

























No es conspiración, es ciencia. Miles de mujeres notaron que su menstruación cambió tras el Covid o la vacuna. Pocas encontraron respuestas. La Dra. Miriam Al Adib (Almendralejo, 1 de enero de 1977), ginecóloga y obstetra, decidió buscarlas. Tardó años en poder publicarlo. Su tesis doctoral (con calificación máxima en la Universidad de Extremadura) analiza las alteraciones del ciclo en 17.512 pacientes: uno de los estudios más amplios realizados hasta la fecha.
Variaciones en la duración del periodo, sangrado intermenstrual, cambios en la intensidad del flujo... "Hay mujeres cuya regla nunca volvió a ser normal tras el Covid. Nadie está hablando de ellas", denuncia la ginecóloga. Quiso entender qué había detrás de los problemas que le llegaban a consulta. Por eso adaptó la metodología de un estudio pionero de la Universidad de Illinois para ver si los resultados eran reproducibles en España, cuenta.
El estudio es observacional: no se siguió a las mujeres en tiempo real tras la vacuna, sino que se analizó una gran muestra para detectar patrones. Eso significa que no puede establecer causas, pero sí asociaciones. ¿Qué perfiles de mujeres presentaban más alteraciones y por qué? "Los resultados revelaron que la vacuna afectaba más a un perfil concreto: mujeres con tendencia al hiperestrogenismo, inflamación sistémica, obesidad, enfermedades reumáticas o antecedentes de alergias". Con el Covid, en cambio, las alteraciones en el sangrado se concentraban en otro grupo: "Mujeres en perimenopausia con antecedentes de reglas muy abundantes". El objetivo, explica Al Adib, era poder informar. "Muchas se asustaron muchísimo. Llevaban años en menopausia y de repente volvieron a sangrar. O tenían la regla regular y se alteró. Y nadie supo explicarles".
La mayoría de las alteraciones fueron transitorias. Pero un subgrupo de mujeres seguía sin recuperar su ciclo normal más de doce meses después. ¿Qué está pasando con ellas? "Las mujeres también han registrado tasas más altas de long Covid y de lo que se conoce como síndrome posvacunal agudo, un cuadro muy similar con síntomas neurológicos, vasculares e inmunológicos que puede volverse cronificado e incapacitante. Esto no es una banalidad", advierte la ginecóloga. "Su calidad de vida es lamentable", añade.
La investigación son en realidad tres estudios en uno. De las 17.512 mujeres se extrajeron tres análisis distintos: qué le ocurría al ciclo de las mujeres sin menstruación cuando contraían el Covid (estudio 1), qué les pasaba cuando se vacunaban (estudio 2) y qué experimentaban las mujeres menstruantes tras la vacuna (estudio 3).
El primero en publicarse fue una novedad en sí mismo: hasta entonces, nadie había incluido a las mujeres sin regla en este tipo de investigación, asevera la ginecóloga. Y también ellas notificaron alteraciones en el sangrado. Lo que más le pesa es el silencio. "Miles de mujeres vivieron esas alteraciones sintiéndose solas, convencidas de que solo les había pasado a ellas, mientras en las consultas se les repetía que no había nada científico que lo respaldara. ¿Qué trabajo cuesta incluir la menstruación como variable en un ensayo clínico?", se pregunta Al Adib.
El problema, insiste, es estructural: sin datos diferenciados por sexo, los síntomas de las mujeres quedan diluidos en la muestra general y nunca llegan a verse. "Y lo que no se ve, no se trata", denuncia.
Los tres estudios fueron publicados en revistas científicas Q1 y Q2 (las de mayor impacto e índice de exigencia) y están indexados en PubMed. De ellos nació la tesis doctoral, que añade la revisión bibliográfica completa y la plausibilidad biológica: por qué el cuerpo femenino responde de forma distinta y qué mecanismos podrían explicarlo.
Pero llegar hasta ahí no fue fácil. El sesgo de género, descubrió Al Adib, no se queda en las consultas ni en los ensayos clínicos: "También habita en las editoriales científicas. Los tres estudios fueron rechazados durante años sin argumentos metodológicos. Solo silencio o un escueto ya no es un tema de interés". Pero, para la ginecóloga, publicar no es el destino sino el punto de partida.
La reclamación de fondo es más urgente: "Que las variables de salud femenina, incluyendo la menstruación, un proceso que acompaña a la mitad de la población durante décadas, se incorporen de forma sistemática a los estudios. Las náuseas sí aparecen en los prospectos. ¿Por qué la menstruación no?".
No es una queja nueva. En los años 90 ya surgieron colectivos que denunciaban la ausencia de mujeres en los ensayos clínicos. Se las incluyó. Pero incluirlas sin recoger datos diferenciados por sexo es, dice, una solución a medias. "El problema empieza antes incluso de llegar a las personas: los estudios en modelos animales también eligen ratas macho".
La justificación para excluirlas, revela Al Adib con ironía, es siempre la misma: que la variabilidad hormonal femenina complica sacar conclusiones. "O sea, nos excluyen precisamente por lo que nos define. Y luego no saben cómo tratarnos".
Llevar esta denuncia al terreno académico ha sido, dice, una batalla personal. Lleva años hablando de salud femenina en divulgación, pero el doctorado era el eslabón que le faltaba. "Las mujeres tenemos que demostrar todo el triple. En 2016 escribía en mi blog sobre la relación entre microbiota intestinal y endometriosis y estaba mal visto. Ahora todo el mundo habla de ello". La credibilidad, concluye, no debería depender del género de quien investiga.
Y las consecuencias de esta exclusión son concretas. El sistema inmunológico femenino, modulado por las hormonas, funciona de forma distinta: protege más, pero también ataca más, de ahí la mayor prevalencia de enfermedades autoinmunes en mujeres, asegura. "Los hombres mueren antes, sí, pero por un margen menor de lo que se cree. Lo que no se cuenta es que muchas mujeres llegan a una edad en la que su calidad de vida se ha deteriorado tanto que acaban medicadas con psicofármacos. Es siempre el mismo patrón", advierte.
Incluso el infarto, recuerda, tarda más en diagnosticarse en mujeres porque sus síntomas no encajan con el modelo masculino descrito en los libros de medicina. "Lo que no te mata, se ignora". El problema llega hasta la farmacología, continúa. "Si el metabolismo femenino varía según la fase del ciclo, es probable que haya medicamentos con los que las mujeres estén sobremedicadas o inframedicadas. Sin estudios que lo contemplen, nunca se sabrá".
El retrato más frecuente que ve en consulta lo describe así: una mujer que se siente fatal, que acumula síntomas, que va al médico y le dicen que no tiene nada. Quizás tiene un hipotiroidismo, una anemia o un síndrome climatérico sin diagnosticar. Pero se va a casa con un psicofármaco y la sensación de que exagera. Fatiga crónica, niebla mental, dolor generalizado... "La gran olvidada de la medicina es la calidad de vida de las mujeres", sentencia Al Adib, cuatro veces reconocida como Mejor Ginecóloga de España por los Doctoralia Awards, con más de 25.000 pacientes atendidas en sus clínicas de Almendralejo, Madrid, Sevilla y Marbella.
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