
























El auto del juez Calama, minucioso y contundente, imputando a Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, ha sumido en el desconcierto a buen n�mero de cargos socialistas, dentro y fuera del Congreso que, adem�s de apreciar el activo que representaba el ex presidente para los votantes de izquierdas, manten�a vivo de �l el recuerdo de un pol�tico impulsor de los derechos sociales a quien no salpic� la corrupci�n durante su mandato.
Ahora, tras repasar los indicios que enumera el juez, se mezcla la decepci�n con la cautela, pero tambi�n con el temor creciente de que todo o siquiera una parte de lo que se le imputa se acabe confirmando. "Es una bomba at�mica", afirma un alto cargo que cree, con estas palabras, hacerse eco del sentir de quienes m�s all� del blindaje de la Moncloa, de Ferraz y del Parlamento, aprecian la onda expansiva de la noticia y sus probables consecuencias.
La imputaci�n de Zapatero es el quinto frente judicial que se cierne sobre alguien del entorno del presidente del Gobierno. Y, pese a que los anteriores no son casos menores, ninguno parece tener la trascendencia de este �ltimo, tanto por los presuntos hechos investigados como por la relevancia que el imputado tiene para el PSOE y para el propio Pedro S�nchez.
Las causas judiciales que afectan al hermano del presidente y a su esposa tienen un alcance m�s acotado, pues no ponen en tela de juicio a dirigentes socialistas de peso, m�s all� del propio S�nchez. Adem�s, sobre la investigaci�n a Bego�a G�mez, el Gobierno se escuda en cuestionar la instrucci�n conducida por el juez Peinado -algo que no sucede en el caso de Zapatero-.
S� se dio veracidad en el Ejecutivo a las acusaciones que pesan sobre dos figuras relevantes del mandato sanchista: Jos� Luis �balos y Santos Cerd�n. Pero con ambos se apresur� el PSOE a expulsarlos de sus filas cuando los indicios de delito fueron consistentes, y aunque su ca�da provoc� desgaste, el presidente logr� reemplazarlos y recomponer el partido y el Gobierno. A �balos lo sustituy� Cerd�n, y a este Zapatero, cuya ca�da, sin embargo, dejar�a un vac�o dif�cil de suplir.
Ninguno de los otros investigados -o ya acusados- que rodean a S�nchez eran referentes socialistas en la medida en que lo es el ex presidente, ni movilizan voto como �l. Zapatero ven�a ejerciendo como principal valedor del jefe del Ejecutivo, y tambi�n como figura de cohesi�n en el partido. Por eso, su imputaci�n adquiere una trascendencia mucho mayor.
El estupor es general, sobre todo entre las personas que trabajaron con Zapatero en su etapa de Gobierno. "Nunca lo habr�a imaginado...", "Gertu abriendo cuentas en Dubai...", "Zapatero, el cerebro de una trama...". Comentarios de asombro que s�lo encuentran una explicaci�n: caer en brazos de amistades y tentaciones peligrosas en Venezuela, que se activaron r�pidamente cuando, como consecuencia de la pandemia, se desbloquearon grandes cantidades de ayuda y subvenciones para salvar empresas y revitalizar la econom�a.
En aquel momento, explican, Zapatero era ya un "superhombre" para el r�gimen de Maduro y hubo quienes vieron en �l el puente adecuado, "con estructura y reconocimiento", para acceder al dinero en Espa�a. El momento, adem�s, ayudaba porque la emergencia debilitaba los controles. Ah� estar�a la semilla del rescate a Plus Ultra, un caso turbio anticipado con sorprendente detalle por el ex eurodiputado Luis Garicano.
El camino que se recorri� para la concesi�n de esta ayuda p�blica a la aerol�nea evidencia el ascendente que Zapatero ejerc�a ya sobre el Gobierno. En su auto, el juez recoge que desde Plus Ultra se forjaron "dos l�neas de influencia" para intentar conseguir el rescate: a trav�s de �balos y a trav�s de Zapatero. Y fue esta �ltima la que "adquiri� un papel predominante y permiti� a Plus Ultra alcanzar los objetivos perseguidos".
El giro del Ejecutivo respecto a Juan Guaid� tambi�n se produjo cuando Zapatero ejerc�a ya un papel muy destacado en Venezuela. Fue en febrero de 2020. Espa�a lo hab�a reconocido como presidente encargado del pa�s caribe�o, pero S�nchez opt� por sortearlo refiri�ndose a �l como "l�der de la oposici�n".
Los viajes del ex presidente a pa�ses como Marruecos y China para supuestamente realizar trabajos que factur� a An�lisis Relevante -la empresa investigada en este caso judicial- son tambi�n piezas claves del puzzle. Se trata de naciones que han jugado un papel importante en el mandato de S�nchez: el primero, por el cambio de postura del Gobierno respecto al S�hara y, el segundo, por haber sido aupado a la categor�a de merecedor de una relaci�n reforzada.
Los que consideran que el impacto del caso Zapatero sobre el Gobierno y el PSOE puede adquirir dimensiones nucleares profundizan en una segunda derivada: la que sit�a a Zapatero como el hombre de S�nchez para los cometidos m�s delicados. La persona con contactos, influencia y marchamo de calidad, v�lida para cumplir con ese papel especial y difuso que la ley reserva para un jefe de Gabinete y que consiste en realizar "aquellas otras actividades o funciones que le encomiende el presidente del Gobierno". Labores sin identificar, discretas, confidenciales y en la penumbra. Un jefe de Gabinete de facto.
Este aspecto resulta sorprendente porque Zapatero no fue, ni de lejos, un socialista pro S�nchez. Todo lo contrario. Sin embargo, el relato de quienes conocen a ambos sugiere una conjunci�n sobrevenida de intereses: a Zapatero le conven�a reactivar su influencia ante el Gobierno -presuntamente, como se�ala el auto del juez, para realizar negocios- y a S�nchez le interesaba adornarse con la figura y el prestigio de un ex presidente que, adem�s, no fue de su cuerda. Era un "win-win".
A partir de ah�, Zapatero se convirti� en defensor de S�nchez con la vista puesta en las elecciones del 23-J y, a continuaci�n, en su investidura. Fue incluso el contrapeso de voces hist�ricas del socialismo -Felipe Gonz�lez o Alfonso Guerra- que discrepaban abiertamente del canje de votos por amnist�a como base para la reedici�n en el poder.
En julio de 2023, Zapatero realiz� una ruta paralela a la de S�nchez con una decena de m�tines. Desde entonces -e incluso antes-, se ha convertido en un imprescindible para el PSOE en las campa�as, pues su capacidad de movilizaci�n del votante socialista est� a la altura de pocos. Ejemplo de ese rol es la �ltima campa�a, la andaluza, donde Zapatero estuvo en el mitin de apertura junto a S�nchez y Mar�a Jes�s Montero, adem�s de protagonizar otros dos sin el presidente. Tambi�n tuvo una presencia importante en la campa�a de Castilla y Le�n, que supuso su regreso al foco tras destaparse el caso Plus Ultra y su v�nculo con uno de los detenidos.
Fue en diciembre de 2025 cuando se supo por primera vez de la investigaci�n en curso sobre el rescate a Plus Ultra. Zapatero se ausent� entonces de la campa�a extreme�a.
EL MUNDO public� el 19 de enero que el ex presidente cobr� de uno de los detenidos en el marco de este caso, y Zapatero tampoco estuvo en la campa�a aragonesa que arranc� d�as despu�s. M�s tarde, ya con el foco desviado hacia la guerra en Ir�n, el PSOE lo recuper� en Castilla y Le�n.
M�s all� de su poder de movilizaci�n, a Zapatero lo ensalzaba su condici�n de asesor �ulico para los desaf�os pol�ticos que deb�an quedar fuera de escena. Ese papel se forj� desde tiempo antes, con su apoyo expl�cito a los indultos del proc�s concedidos, por cierto, s�lo dos meses y medio despu�s de la aprobaci�n del rescate a Plus Ultra y, luego, ya tras las elecciones del 23-J, con la mediaci�n con Puigdemont hasta sustituir al ex secretario de Organizaci�n, Santos Cerd�n. La relaci�n de Zapatero y el fugado lleg� a ser tan estrecha que el primero la defini� p�blicamente como "intensa, sincera y muy positiva". Tambi�n ha elogiado abiertamente el papel de EH Bildu, uno de los apoyos m�s fieles de S�nchez en el Congreso.
El respaldo de Zapatero a los pactos del Gobierno con los nacionalistas -amnist�a incluida- ha servido a S�nchez como aval ante sus propias filas. El ex presidente fue, adem�s, quien abri� la puerta a esta v�a al abrazar el nuevo Estatut y apostar por la "Espa�a plural" y a�os despu�s allan� el camino a S�nchez para fraguar sus gobiernos de coalici�n. S�lo hace falta recordar la buena relaci�n que el ex presidente manten�a con Pablo Iglesias. Un v�nculo que facilit� el acercamiento entre PSOE y Podemos.
Ahora, la ca�da de Zapatero amenaza con dejar desorientado no s�lo al socialismo, sino a buena parte de la izquierda. Con el esc�ndalo de la imputaci�n en plena efervescencia, las fuentes consultadas en ese PSOE que trabaj� mano a mano con Zapatero, lamentan la primera reacci�n del Gobierno. "Si lo �nico que podemos esgrimir es el cat�logo de reproches al PP, estamos perdidos. Nos aplaudir�n los muy convencidos, pero nos abandonar�n todos los que est�n cansados de que nos lancemos unos a otros la pelota para eludir responsabilidades".
Y avisan del riesgo de que aferrarse al listado de culpas contra el adversario, acabe convirti�ndose en estrategia: "Es socorrido, s�, pero no borra el pecado propio". Insistir en ello, "pone en evidencia que no se tiene rumbo, que se avanza a ciegas y que se ha perdido el relato".
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