamos. Pero hay un sexto sentido dentro de nosotros. El budismo y el hinduismo son más profundos en ese sentido. Nosotros somos un poco palurdos y por eso nos tuvieron que mandar a Jesús. Y, en el fondo, si lo piensa, tiene que ser así. No se puede nacer creyendo. Creemos porque decidimos creer, no porque sabemos. Un día le abrimos la puerta a Dios y Dios nos dice «aquí estoy».
- ¿No es un poco enrevesado?
- El libro no está dedicado a contar que yo creo en Dios.Eso es asunto mío. El libro está para decir que la comunicación con Dios existe. Si Dios existe, Dios tiene que ser comunicativo. O sea que si no cree usted en Dios, le doy su teléfono. Yo soy cristiano católico.Más cristiano que católico, en el fondo. Y mi libro no es religioso porque Dios es para todas las religiones. El mensaje es que quien quiera abrir la puerta, puede tener un encuentro con Dios. Su mayor regalo es que nos deja solos. Es tan respetuoso que usa las coincidencias para mantenerse en el anonimato.
- ¿Cómo vive la muerte de las personas a las que quiere?
- Cuando murió Lázaro, Jesús se dio una panzada a llorar. Pues yo igual, lo paso fatal. Lo que pasa es luego siento un confort distinto porque sé que los muertos se van a su sitio maravilloso del que no querrían volver si pudieran.
- ¿Piensa en su propia muerte?
- Woody Allen decía: «Yo quiero ser inmortal, no por mis obras sino no muriéndome». Yo pienso lo mismo, me pido ser el último. No quiero morir, tengo miedo a la muerte. Bueno, miedo no, porque tengo una fe inequívoca en lo que hay después. Pero el viaje me acojona. A mi madre le pasaba igual. Hay otra enseñanza de Jesús que me viene a la cabeza. Jesús dijo: «El que quiera salvar su vida, la perderá; todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará». Yo no entendía eso. Claro que quiero salvar mi vida. Cuando cruzo un semáforo espero a que esté en verde. Con el tiempo, creo que voy entendiendo. Si te dedicas a hacer el bien, si ayudas y te das, salvas tu vida. Si te aferras a lo que tienes, te pierdes. O sea que supongo que cuando me toque morir, estaré aterrado. Pero pensaré que he visto a mucha gente morir con serenidad.
- ¿Y la parte moral? ¿Ser buenos tiene que ver con comunicarse con Dios?
- Mire a la gente que escogió Jesús para estar con él: cabrones arrogantes, impostores... Podría ser yo uno de ellos. Tenemos un Dios benevolente. Si eliges el mal, te alejas de Dios. No es que Dios se aleje de ti, eres tú. Los que tenemos buen corazón y la fastidiamos... No pasa nada, no nos preocupemos.
- Vi una imagen de Donald Trump, rezando con su equipo. Pero, al otro lado, está Irán, que es una teocracia.
- Si echamos la cuenta a Dios por los hombres, Dios perderá. A Dios hay que echarle la cuenta por las mañanas preciosas y las flores.





















