Airbus e Indra cuentan con financiación directa estatal que tendrá que llegar también a la casi decena de empresas adjudicatarias del programa para que España no pierda coba

Sede de la empresa Indra, en Madrid.
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Las compañías española implicadas en el fallido programa para el desarrollo del nuevo avión de combate europeo (FCAS) veían venir el descarrilamiento por la ruptura franco-alemana y llevaban tiempo desarrollando planes de contingencia con el Gobierno para evitar una catástrofe para el sector. Según fuentes de la industria, los empleados en las distintas subsecciones del FCAS superan con holgura los 1.000 ingenieros repartidos entre los dos contratistas principales Indra, que sumaría más de 500 dedicados en exclusividad al programa, y Airbus y el resto de empresas participantes.
La reacción en las principales empresas mezcla la resignación sobre un desenlace que se descontaba desde hace meses y las crecientes dudas ante la falta de claridad sobre qué se mantendrá o no del programa inicial. No les pilla de nuevas, ya que, según estas fuentes, compañías como Indra tenían diseñados planes de contingencia para el colapso del consorcio del FCAS desde hace más de dos años, lo que mitiga el impacto, gracias también a la aprobación el año pasado del Siagen (Sistema Integral Aéreo de Última Generación).
Este es uno de los programas especiales de modernización (PEM) impulsados el año pasado por el Gobierno para llegar al 2% del PIB. El proyecto se compone de dos programas el Sistema de Armas de Nueva Generación (NGWS), dotado con 540 millones y el FCAS Nacional, con 160 millones. Indra es la adjudicataria del primero y comparte el segundo con Airbus, pero el objetivo del Gobierno es que esto permee al resto de empresas involucradas en el programa original.
Ahí, entran en la ecuación empresas como ITP Aero, presente en el programa de motor, y Satnus, un consorcio formado por Sener, GMV y Tecnobit, que estaba presente en el pilar del desarrollo del enjambre de drones que acompañaría al caza. Además, el decreto que aprobó el programa y el anticipo que concedió industria menciona a otras entidades públicas como el INTA y el Barcelona Supercomputing Centre. Algunas de estas empresas habían terminado el trabajo asignado al FCAS en diciembre y estaban esperando la resolución de la negociación para recibir nueva financiación, que ahora debería llegar vía Indra y, en menor medida, Airbus.
El nuevo programa sigue la línea hacia el caza de sexta generación y busca reforzar campos como la ciberdefensa, la simulación de armas y sistemas de armas de entrenamiento avanzado o de mando y control. Todos campos tecnológicos cuyo desarrollo es clave de cara a la negociación de España para entrar en un nuevo programa.
La solución está prevista para durar hasta 2031, cuando vence el último pago de los programas. Los tiempos se ajustan a lo que se planteaba que fuera la fase 2 del FCAS, dedicada a construir un prototipo, sin embargo la dotación es menor que los algo más de 1.500 millones que correspondía aportar en España en el presupuesto original (se reservaban 5.000 millones para esta fase).
Como explican fuentes sectoriales, estos programas operan bajo el principio de que a las empresas se les contrata por una cantidad equivalente a la que aporta el país. Por ello, es clave que España siga desarrollando su industria mientras negocia a nivel internacional. "No es lo mismo 1.000 millones en comunicaciones de nueva generación que en chapa y pintura", explican las mencionadas fuentes. De fondo está también la resolución de la nueva negociación francoalemana para ver qué sobrevive del programa. Si es la nube del combate, Indra debería mantener una parte importante de los contratos como coordinador del proyecto, pero la presencia española en la sala para defender esa posición sigue siendo incierta.






























