
























La educaci�n ha sido en las �ltimas d�cadas uno de los asuntos sociales m�s utilizados por los pol�ticos, una herramienta esencial para armar su discurso, pero desde hace un par de a�os ha perdido presencia en la guerra ideol�gica. Hay m�s de 10 millones de estudiantes y casi un mill�n de profesores en Espa�a, pero los partidos no los consideran una prioridad, como constata el escaso protagonismo que han tenido durante las pasadas elecciones en Arag�n, Extremadura, Castilla y Le�n y Andaluc�a.
En las cuatro campa�as de las auton�micas se habl� de inmigraci�n, vivienda, sanidad y juventud, los cuatro focos sociales que capitalizan ahora el debate, pero apenas se abordaron los problemas escolares y universitarios, estando la educaci�n transferida a las comunidades.
Si acaso en Arag�n, donde se gener� pol�mica en torno al concierto p�blico del Bachillerato en los colegios privados, hubo m�s discusi�n. Pero la candidata del PSOE, precisamente la ex ministra de Educaci�n Pilar Alegr�a, demostr� la poco importancia que se da al tema cuando se refiri� a la �Universidad de Teruel� aunque no existe tal instituci�n.
La educaci�n suscita incomodidad para todos los partidos porque nadie tiene muy claro qu� hacer para mejorar los indicadores. El PP tuvo la oportunidad cuando gobern� en La Moncloa con mayor�a absoluta pero su Lomce fue desautorizada incluso dentro del partido. Tampoco ha tenido �xito a la hora de poner de acuerdo a sus comunidades aut�nomas para organizar la prometida Selectividad �com�n�.
Alberto N��ez Feij�o ha mantenido en este asunto un deliberado perfil bajo, como prueba que, en su discurso de prop�sitos para 2026, no aludiera ni una sola vez a la escuela o a las universidades. Tampoco Vox, Sumar o los nacionalistas tienen la educaci�n entre sus objetivos. M�s all� de insistir en la lengua de aprendizaje en las aulas, han presentado pocas ideas s�lidas para mejorar la situaci�n de las escuelas.

En la calle la situaci�n se vive de otra forma. Mientras la escuela espa�ola registra los peores resultados de la historia en los r�nkings internacionales, cada vez hay m�s familias que se quejan de que los alumnos terminan la educaci�n obligatoria sin saber leer o escribir bien y los profesores est�n m�s descontentos que nunca. El malestar va a m�s y se avecina un septiembre encendido.
Tras la multitudinaria huelga de profesores del a�o pasado en Asturias, este final de curso est� marcado por movilizaciones en Catalu�a, la Comunidad Valenciana, Arag�n y la Madrid, as� como las protestas en toda Espa�a en el primer ciclo de Infantil, el primer paro educativo contra el Gobierno de Pedro S�nchez, que hoy pone la guinda una manifestaci�n unitaria en Madrid.
Aquella marea verde nacida en Madrid en defensa de la escuela p�blica ha resurgido con fuerza 15 a�os despu�s te�ida tambi�n de amarillo, el color de la reivindicaci�n en Catalu�a, que tras la huelga de febrero afronta en mayo y junio un conjunto de 17 d�as de paros, divididos por territorios y etapas educativas.
Las reivindicaciones comunes de los docentes en todas las autonom�as son la subida de sueldos, el refuerzo de profesionales que trabajan en la inclusi�n de alumnos con necesidades especiales y una reducci�n de la carga burocr�tica que ha multiplicado la Lomloe. En Arag�n se protesta expresamente por la financiaci�n con dinero p�blico del Bachillerato privado, mientras que en Madrid, donde se manifestaron los docentes de todas las etapas el 19 de abril, la movilizaci�n se centra en el ciclo de 0 a 3 a�os, que lleva m�s de un mes en huelga indefinida.
La protesta m�s intensa, en cualquier caso, se vive en las escuelas de la Comunidad Valenciana, donde la queja es constante desde los tiempos en que gobernaba el PSOE aunque los docentes llevan 10 d�as en huelga indefinida. Algunos profesores han dicho que pondr�n un 10 generalizado a sus alumnos de 2� de Bachillerato si no llegan a un acuerdo con el Govern, mientras que 290 miembros de equipos directivos de 157 colegios e institutos han anunciado su dimisi�n en bloque.
Al cierre de esta edici�n se hab�an plantado ya 138 directores, 77 jefes de estudios, 56 secretarios y 19 cargos de diversa responsabilidad. Las renuncias no son efectivas hasta que no las presenten la semana que viene en la Consejer�a, que puede aceptarlas o rechazarlas, pero admiten ser �conocedores del riesgo que supone� esta acci�n.
�Cuando estamos dispuestos a renunciar no es por cansancio ni por estrategia. Es porque ha llegado un punto en el que la dignidad, la coherencia y la defensa de la escuela p�blica pesan m�s que el cargo�, expresa Jaume Olmos, portavoz del grupo de equipos directivos cr�ticos de la Comunidad Valenciana.
�Ahora es m�s dif�cil que nunca ser docente�, le apoya Teresa Esperab�, secretaria general de la Federaci�n de Ense�anza de CCOO. �Cada vez la escuela tiene m�s atribuciones y necesitamos m�s recursos porque no podemos m�s. Adem�s, hay maestros compartiendo piso con desconocidos porque el sueldo no les llega para alquilar una vivienda. Todo ese malestar est� ah�. En los debates de las �ltimas cuatro elecciones auton�micas no se ha hablado de educaci�n, pero estas movilizaciones ponen encima de la mesa que la educaci�n es prioritaria�.
�Por qu�, si los colegios est�n tan mal, los pol�ticos no quieren ni hablar del tema? La falta de Presupuestos ha sumido al pa�s en una par�lisis legislativa. Pero hay m�s razones.
�Tiene que ver con la p�rdida de rentabilidad electoral�, explica el polit�logo Javier A. Herreros. �No es que la educaci�n haya dejado de importar, sino que ha dejado de ser �til pol�ticamente en un contexto dominado por la inmediatez, la polarizaci�n emocional y los problemas percibidos como urgentes�, prosigue este experto en comunicaci�n pol�tica que ha dise�ado campa�as electorales en Andaluc�a.
�Durante a�os la educaci�n ha sido un tema central porque era un campo de confrontaci�n ideol�gica muy claro que serv�a para activar identidades pol�ticas profundas y f�cilmente reconocibles: lo p�blico frente a lo concertado o privado, lo laico frente a lo religioso, los modelos culturales y territoriales distintos... El r�dito pol�tico era inmediato, aunque los efectos no lo fueran�.
�Ese marco hoy est� agotado�, a�ade Herreros. �Las posiciones est�n consolidadas, el votante ya sabe qu� defiende cada partido y la educaci�n ha dejado de generar movilizaci�n o cambio de voto. Desde la l�gica de campa�a, es un tema que no suma electoralmente y, en algunos casos, incluso genera m�s riesgos que beneficios�, a�ade.
�A qu� riesgos se refiere? �El primero es que puede abrir conflictos con colectivos muy organizados que activen protestas o cr�ticas que eclipsen el mensaje principal de la campa�a. El segundo es que obliga a entrar en matices muy t�cnicos que son dif�ciles de simplificar en clave electoral y que diluyen el relato pol�tico general. Un tercer riesgo es el desgaste ideol�gico sin retorno: reabrir debates cl�sicos moviliza a los ya convencidos, pero rara vez ampl�a la base electoral. Desde el punto de vista estrat�gico, supone gastar energ�a donde no hay un crecimiento de voto. Por eso muchos partidos evitan convertir la educaci�n en eje central del debate electoral�, responde.
En los �ltimos a�os, adem�s, se ha producido un cambio sociol�gico. Los j�venes, que eran los grandes ignorados por los pol�ticos, han ganado m�s protagonismo en el espacio electoral. Ese �factor generacional�, sostiene Herreros, �est� llevando a otras urgencias sociales�: la vivienda, la precariedad laboral o la salud mental son percibidas por los j�venes -y por sus familias- como los asuntos prioritarios.
�El problema ya no es tanto formarse, sino qu� ocurre despu�s de hacerlo�, apunta el polit�logo, que incide en que, �para muchos j�venes, la educaci�n ha perdido su condici�n de promesa clara de ascenso social�.
El �factor de la inmediatez�, que viene alentado por el auge de las redes sociales, tambi�n es novedoso. Fernando Jim�nez, catedr�tico de Ciencias Pol�ticas de la Universidad de Murcia, apunta que �la educaci�n requiere tiempo, mientras que en las elecciones la visi�n es a corto plazo�. Las leyes educativas tardan varios a�os en dar resultados, pero en Espa�a no se han podido ver los efectos de ninguna porque cada Gobierno ha derogado la norma anterior. �En las decisiones estrat�gicas se ha perdido por completo el sentido de Estado�, sentencia.
Basta con echar un vistazo a los datos para ver que la educaci�n tampoco est� quitando el sue�o al conjunto de los ciudadanos. Se encuentra, de hecho, en uno de sus momentos m�s bajos junto a la �poca del Covid, donde hab�a otras prioridades, y a los pac�ficos a�os de �ngel Gabilondo, el momento en el que PSOE y PP estuvieron m�s cerca de alcanzar un pacto de Estado por la educaci�n.
El �ltimo bar�metro del CIS, de abril, dice que s�lo el 5,1% de los encuestados percibe la educaci�n como uno de los tres principales problemas en Espa�a. Es la preocupaci�n n�mero 14 de entre medio centenar, muy por detr�s de la vivienda, la crisis econ�mica, la inmigraci�n, el paro, la corrupci�n o la falta de oportunidades para los j�venes. Eso s�, est� por delante de la desinformaci�n y los bulos, las pensiones, el cambio clim�tico o la okupaci�n.
�La educaci�n mueve voto porque moviliza a familias, j�venes y profesores, un grupo potente de por s�, pero no sabr�a cuantificar cu�nto decanta al final hacia uno u otro lado�, expresa Ignacio Urquizu, profesor de Sociolog�a de la Universidad Complutense, que lleva una d�cada en pol�tica educativa, primero como portavoz de Universidades del PSOE en el Congreso y luego de portavoz educativo en las Cortes de Arag�n.
El que tambi�n fuera alcalde de Alca�iz (Teruel) dice que �la educaci�n cada vez interesa menos a la gente por razones demogr�ficas, porque afecta sobre todo a los ni�os y a sus padres y cada vez hay menos ni�os y menos padres�. No deja de lamentar, en todo caso, la falta de propuestas educativas en las pasadas elecciones.
�La educaci�n s�lo moviliza voto cuando toca fibra directa, es decir, con el tema de la lengua, las familias con hijos, la convivencia o las becas, o cuando se convierte en batalla cultural o instrumento de dominaci�n o imposici�n�, afirma por su parte Marta Mart�n, catedr�tica de Comunicaci�n en la Universidad de Alicante y el principal azote de los ministros ��igo M�ndez de Vigo (PP) e Isabel Cela� (PSOE) cuando era la portavoz de Educaci�n en el Congreso del extinto partido Ciudadanos.
Fue en esos a�os (2015-2021), junto a los de Jos� Ignacio Wert (2011-2015), cuando hubo m�s debate pol�tico sobre educaci�n, con la aprobaci�n de la Lomce y de la Lomloe. En pleno Covid, la escuela concertada y la educaci�n especial salieron a la calle para protestar por las trabas que esta �ltima ley impuso a estos modelos de ense�anza. Tanto revuelo se gener� que Pedro S�nchez reemplaz� a Cela� por Pilar Alegr�a para calmar las aguas y darle perfil bajo a la educaci�n. Tras la pandemia, afirma Mart�n, �la educaci�n fue expulsada de la agenda por la urgencia institucional, la urgencia social y la polarizaci�n�, as� como por �problemas muy graves e inmediatos, que la gente siente en el bolsillo, como la vivienda o la inflaci�n�.
Los polit�logos consultados opinan que �tampoco ha ayudado� a poner la educaci�n en el centro del debate que M�ndez de Vigo, Cela� y Alegr�a fueran, al mismo tiempo, portavoces del Gobierno. �Los dos principales partidos que han gobernado se han permitido tener ministros a tiempo parcial que han descuidado el �rea que m�s atenci�n requer�a�, afirma Xavier Gisbert, que fue director general en el Ministerio de Educaci�n durante la �poca de Jos� Ignacio Wert. Admite, eso s�, que la actual ministra, Milagros Tol�n, tampoco contribuye a amplificar el debate a pesar de que no tiene m�s atribuciones que las educativas.
Gisbert, por otra parte, observa una tendencia creciente a la indolencia en la �ltima generaci�n de representantes p�blicos: �Antes la pol�tica era un servicio al que acced�an, de forma temporal, los mejores, pero se ha profesionalizado hasta tal punto que se ha convertido en un medio de vida para la mayor�a de los que accede a ella y se nutre de personas en muchos casos con insuficiente preparaci�n y formaci�n. Y los menos preparados, para mantenerse en sus puestos, evitan liderar iniciativa alguna por temor a equivocarse, especialmente porque su futuro depende de ello�.
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