
























Del cuello de Peter Thiel, dueño de una fortuna calculada en 30.000 millones de dólares, colgaba una medallita que no vale más que un dólar. Para ganársela se batió a duelo con varios argentinos, previo pago de una inscripción de 3.000 pesos (algo menos de dos euros) al Círculo de Ajedrez Torre Blanca. La medalla lo premiaba por su tercer puesto en uno de los habituales torneos que organiza el club, y tan relejado estaba el dueño de Palantir en esa tarde de sábado en Abasto, un barrio de clase media de Buenos Aires, que se quedó una hora más jugando.
Fue una inesperada aparición en público del magnate, que pagó las consecuencias de ser un buen jugador de ajedrez: de no haber llegado a subirse al podio en el certamen, Torre Blanca no habría subido su foto en Instagram
Pero el multimillonario no está en Argentina para jugar al ajedrez. «Thiel está probablemente viendo algo que incluso los demás no vemos. Las posibilidades de Argentina son enormes, tiene lo que el mundo que viene necesita. Y algo está viendo él», dijo a EL MUNDO uno de los empresarios más poderosos de la tercera economía de América Latina, que sigue con una combinación de interés y curiosidad los pasos de Thiel por Argentina.
El magnate de 58 años se instaló en abril en Buenos Aires, donde ya se había comprado una mansión en Barrio Parque, un sector en el que se refugian los millonarios de la ciudad. Una hermosa casa de 12 millones de dólares, base para una vida en un país que espolea su curiosidad y su olfato para los negocios, un país que se está tomando en serio: sus hijos ya cursan en un colegio local.
Thiel mantuvo reuniones con el presidente Javier Milei, con el ministro de Economía, Luis Caputo, y con el de Desregulación y Modernización del Estado, Federico Sturzenegger, que lo recibió en su casa para una cena en la que sumó también al ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno. Las mentes más afiebradas del núcleo libertario juguetean ya con otorgarle a Thiel la nacionalidad argentina, algo que conmovería probablemente solo a medias a un hombre que ya es plurinacional: nació en Alemania, se crió en Estados Unidos, obtuvo la nacionalidad neozelandesa en 2011 y, once años después, recibió el pasaporte de Malta.
En cierto modo, Thiel está siguiendo el llamado que el empresario argentino-español Martín Varsavsky hizo en EL MUNDO en marzo de 2025 al hablar de Wamani, su «santuario» para sobrevivir a una Tercera Guerra Mundial.

«Argentina tiene otras grandes ventajas, como un montón de comida. Y si hay una guerra nuclear, el problema no es solo morirte de radiación o morirte de la explosión. Es morirte de hambre, es morirte del invierno nuclear. Y el invierno nuclear se produce porque las bombas atómicas generan un polvo en la atmósfera que tarda como cinco años en irse, pero esto no afectaría a la Argentina. Bajaría la temperatura de todo el planeta, pero de los graneros del mundo, como el Medio Oeste estadounidense o Ucrania, la Pampa argentina es donde menos bajaría. Somos 47 millones de personas que podemos producir comida para 500 millones», dijo por entonces Varsavsky, que reveló el proyecto que le presento al presidente Milei: una «tranquility visa», una «visa de la tranquilidad».
«Se lo sugerí al presidente, tendría que ser algo parecido a lo que Trump sacó recientemente, la visa de oro, que hay que pagar cinco millones para tener la green card y la nacionalidad. Argentina podría sacar algo parecido por 500.000 y ganar bastante dinero. Yo no soy la única persona que está pensando en la Tercera Guerra Mundial, creo que hay mucha gente con medios económicos para quienes Argentina podría ser un refugio».
Milei le hizo caso a Varsavsky, y Thiel es uno de los que puede beneficiarse de esa visa para acampar a sus anchas en términos de negocios. Tiene buenos contactos locales, además de Milei y sus ministros. Alex Oxenford, amigo de Varsavsky, es hoy el embajador argentino en los Estados Unidos, y 15 años atrás, Thiel fue uno de sus inversores en OLX, un emprendimiento que terminó alcanzando la categoría de unicornio, aquellos con una valorización de al menos mil millones de dólares. En 2024, Oxenford llevó a Thiel a la Casa Rosada para que conociera a Milei. Pocas semanas antes, Milei se había disculpado con el Papa Francisco por haberlo definido como «el representante del Maligno». Dos años después, un grupo de economistas y empresarios invitados a una cena privada con Thiel en Buenos Aires se sorprendieron cuando en la sobremesa el magnate comenzó a explayarse sobre los peligros del Anticristo.
Pola Oloixarac, aguda columnista del diario «La Nación», vincula a Thiel y Milei: ve objetivos compartidos en algunos casos y complementarios, en otros.
«Si Elon Musk pone el rumbo hacia Marte, porque cree que el futuro de la civilización humana radica en volverse una especie extraplanetaria, Thiel está más preocupado por ordenar y establecer las reglas de juego del parque humano, de esa civitas que queda en el Tierra. Por formación, Thiel se acerca más a los intelectuales previos a la revolución industrial, cuando los diplomas en humanidades (y teología) eran los caminos habituales de la ambición cerebral», señala la periodista y escritora que reside en Barcelona.
"Thiel se suma al turismo ideológico con perspectiva planetaria, donde todo rincón puede ser un futuro posible ante el caos desconocido"
Pola Oloixarac
«¿Cuál será el bienestar económico mínimo necesario para mantener a Milei en el poder? ¿Podrá Milei retener en sí el caos e impedir la disolución? ¿Cuál será la ruta de acceso al capital para los habitantes que vuelva a la Argentina viable, con un crecimiento sostenido?», se pregunta Oloixarac. Y añade: «Thiel vino a la Argentina a hacerse las mismas preguntas que millones de argentinos. Acostumbrado al nomadismo desde niño, se suma al turismo ideológico con una perspectiva planetaria, donde todo rincón puede ser un futuro posible ante el caos de lo desconocido. Con Thiel, Argentina entra en el juego Monopoly del Armagedón: es un lugar en el horizonte de los futuros posibles. Comprar una propiedad en Buenos Aires podría ser el último grito en inversiones teológicas, un estilo para diversificarse en el globo, una estrategia consciente ante un posible Armagedón futuro».
Elisa Carrió, una veterana líder política de centro en Argentina, azote permanente de la corrupción del kirchnerismo, y hoy de Milei, cree que en realidad el peligro es Thiel.
«Lo de Peter Thiel es terrible y que se instale en la Argentina es aún peor», escribió Carrió en X y siguió: «Hay que buscar qué es Palantir. Va en contra de la República, la democracia y las libertades. Es Pentágono puro, es el eje del mal».
Eje del mal o no -Carrió juega con aquella figura que utilizaba George Bush (hijo)-, Palantir Technologies no es un juego de niños. Creada en 2003 con apoyo de la CIA, desarrolla plataformas de análisis de datos utilizadas por agencias de defensa, inteligencia y organismos estatales. Tiene contratos con el gobierno de Estados Unidos, el ejército y el sector privado a nivel global.
Thiel tiene cercanía con el presidente estadounidense, Donald Trump, al que apoyó en las últimas dos campañas por la Casa Blanca. Palantir es «hija» de PayPal, la plataforma de pagos digitales que fundó en 1998 y luego fue comprada por eBay. En 2004 tuvo la visión de invertir medio millón de dólares en un proyecto que acababa de lanzar Mark Zuckerberg: Facebook.
Buenos Aires es hoy su base para pisar fuerte en Sudamérica, una región alejada del ruido político y de guerra del hemisferio norte. Así fue que en estas semanas, Thiel visitó Brasil, Chile, Uruguay -donde compró unas cuantas hectáreas cerca del mar- y Paraguay, donde fue recibido por el presidente Santiago Peña, que tiene entre ceja y ceja hacer de su país «el Qatar de Sudamérica» y un paraíso de la Inteligencia Artificial (IA).
Lo mismo quiere Milei, que en 2025 anunció una mega inversión para «centros de datos» de IA en la Patagonia, donde el clima frío sería teóricamente beneficioso para esas instalaciones.
Santiago Caputo, el principal asesor de Milei, es uno de los que impulsan dentro del gobierno libertario la experiencia con Thiel. Lo explicó recientemente en la red social X: «Argentina necesita urgente una doctrina de Seguridad Nacional acorde a los cambios tectónicos que están ocurriendo en el mundo, nuestro alineamiento sistémico con Estados Unidos e Israel, el potencial económico de los recursos naturales de nuestro país y la posición geográfica que ocupa Argentina en el Atlántico Sur y su proximidad con la Antártida. No se termina de comprender la relevancia internacional que Argentina tendrá en pocos años. Afortunadamente todo marcha acorde al plan».
Peter Lamelas, el embajador de Estados Unidos en Argentina que ya dijo que su principal misión es contener el poder de China en el país, piensa de la misma forma que Caputo, lo que no es en absoluto una casualidad.
Argentina «tiene una oportunidad histórica para convertirse en una potencia energética» y las empresas norteamericanas ayudarán a «fortalecer la seguridad energética», dijo. El Atlántico Sur, la Antártida, la reserva de gas y petróleo de Vaca Muerta y los ciber ataques forman también parte de las preocupaciones de Lamelas en Argentina. Palantir es útil en todos los casos.
Apodado «el mago del Kremlin» y con gusto por vestir al estilo de los «Peaky Blinders», Caputo es una figura a veces difícil de comprender en el «universo Milei». Se lleva cada vez peor con Karina, la hermana y dueña de la llave al despacho y la mente del presidente. Sin embargo, Milei lo define como «un hermano», lo que le da un poder singular: controla la agencia de recaudación de impuestos y los servicios de espionaje.
Dos personajes, Thiel y Caputo, a los que es perfectamente posible imaginarlos hablando del «Anticristo», al que el magnate relaciona con «un discurso buenista con ínfulas de superioridad moral», según Oloixarac.
«Por este motivo, Thiel ubica a Greta Thunberg como el ejemplo perfecto de ese Anticristo, entre otras figuras de la izquierda que podrían encarnar este orden unificado abominable. El Anticristo sería este Estado global, que decide por todos; un experimento similar al que tuvo lugar en la pandemia, cuando un estado de excepción extraordinario se expandió por el planeta».
Si Argentina se había convertido ya en un experimento económico, político y social con Milei al mando, la incorporación de Thiel profundiza la distopía.
«El nuestro fue el encuentro de un anarcocapitalista con otro anarcocapitalista que está llevando las cosas a la realidad y que está funcionando», sintetizó el presidente argentino. Pero Thiel va más lejos: busca probar, en Argentina, el «Plan B» para la civilización.
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