
























Cincuenta profesionales, ocho habitaciones con esclusas, tecnolog�a punta, mascarillas como de ataque nuclear, camillas-burbuja, un protocolo militar para ponerse y quitarse una EPI como de astronauta, y un generador propio anti apagones. Todo, para un solo y �nico paciente. Para una sola cama.
Es la infraestructura de la Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAM) del Hospital de la Candelaria, en Tenerife, que espera a los 147 pasajeros del MV Hondius, potencialmente contagiados de hantavirus de los Andes -la �nica variedad del virus transmisible entre humanos-.
En principio, la idea es fondear el buque en medio de la rada del Puerto de Granadilla, a 15 minutos del hospital, y, despu�s de chequear su salud, empaquetarles con la mayor diligencia hacia los aviones que estar�n esperando por ellos en el aeropuerto de Tenerife Sur, a apenas 12 minutos del muelle.
Pero -y esta historia va de peros- si sucediera que alguno de ellos llegara a Tenerife, desde Cabo Verde, enfermo, y requiriera hospitalizaci�n, acabar�a aqu�: en estas ocho habitaciones, que suponen un mundo aparte, y en las que medio centenar de profesionales (entre m�dicos, enfermeros, auxiliares y coordinadores) se dedicar�an �nica y exclusivamente a un solo paciente.
�Por qu� s�lo a uno? "Porque la atenci�n es de tal nivel, que s�lo se puede dedicar a una persona", explica Mar Mart�n, subdirectora m�dica del centro. S�lo siete hospitales en Espa�a tienen unidades como esta, "y todos tienen una sola cama, excepto el G�mez Ulla de Madrid, que es un hospital militar y tiene siete", cuentan.
El dicho reza que si quieres la paz debes prepararte para la guerra, y eso mismo rige en este caso: "Hacemos simulacros cada tres meses, y en este caso llevamos una semana haci�ndolos constantemente", narra Mart�n. "Ahora mismo, en dos horas, hay otro".
La unidad, que se construy� en 2021, tras la crisis del covid, y se puso en marcha en 2023, no se ha usado todav�a para un paciente de alto riesgo epidemiol�gico -aunque s� para otros necesitados de atenci�n m�s profunda incluso que las de una Unidad de Cuidados Intensivos-, y no deja nada al azar. Los profesionales que trabajen en ella, en turnos de 12 horas, viven en una burbuja durante ese tiempo, encerrados en la segunda planta del centro.
El coordinador opera desde una sala con un centro de pantallas que escruta lo mismo las constantes del paciente que, sobre todo, las operaciones de los sanitarios para ponerse y quitarse los trajes EPI, "el momento m�s delicado y peligroso", del que depende la clave de todo esto: que el virus en cuesti�n no salga de estas paredes.

Unidad m�dica UATAM del hospital de la Candelaria de Tenerife.JUAN GARC�AARABA PRESS
"Para estas operaciones hacemos ejercicios de calentamiento, hay siempre un profesional supervisando al lado de quien se quita el traje, se observa la operaci�n tambi�n por circuito cerrado de TV y se llega a tardar 20 minutos en quitarse uno de estos trajes", cuenta Mar Mart�n.
"Por ejemplo, las lazadas que se deben dar a los zapatos est�s tasadas, cada movimiento est� controlado completamente", narra. La sala en que los sanitarios se pondr�n los trajes est� controlada por c�maras (como todo el espacio), pero la de salida, donde se los quitan, es un espect�culo, parece un aeropuerto.
Hay l�neas en el suelo para que el profesional siga un circuito en el que observe de forma r�gida los protocolos, "para que jam�s pueda tocar la superficie exterior del EPI", supervisado por otra persona y vi�ndose en un espejo.
La joya de este espacio cerrado por esclusas es, no obstante, "lo que llamamos la zona cero": la estancia de la cama, rodeada de aparataje y respiradores, y con un laboratorio 'in situ' para que todo lo que deba analizarse del paciente "no tenga que salir jam�s de este lugar", evitado la expansi�n del virus.
El lugar recuerda obviamente la peripecia de Teresa Romero, la auxiliar contagiada de �bola en el Instituto Carlos III de Madrid que, en 2018, despu�s de que falleciera en el centro un religioso tra�do de �frica y aquejado del virus, se contagi� muy probablemente al recoger el colch�n en el que el hombre muri�. Romero, la �nica persona contagiada de �bola fuera de �frica, super� el virus con un tratamiento l�mite, pero la Sanidad espa�ola aprendi� del trance a extremar las condiciones de control de infecciosos graves.

"En todo caso", dice Mar Martin, "es muy importante que la gente sepa que nada de esto es parecido al �bola, que tiene riesgo biol�gicos 4, y un hantavirus tiene 3, y que tampoco se parece al covid, porque hasta donde sabemos la dificultad de transmisi�n es mucho mayor, porque la capacidad de r�plica del virus es mucho menor que la del covid... Aunque, bueno, es cierto que los virus mutan, y eso tambi�n hay que observarlo".
Bien, una cama. Pero, �y si m�s de un pasajero del MV Hondius llegara con s�ntomas y requiriera esta asistencia? "Habr�a que desviarlo a otro hospital espa�ol. Aqu� s�lo podemos tener uno", explica Mart�n.
A la vez que esta crisis del hantavirus est� permitiendo a los servicios sanitarios mostrar lo aprendido durante la crisis del covid, coincide tambi�n con estrecheces en las infraestructuras para la ciudadan�a en general.
No pocos tinerfe�os se quejan de los tiempos de espera en la Sanidad p�blica, que soporta adem�s en toda Canarias unas 600 personas dependientes -m�s de 200 en La Candelaria, el mayor hospital del archipi�lago- que ocupan regularmente camas en los hospitales "que en realidad no son para ellos, pero que administrativamente es imposible sacarles de ellas, o bien porque no tienen a d�nde irse, o porque sus familiares no se hacen cargo de ellos", explican fuentes sindicales.
Esta situaci�n se extrema con las necesidades de la llamada "poblaci�n flotante", los turistas, que en los picos de gripe y en el verano estresa la capacidad del sistema, que "se rompe por las costuras". Unas costuras por las que nadie esperaba la en�sima situaci�n de exigencia, que llega en forma de crucero de lujo con un brote mortal de hantavirus desde Cabo Verde.
"Esperemos no tener que entrar en juego y que estas dependencias no necesiten ser utilizadas", cierra Mart�n, "pero si fuera necesario, estamos listos".
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