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La sencillez es un arte demasiado complejo y que exige obligatoriamente pocos adverbios. Quiz� ninguno. M�s sencillo entonces: la sencillez es un arte complejo y sin adverbios. Se suele atribuir a Mark Twain la famosa cita "Perd�n por una carta tan larga; no tuve tiempo de escribir una corta" y Stephen King recomendaba eliminar de cualquier texto toda palabra que acabara en "mente" (en ingl�s "ly"). Por considerarlas innecesariamente superfluas. Es decir, por superfluas sin m�s. Fatherland, del polaco Pawel Pawlikowski, no solo milita en esa misma creencia, la de uno y la de otro, sino que hace de ella su raz�n de ser y estar en el mundo (de momento, solo en Cannes). La pel�cula completa, a su modo, el camino iniciado en Ida (2013) y continuado en Cold War (2018). De nuevo y de la mano de la impecable y subyugante fotograf�a de Lukasz Zal (responsable entre otras de La zona de inter�s y Hamnet), la pel�cula viaja a las heridas de la Segunda Guerra Mundial y ah�, con cuidado, precisi�n y much�simo amor, deposita la c�mara. El verbo correcto, en efecto, es �se: depositar. La pantalla se convierte en el escenario transparente y congelado de una conmoci�n �ntima tintada en blanco y negro; un arrebato callado tan brutal como amable; tan desangelado como lleno de vida.
Fatherland (patria) cuenta el viaje de Thomas Mann (soberbio el actor Hanns Zischler) acompa�ado de su hija (irrefutable Sandra H�ller) por una Alemania en ruinas. En el verano de 1949, en plena Guerra Fr�a, el aclamado Premio Nobel y la actriz, escritora y piloto de rally Erika recorren en un Buick negro el pa�s que abandonaron hace 16 a�os. Si se quiere, se trata de la m�s elegante road movie jam�s filmada. Desde Frankfurt, donde recogen el Premio Goethe, a Weimar, donde vuelven a recoger otro Premio Goethe, uno y otra se enfrentan a un pa�s ocupado por algo m�s que el ej�rcito estadounidense y el sovi�tico. Cada rinc�n de la naci�n que antes fue nazi es ahora un pozo de asuntos tales como el resentimiento, la culpa, el odio, la identidad quebrada, el fantasma del suicidio del hijo-hermano Klaus (August Diehl) y la lejana posibilidad del perd�n. Tambi�n hay amor, pero hay que cavar profundo en un suelo negro y duro para dar con �l.
Pawlikowski purifica a�n m�s el gesto, el encuadre y hasta el aliento mismo. Lo que en Ida ten�a mucho de descubrimiento y algo de exhibicionismo, ahora adquiere la consistencia casi de lo eterno. Lo que en Cold War vibraba en cada plano de una historia de amor vivida y contada con la apariencia de un mito universal, ahora, mucho m�s profundo, se acerca m�s a una oraci�n desnuda y profana. Y de nuevo, de eso se trata, eterna.
La pel�cula, m�s que filmada, se dir�a esculpida sobre el lienzo en blanco. Cada gesto, por leve que se antoje, importa y resuena. Fatherland arranca con una conversaci�n por tel�fono entre hermanos. Klaus aparece sentado en el suelo desnudo. Con calma, declama cada una de sus afrentas y sus heridas a su hermana. Detr�s, la pareja, que parece ocasional, se despereza, se vista y, finalmente, se va. Toda la escena est� recorrida por un aroma de cat�strofe que se confirmar� m�s tarde cuando llegue la noticia de la muerte. En la memoria de Erika, el fantasma de su hermano cobra cuerpo all� donde mire, sea lo que sea en lo que piense. Con una sutileza pocas veces vista, la realidad desolada aparece apenas manchada por destellos on�ricos que avisan, que duelen, que deslumbran.
Digamos que la pel�cula es obra de un hombre que ha hecho de su filmograf�a un permanente vagar. Cada una de sus pel�culas, desde antes incluso de que sorprendiera con Last resort en 2000, ha sido realizada en una esquina de Europa. En su haber se cuentan dos cintas inglesas, una rusa, otra francesa y varios documentales a medio camino entre Serbia, Mosc� y el fin del mundo. Ida fue su regreso a su pa�s para desenterrar viejos fantasmas de una sociedad culpable. Le sigui� Cold War. Y ahora culmina un viaje dedicado a hacer ver por primera vez lo tantas veces contemplado. Y para siempre.
Fatherland apenas completa los 80 minutos de metraje, pero dura una eternidad. Bella de hacer da�o. Sin duda, una candidata a la Palma de Oro al segundo d�a. Y sin un solo adverbio. La sencillez es la m�s compleja de las artes.
As� las cosas, como dir�a aquel, Patria (Fatherland) o... Palma.
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