




















La primera oleada de bombas se abati� sobre el puente B-1 en torno a las 14:30, clarifica Ehsan Karami. El bombero reside a pocos minutos de la ingente obra. Lleg� a las inmediaciones del viaducto junto a los cientos de personas que comenzaron a congregarse alrededor.
Ir�n celebraba el d�a de Sizdah be-dar. La �ltima jornada de la festividad de Nowruz, una especie de fin de a�o local.
"Estuve ayudando a un equipo de electricistas a cortar los cables de alta tensi�n. Se organiz� un atasco inmenso. Decenas de coches se concentraron para ver lo que hab�a ocurrido", recuerda en la estaci�n que ocupa su equipo, sita a pocos metros del lugar del suceso.
Desde aqu� se aprecia perfectamente la estructura da�ada, que se eleva por encima, a unos 136 metros. El puente de Karaj se extend�a unos 1.050 metros. Las autoridades iran�es dec�an que era el m�s alto de Oriente Pr�ximo. Los proyectiles arrancaron m�s de la mitad del cemento.
Karami define como puro "caos" los primeros instantes tras el ataque inicial. Lo que ocurri� despu�s fue el horror. El segundo asalto a�reo se registr� a las 15:15, apunta Mehdi Ghoreishi, un empleado de la empresa constructora.
"Hab�a vuelto a mi casa y todo tembl� como si fuese un terremoto. Casi me ca� al suelo. Fueron varias bombas. Escuch� 8 explosiones", relata el miembro de los servicios de asistencia de Karaj.
El iran�, de 37 a�os, sali� corriendo de su domicilio y se top� con un reguero interminable de veh�culos cubiertos por una espesa capa de polvo. Muchas de las v�ctimas permanec�an en el interior.
"Hab�a cuatro chicas de unos 30 a 40 a�os. A una, la explosi�n le hab�a arrancado el brazo. A otra, le faltaba la cabeza. La metralla la hab�a decapitado. Y otra tercera ten�a un pedazo enorme de metal empotrado en la barriga. Estaban todas muertas", rememora.
Aquello se convirti� en un paseo por el espanto. Karami se tropez� con otro cad�ver. No lo reconoci� porque tambi�n "hab�a perdido la cabeza". Despu�s supo qui�n era. Uno de sus vecinos. Se llamaba Amir Heideri, un mec�nico de 32 a�os.
"Su padre hab�a sido herido en el primer ataque y lo llev� al hospital. Le pidieron el DNI y volvi� a la casa a por �l. La segunda explosi�n le sorprendi� saliendo de su vivienda y lo mat�", agrega.
Un barrendero que se encontraba en el parque que discurre debajo del puente fue alcanzado por otro trozo de cemento. "Le abri� la cabeza en dos. Me lo encontr� tirado en el suelo, en un charco de sangre", precisa Miiaad Rajabi, otro de los compa�eros de Karami.
Todos los bomberos y el citado Mehdi Ghoreishi exhiben diferentes grabaciones de aquella aciaga jornada. Los v�deos permiten ver las bolas de fuego que causaron los proyectiles y los gritos, y el caos, que generaron entre la muchedumbre congregada cerca del B1. Uno de ellos deja ver el tercer ataque, que fue protagonizado por un dron, ya entrada la noche y como la �ltima explosi�n deja ardiendo los cables de suspensi�n de la construcci�n.
"Este puente era la envidia del enemigo y por eso lo destruyeron", opina Mehdi Ghoreishi
El bombardeo del puente B1 de la ciudad de Karaj, sita a unos 50 kil�metros de Teher�n, el pasado d�a 2 de abril, fue uno de los momentos m�s significados de la acometida a�rea de EEUU e Israel contra Ir�n. Donald Trump -en uno de sus habituales exabruptos en internet- hab�a prometido "devolver" al pa�s "a la edad de piedra", arrasando sus infraestructuras.
La que aqu� se denomina Guerra del Ramad�n (porque se desarroll� parciamente durante ese simb�lico mes para los musulmanes) ha acentuado el quebranto que ya sufr�a la econom�a iran�, azotada por listado interminable de sanciones desde hace a�os, al causar cerca de 270.000 millones de d�lares en da�os directos e indirectos, seg�n la estimaci�n que ofreci� en abril la portavoz del gobierno, Fatemeh Mohajerani, en una entrevista con una agencia rusa.
En un sistema devoto de las estad�sticas, las autoridades iran�es ya han ofrecido una detallada contabilidad del quebranto causado durante esta guerra, que caus� -seg�n sus cifras- cerca de 3.500 muertos, m�s de un tercio de ellos (1.200) en la capital. Los heridos se contaron por miles. M�s de 33.000, afirm� esta semana el titular de Salud, Mohammad-Reza Zafarghandi.
"Casi el 50% de los ataques se registraron en la capital", hab�a dicho el gobernador local Mohammad Sadeq Motamediyan, citado por la agencia Mehr.

El puente B-1, a unos 50 kil�metros de Teher�n, destruido por un ataque de EEUU e Israel.JAVIER ESPINOSA
Seg�n el mismo funcionario, los bombardeos provocaron da�os de diferente consideraci�n a unas 60.000 viviendas -122.000 en todo el pa�s-, 466 centros industriales y m�s de 11.000 veh�culos en la provincia.
Las cifras dif�cilmente reflejan el abrumador coste humano de la contienda o la terrible experiencia por la que han pasado los supervivientes de estos ataques. Majid Gamsede es uno de ellos y no puede esconder su ira.
"Esos dos hijos de puta (sic), Trump y Netanyahu, dicen que ven�an a liberarnos. �Qu� tengo que ver yo con el Gobierno? Aqu� asesinaron justo a dos familias que sol�an gritar contra la Rep�blica Isl�mica durante las manifestaciones de enero", afirma el iran� de 51 a�os.
El propietario de un negocio de lavado de veh�culos salv� la vida desafiando a toda la l�gica. Su establecimiento -donde tambi�n resid�a- se encuentra situado no lejos de la Plaza de Risalat, en el este de Teher�n. El 9 de marzo, la aviaci�n israel� reconoci� haber atacado el �rea bajo el supuesto de que all� se encontraba un cuartel de las fuerzas gubernamentales.
Los proyectiles alcanzaron una edificaci�n oficial -nadie consigue explicar quien la utilizaba- pero tambi�n arrasaron decenas de apartamentos en el mismo arrabal. Viviendas civiles como las que ocupaban los 12 miembros de la familia Mirzaei. Los rostros de todos ellos permanecen colgados de un muro, que todav�a permanece erguido. "Lamentamos profundamente la tr�gica p�rdida de nuestros seres queridos", se lee debajo de los retratos.
Otra pancarta cercana afirma: "Esta es una evidencia de los cr�menes de Am�rica". "Trump, lerdo", asegura una m�s.
Las bombas comenzaron a caer en torno a las 2:29 de la tarde. Majid se acuerda por el reloj que ten�a junto a la televisi�n de su casa. "Se produjeron tres explosiones", indica.
"�Dicen que son capaces de atacar con precisi�n? �Qu� se coman una mierda! (sic). Sab�an quienes est�bamos aqu�, sab�an que �ramos civiles y nos atacaron", agrega el iran�, sin poder refrenar su indignaci�n.
Tanto �l, como su mujer y su hijo se salvaron de milagro, pese a que el techo y un muro de la vivienda se vinieron abajo. Al salir, Majid se top� con una se�ora cubierta de sangre. Otra que hab�a llegado 20 minutos antes para lavar su coche, permanec�a tirada en el suelo. "No ten�a sangre pero estaba muerta".
La calle estaba llena de despojos humanos. Piernas, manos, simples amasijos de carne irreconocible. "Recogimos casi 20 pedazos. �Ve ese aire acondicionado? Se le empotr� un trozo de carne as� de grande", precisa haciendo un gesto con sus extremidades.
El ataque devast� el vecindario. Hay m�s de una decena de bloques de apartamentos quedaron desventrados. Una pala excavadora contin�a recolectando escombros. Las carcasas calcinadas de otra veintena de coches permanecen alineadas en un extremo del solar donde antes se erig�an viviendas.
"A los Mirzaei los mataron mientras estaban comiendo. La familia viv�a junta en la casa. El padre hab�a construido el edificio y dividido los apartamentos. Esta chica, Mohaddeseh Mirzaei, ten�a 24 a�os. Su marido sali� a comprar y eso le salv� la vida. Esta otra se iba a casar. Sus allegados tambi�n hab�an ido a comprar cosas para la boda. Se salvaron", relata una conocida del clan, que no quiere dar su nombre.
Reconoce su descontento con las autoridades iran�es. Tambi�n su confusi�n ante la acci�n de la aviaci�n israel� y estadounidense. "Han matado a gente que s�lo se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado", dice.
"Nuestros gobernantes son unos retrasados, pero es la gente quien est� pagando el precio", le secunda Shali, otra se�ora de 50 a�os.
Las ruinas del �rea de Risalat se reproducen en otros barrios de la capital. Los estragos superan de lejos los que caus� el conflicto del 2025. "Esa guerra s�lo dur� 12 d�as. Resultaron da�adas unas 8.000 viviendas. Ahora, s�lo en el distrito 4 (Teher�n tiene 22 barrios) hubo m�s de 8.000 casas afectadas", refiere uno de los portavoces de la alcald�a de Teher�n, Hamidreza Gholamzadeh.
El funcionario comenta que cerca de 7.000 personas siguen desplazadas y alojadas en hoteles de la metr�poli, ya que sus casas quedaron asoladas.
"La municipalidad cubre todo el coste y les da una cantidad extra para gastos", apostilla. "A los que no podr�n regresar a sus domicilios en los pr�ximos seis meses les entregamos una cantidad para que alquilen una casa".
Las autoridades han recibido el apoyo de miles de grupos de voluntarios para acometer la reconstrucci�n de los habit�culos alcanzados por los bombardeos. Se hacen llamar "Grupos Yihadistas", aunque en ese caso la "guerra santa" (significado de 'Yihad') dista mucho del concepto b�lico al que se asocia normalmente.
Son agrupaciones como la que comanda el ingeniero y empresario Said Suleimani, que se encuentra intentando rehabilitar el apartamento de Shokoofeh Sheikh Hosseini, de 65 a�os.
El grupo se encuentra limpiando el piso de cascotes, que recogen con una pala y una palangana. Un d�o de chavales j�venes est� midiendo las dimensiones del marco de una ventana.
La residencia se encuentra en un s�ptimo piso, al costado del Hospital Gandhi, que tambi�n result� devastado. El objetivo del asalto a�reo fue una instalaci�n de la televisi�n local situada justo del otro lado de la calle, aclara Hosseini.
El suceso deriv� en im�genes virales cuando una enfermera, ahora convertida en hero�na local, salv� a varios beb�s reci�n nacidos, sac�ndolos de las incubadoras en medio de la humareda y la barah�nda generada por la deflagraci�n.
Hosseini, la residente del lugar, grab� con su propio tel�fono a otro cuarteto de personas que evacuaba a un enfermo utilizando una simple manta.
La iran� admite que tambi�n la salv� "alguna mano divina". La metralla -cientos de trozos de cristal, metal y piedra-, se empotr� en las paredes, en el frigor�fico o el techo de su habit�culo. Los agujeros siguen visibles. Ella, previsora, se hab�a sentado en el suelo al escuchar el sobrevuelo de los aviones. "Pens� que estaban muy cerca. Daban vueltas. Al segundo de agacharme sobrevino la explosi�n".
Entre los compa�eros de Suleimani hay "profesores, cl�rigos o doctores". "Primero limpiamos los escombros y despu�s arreglamos las ventanas, las puertas y los muros. Tenemos conocimientos de alba�iler�a y carpinter�a", dice el iran� de 45 a�os. Seg�n su estimaci�n, en el pa�s hay cerca de 12.000 de estas camarillas de "voluntarios".
"Soy el director de una compa��a de 570 empleados. Estoy ausente en estos d�as, pero mis trabajadores lo entienden. Sigo recibiendo mi salario y con eso es suficiente".
Otra de las integrantes de la brigada de reparaciones es la ingeniera Tohere Mamandad, de 54 a�os. Viene cada d�a al concluir su jornada laboral y cuando acaba aqu�, en torno a las ocho de la noche, se va a las plazas donde los seguidores del r�gimen expresan su apoyo a la Rep�blica Isl�mica.
"Algunos de estos grupos de voluntarios se han formado en esas congregaciones nocturnas. Yo me alist� cuando coincid� all� con Suleimani", asevera.
Pese a la desolaci�n que domina la residencia de Hosseini, �sta es una de las que deber�an estar reparadas en breve. "No tiene da�os estructurales", puntualiza Suleimani.
Hamidreza Gholamzadeh calcula que un 75% de las casas que han sufrido este tipo de estragos -"menores", seg�n su clasificaci�n- ya han sido rehabilitadas.
El asalto a�reo contra el B1 est� siendo usado ahora por las autoridades locales como elemento de su propaganda. Durante la visita del periodista, un coro de decenas de personas -incluidos varios ni�os- grababa un v�deo sobre las ruinas de la infraestructura. El director les hac�a alinearse perfectamente entre los cascotes que quedaron regados sobre lo que resta de estructura. A pocos metros se divisan la mir�ada de varas de metal retorcido que sobresalen del pavimento.
El puente de Karaj ni siquiera estaba concluido. "Empezamos hace cinco a�os de trabajo pero nos faltaban entre 1 y 2 meses para acabar", explica Mojtabah Haji Ghasemi, ingeniero y miembro de la alcald�a de Karaj.
La obra hab�a requerido un desembolso de unos 30 millones de d�lares, agreg�.
Para Ghasemi, "Trump est� estableciendo nuevos par�metros en los que ya no se respetan las infraestructuras ni nada. Su idea es que si tienes poder puedes bombardear lo que quieras. Atacar infraestructuras civiles es un crimen de guerra".
Tras el bombardeo del 2 de abril, el propio Trump presumi� de dicha acci�n. "El mayor puente de Ir�n se ha ca�do. No lo van a volver a usar nunca", escribi� en internet.
Un pron�stico que rechazan de forma radical los representantes locales. "Tendremos que gastar otros 10 o 15 millones en arreglarlo, pero lo haremos. Creo que estar� terminado en uno o dos a�os", clama Ghasemi.
Detr�s de �l, los integrantes de la agrupaci�n musical repiten una y otra vez las mismas estrofas. "Limpiar� tu sangre con mis l�grimas. Te voy a reconstruir, patria, te voy a reconstruir", se les escucha decir.
Los hay que prefieren dejar la �pica a un lado. Es el caso representante de la alcald�a de Teher�n, Hamidreza Gholamzadeh. "No hemos empezado a reconstruir las casas totalmente destru�as, que son casi un millar, porque estamos convencidos de que volver�n a atacar. Es mejor esperar para ver cu�l es el da�o total", sentencia.
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