




















Pablo PardoCorresponsal Londres
Actualizado
Hay tres v�as fundamentales para que un primer ministro brit�nico sea obligado a dejar el cargo. La que, a d�a de hoy, tiene m�s posibilidades de salir, consistir�a en una especie de "dimisi�n pactada". En esa versi�n, el primer ministro alcanza un acuerdo de caballeros -por llamarlo de alguna manera- con sus rivales en el Gobierno y en el Parlamento para irse en una fecha determinada.
Los c�nicos -y de ellos en Westminster hay unos pocos- saben que la caballerosidad del acuerdo tiene un cierto elemento de "oferta imposible de rechazar", m�s a menos limitada a la idea de "o te vas por las buenas o por las malas". Pero tambi�n hay generosidad, porque se deja que el primer ministro, al menos formalmente, se vaya. En otras palabras: es una especie de rendici�n con condiciones del primer ministro.
En la historia reciente brit�nica ha habido muchos notables que se han ido de Downing Street, por este procedimiento, incluyendo los dos m�s notables del �ltimo siglo: la conservadora Margaret Thatcher, que fue derrocada por los propios tories en 1990, y el laborista Tony Blair, que tuvo que dimitir y dejar el cargo a su propio ministro de Finanzas, Gordon Brown, en 2007. Otros que tambi�n se marcharon porque la presi�n era insostenible han sido los conservadores Boris Johnson y Liz Truss, en 2022.
En esos casos, el primer ministro laborista renuncia al cargo de l�der del partido y de primer ministro, un cargo en el que es reemplazado temporalmente por un parlamentario designado directamente por el rey. Tambi�n puede anunciar que se va, en cuyo caso pasa a ser jefe del Gobierno en funciones hasta que llegue el reemplazo.
Sea como sea, en ambos casos sus compa�eros del Parlamento eligen a su sucesor. Ah� hay dos opciones. Si s�lo hay un candidato al cargo, es casi seguro que este ser� votado por los parlamentarios, dado que tiene impl�cita o expl�citamente el respaldo de todos ellos. Pero si hay m�s de uno, la cosa se complica porque votan los parlamentarios, los afiliados e incluso los miembros de sindicatos que est�n vinculados al Partido Laborista. O sea, cientos de miles de personas. Eso es algo que el ala centrista del Partido Laborista, encabezada por el ministro de Sanidad de Starmer, Wes Streeting, quiere evitar, porque las bases laboristas se sit�an mucho m�s a la izquierda que el establishment.
Otra posibilidad es que el 20% de la bancada laborista en el Parlamento presente por escrito un candidato. Eso, en el Parlamento actual, supone 81 diputados, aunque, por ahora, se han limitado a decir que Starmer debe irse sin presentar alternativa. Esa es una se�al de debilidad, que podr�a indicar que nadie en la izquierda se siente con fuerzas para asaltar Downing Street. Adem�s, el primero que se presenta para sustituir a un primer ministro -el stalking horse- nunca lo logra, sino que termina siendo una especie de conejillo de Indias pol�tico al que seguir�n otros una vez que �l est� "quemado". Para complicar a�n m�s las cosas, esos candidatos tendr�an que someterse a la misma votaci�n de cientos de miles de personas.
Aunque la izquierda sale ganando con esa f�rmula, a d�a de hoy s�lo Angela Reyner tiene alguna posibilidad de ganar el proceso. El alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, es muy popular. Pero, para aspirar a ser jefe del Gobierno, tendr�a que ser parlamentario. Eso exigir�a que un laborista renunciara generosamente su esca�o, el partido dejara a Burnham presentarse -lo que no est� claro- y que este ganara. Es una carrera de obst�culos demasiado grande, porque exige una generosidad poco frecuente en pol�tica, tanto por parte del compa�ero que deje el esca�o como de los �rganos de gobierno laborista -controlados por Starmer-, que tendr�an que permitir la entrada en la carrera sucesoria de su rival m�s temible. Y todo eso sin obviar un �ltimo detalle: �qu� pasa si, dada la impopularidad laborista, Burnham no gana el esca�o?
La tercera opci�n es, simplemente, una moci�n de confianza que derrote a Starmer. En ese caso, el primer ministro podr�a convocar elecciones o irse y volver a reabrir el mismo proceso. Pero eso no va a pasar. Los laboristas no van a echar a su primer ministro con la ayuda de la oposici�n conservadora en un proceso que, adem�s, puede acabar en unas elecciones que, con casi total seguridad, perder�an.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。