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Como ya le ocurrió durante la pandemia de Covid-19, José Antonio López Guerrero ha vivido los últimos días con altos niveles de estrés. No en vano ha tenido que combinar sus tareas habituales como director del grupo de NeuroVirología de la Universidad Autónoma de Madrid y del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO) con una labor divulgativa más intensa de la habitual para despejar dudas y desmontar bulos sobre el hantavirus.
Lo primero que quiere aclarar es que «no estamos en el mismo escenario que en 2020». En primer lugar, subraya, porque «este virus no es nuevo, como sí lo fue el SARS-CoV-2, sino que lo conocemos bien». Pero, además, también porque «este patógeno no tiene el potencial pandémico» que tenía el causante de la Covid-19.
«El único paralelismo con lo que pasó con el Covid es cómo lo están utilizando los políticos, los diferentes partidos. Lamentablemente, hemos visto una guerra sucia, como pasó entonces, entre los diferentes políticos, con fines propagandísticos y de desgaste del adversario. Todo eso, por desgracia, ya lo sufrimos durante la pandemia, cuando vimos cómo se utilizaron incluso a los muertos como número electoral», subraya.
En su opinión, las medidas que se están poniendo en marcha para contener la expansión del brote son las adecuadas. «Se ha procedido adecuadamente desde el punto de vista clínico, epidemiológico y de organización», señala; una actuación que demuestra que «algo hemos aprendido de la pasada pandemia».
«La coordinación internacional que se ha producido, la forma de responder rápidamente que han demostrado la OMS, el ECDC y los gobiernos es un motivo de optimismo, de que algo se está haciendo bien», indica. Aunque enseguida adelanta que tenemos que prepararnos mejor porque «indudablemente» tendremos que enfrentarnos más veces a virus capaces de extenderse rápidamente por todo el mundo.
«Desde luego, podríamos hacer más para ponérselo más difícil a los patógenos» porque «no sabemos cuándo, pero sí sabemos que habrá nuevas pandemias», zanja.
Si tuviera que apostar por el agente con más potencial pandémico, sin duda elegiría al virus de la gripe, «un virus que tiene una especial capacidad de adaptación porque tiene varios mecanismos de variabilidad genética». Además de las mutaciones que este patógeno acumula cada vez que se replica, también tiene la capacidad de combinar segmentos de su genoma con otros virus de la gripe, lo que aumenta las posibilidades de crear una nueva variante para la que no tengamos inmunidad.
«Un virus de la gripe sería sin duda mi elección, aunque también hubiera optado por este patógeno en 2020 si me hubieran preguntado y, como se demostró después, claramente hubiera perdido la apuesta».
De cualquier forma, López Guerrero quiere desterrar esa idea anclada en el imaginario colectivo de que los virus son solo «malas noticias envueltas en proteínas», tal como refleja la frase acuñada por Peter Medawar. «En la virosfera, el universo de los virus, los virus patógenos para los humanos suponen menos del 0,1%», subraya. El resto de especies «o viven de espaldas a nosotros o directamente han contribuido a nuestro beneficio».
En su reciente obra, Los buenos virus (Guadalmazán) repasa algunas de las buenas obras que estos agentes ni vivos ni muertos nos han proporcionado a lo largo de la historia: desde su papel en nuestra propia evolución a su protagonismo en algunas de las innovaciones más punteras de la biotecnología y la medicina. «Por ejemplo se sabe que endorretrovirus, retrovirus ancestrales que nos infectaron hace cientos de millones de años, contribuyeron a que un protomamífero mantuviera el desarrollo embrionario en su interior, creando las membranas que hoy conocemos como membranas de la placenta», señala.
También destaca el investigador cómo los virus que atacan bacterias, los denominados fagos, pueden cumplir un papel muy importante frente al grave problema de las resistencias bacterianas a los medicamentos, o hasta qué punto los virus están resultando fundamentales en innovaciones claves para la medicina, como la terapia génica. «Los estamos utilizando en vacunas, en biotecnología, en biología molecular, en terapias... Los virus solo son malas noticias en un porcentaje muy pequeño. Creo que les debía un tributo a esos grandes desconocidos que también nos aportan beneficios».
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