El historiador, considerado el gran cronista de la Europa contemporánea, ha reflexionado sobre Putin, Trump, Xi, Zapatero, el Brexit y el futuro del continente tras ganar el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales

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Incluso la charla más intrascendente con Timothy Garton Ash tiene cierto eco de clase magistral. Apenas tres horas después de ser distinguido con el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2026, el historiador británico relataba a un grupo de periodistas españoles por videollamada cómo recibió la noticia. "La noche previa me enviaron un correo electrónico informándome de que estaba entre los finalistas y preguntándome si estaría dispuesto a ir a recogerlo. No tardé mucho en responder", explicaba desde Oxford el gran cronista de la historia reciente de Europa .
"Es un gran honor recibir este galardón. Acabo de ver la lista de los galardonados de anteriores ediciones y es impresionante. Incluye a grandes amigos y referentes que me han influenciado como Ralf Dahrendorf, Raymond Carr, Jürgen Habermas, Dani Rodrik... Sin olvidarnos de Rafa Nadal, aunque en una categoría ligeramente diferente", bromeó. "El Princesa de Asturias es uno de los grandes premios europeos. España lleva 40 años en lo que ahora es la UE. Al igual que Polonia, es uno de los países que ejemplifican la conexión entre democracia y Europa. Es decir, todo lo que se encuentra ahora bajo una amenaza existencial. Así que este premio llega en un momento bastante dramático".
- Hace aproximadamente un año declaró que "Occidente como actor geopolítico había dejado de existir" al observar que el presidente Trump estaba tratando a la Unión Europea como un enemigo y no como un aliado. El ataque conjunto con Israel contra Irán y sin colaboración de la OTAN ha reforzado su percepción. ¿Cree que esta ruptura por parte de Estados Unidos es irreversible? ¿Cómo está afectando ya a la Unión Europea en términos de seguridad, por ejemplo?
- Empiezo por su segunda cuestión. Europa nunca se había enfrentado a un triple desafío tan enorme como el actual: militar por parte de Rusia, político por parte de EEUU y económico por parte de China. La combinación del desafío ruso y estadounidense indica que en Europa debemos estar preparados para poder defendernos con rapidez. ¿La relación con EEUU se restablecerá? No como la hemos conocido durante los últimos 80 años, especialmente como garante de nuestra seguridad. No pierdo la esperanza de que haya algún vínculo transatlántico positivo, quizá una extensión de la disuasión nuclear. Pero debemos asumir que la relación con EEUU no volverá a ser la misma.
- ¿Qué explica la ola de populismo en Europa y especialmente en el Reino Unido, donde se debate sobre la posibilidad real de que Nigel Farage sea el próximo primer ministro?
- En Europa. Una historia personal abordo en profundidad este asunto. Tendríamos que remontarnos a 2008, a la gran crisis financiera. En cierto modo, vivimos en un mundo post 2008. Por dos tipos de razones. Entre las internas en Europa están la extrema desigualdad, el impacto de la inmigración y la desaparición de una esfera pública compartida. Y luego están las externas que comentaba antes. El resultado de la combinación de ambas es el populismo. Y aquí está la gran ironía. Una década después, podemos ver el resultado del Brexit: la europeización de la política británica. Porque nosotros los británicos, en un caso prácticamente único en Europa, nunca tuvimos un gran partido nacionalpopulista de extrema derecha, sino un sistema bipartidista. Ahora sí lo tenemos.
- ¿Se siente optimista o pesimista respecto a la situación actual del mundo? ¿Se está volviendo tan peligroso e inestable como parece en las noticias?
- Me reconozco como pesimista intelectual y optimista vocacional. La enorme acumulación de problemas tanto dentro como alrededor de Europa, el triple desafío que mencionaba antes unido al impacto de la IA y el del cambio climático, más el hecho de que ahora vivamos en un mundo postoccidental donde las potencias fuera de Occidente tienen tanta riqueza y poder como nosotros, todo eso junto, es motivo de preocupación. Dicho esto, creo que el pesimismo intelectual es positivo. De nada sirve intentar autoconvencernos de que las cosas no están tan mal. Pongo un ejemplo: si en los años 70 nos hubiéramos dicho a nosotros mismos que todo era maravilloso, a pesar de los problemas que teníamos, no habríamos llevado a cabo reformas tan radicales. Así que creo que es pesimismo intelectual es positivo, siempre y cuando se tenga la determinación y la convicción de que realmente se pueden abordar los problemas. En Europa tenemos muchísimo potencial sin explotar en lo económico, en lo intelectual, en innovación, en seguridad. Hay tanto que podríamos hacer y no estamos haciendo...
- ¿Qué reformas radicales necesita hoy Europa y por qué carece de líderes internacionales?
- Es curioso. Una cosa que hacen los líderes políticos retirados en Europa es quejarse constantemente de la falta de liderazgo. No creo que ese sea el problema fundamental. En Europa debemos emprender reformas radicales. Para empezar, implementar el informe completo de Mario Draghi sobre la economía europea. Eso daría un impulso enorme a la economía europea. Según el FMI, las barreras comerciales que aún existen dentro del mercado único equivalen a más del 100% en el sector servicios. ¡Es ridículo! Creemos también un espacio digital único para tener nuestras propias redes sociales, nuestras propias plataformas a gran escala; articulemos una auténtica política europea de defensa y seguridad. Esos son tres o cuatro grandes pasos que debemos dar. El problema fundamental es que las acciones políticas que necesitamos son europeas, pero la determinación política es nacional. El gran reto es conseguir que todos apoyemos estas políticas, incluyendo, por supuesto, a Gran Bretaña, que espero que algún día regrese a la Unión Europea. Para eso no solo necesitamos líderes. Necesitamos pensadores, activistas, a la sociedad civil... Necesitamos que nuestras sociedades entiendan lo que es necesario y no lo dejen todo en manos de los líderes políticos.
"¿Zapatero? Para la democracia francesa fue un gran día cuando Sarkozy fue enviado a la cárcel por corrupción"
- ¿Qué líder político contemporáneo le preocupa más?
- La elección estaría muy reñida entre Vladimir Putin, Xi Jinping y Donald Trump. Pasamos la mayor parte del tiempo hablando de Trump. También hablamos un poco de Putin, pero en realidad deberíamos hablar casi más de Xi. La mayor amenaza económica para Europa es claramente China, que está propiciando la desindustrialización de Alemania a una velocidad increíble.
- José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente del Gobierno español, ha sido recientemente imputado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. Es el primer presidente de la democracia española investigado por este tipo de delitos. ¿Cómo de grave le parece?
- Es la primera vez que oigo hablar de este caso, así que no conozco los detalles. Hablando en términos generales, diría que es maravilloso que incluso los ex jefes de gobierno o de Estado puedan ser juzgados por delitos y, si es necesario, enviados a prisión. Para la democracia francesa fue un gran día cuando Nicolas Sarkozy fue enviado a prisión temporalmente por delitos de corrupción. Si me pregunta qué distingue a las democracias de las dictaduras, una de las respuestas debería ser que nadie está por encima de la ley.
- Comentaba antes que España es un símbolo de la Europa democrática. ¿Podría desarrollar esta idea un poco más?
- No sé cuántos de ustedes lo saben, pero es un hecho fascinante que a principios de la década de 1960 se debatió seriamente sobre la incorporación de España, bajo el régimen del general Franco, a la Comunidad Económica Europea. Muchos políticos franceses y alemanes la apoyaban, argumentando que era solo una comunidad económica. "Sería estupendo tenerlos dentro", defendían. Por cierto, algunos de estos políticos tenían pasado fascista. La decisión final fue para hacerlo tendría que convertirse en una democracia plena. Con la ampliación de la Comunidad al sur de Europa (España, Portugal y Grecia) se estableció un vínculo absoluto entre la pertenencia a lo que hoy es la Unión Europea y la democracia. Esa es la importancia histórica de España. Por eso fue tan impactante que Hungría, bajo el régimen de Viktor Orban, se mantuviera en la Unión Europea a pesar de que él había destruido la democracia en su país.
- Putin ha desconectado prácticamente a su país de internet y ha reducido significativamente sus apariciones públicas. ¿Qué le sugiere su comportamiento? ¿Ve algún indicio de cambio de ciclo en el curso de la guerra?
- Es obvio que Putin está asustado. Le asustan los drones ucranianos, que incluso le obligaron a reducir el tamaño del Desfile de la victoria en Moscú, y le asusta su propio pueblo. En cierto modo, es una buena señal, pero yo advertiría enfáticamente que eso no significa que su carrera política vaya a terminar mañana o dentro de seis meses. Mire lo que sucede en Irán, lo impopular que es su régimen. Si uno es lo suficientemente despiadado, si está dispuesto a matar a suficientes ciudadanos, puede mantenerse en el poder durante mucho tiempo. Creo que es un signo alentador, pero no que signifique siquiera el principio del fin del régimen de Putin. Por otro lado, el punto de inflexión se produjo sin duda en los primeros meses de la guerra, cuando todos en Occidente asumieron, primero, que Putin no iba a ordenar la invasión y, después, que ésta terminaría en tres días. Ahora nos encontramos con que a Rusia le llevaría décadas conquistar el Donbás al ritmo actual de avance. Por lo tanto, la guerra no se decidirá en el frente, sino en la retaguardia: en la infraestructura energética y en la moral de la sociedad. Y seamos honestos: ambos bandos presentan vulnerabilidades. El reto de Europa es incrementar las debilidades rusas y disminuir las ucranianas y mantener esa estrategia, porque me temo que esta guerra se prolongará durante un tiempo.
- Su próximo ensayo en castellano se publicará en otoño y se titulará 'Europa en siete capítulos y medio. La introducción más breve al continente más antiguo y más joven del mundo'.
- Efectivamente, en menos de 40.000 palabras -o 150 páginas- explico lo que cualquiera querría saber sobre Europa en relación a la geografía, historia, cultura, civilización, gastronomía, cine, fútbol, política y el futuro. El medio capítulo es, precisamente, el correspondiente al futuro, puesto que no lo conocemos. Pero aun así, podemos decir un par de cosas al respecto. ¿Por qué el más joven? Porque ningún otro en la Tierra tiene las estructuras de integración y cooperación con las que nos hemos dotado. Diría que es, al mismo tiempo, el más unido... y el más dividido.
- Usted es historiador y fue también periodista. ¿Qué diría sobre el papel del periodismo para salvaguardar una sociedad libre y abierta?
- Dediqué 10 años de mi vida a la libertad de expresión, necesaria para la democracia. Debido a la revolución digital y el capitalismo de la vigilancia estamos perdiendo la esfera pública en la que los ciudadanos se reúnen e informan. Ya estamos viendo en nuestros países la fatídica combinación de polarización y fragmentación. Por eso el papel de los periodistas es clave para llegar hasta los hechos y trasladárselos a la opinión pública. Recuerden: su democracia les necesita.



























