


























El nombre en s� mismo es una ilusi�n: Shangri-La fue una fantas�a inventada por un novelista brit�nico que termin� encarnada en un rinc�n del vasto mapa chino. La utop�a literaria salt� de la tinta a la realidad a golpe de decreto estatal. Detr�s del r�tulo ex�tico, detr�s del mito, se esconde Zhongdian, una ciudad de la provincia de Yunnan, al suroeste del gigante asi�tico, que abraza el budismo y la cultura tibetana. Su nombre original fue borrado en 2001 por una estrategia de marketing del Gobierno chino. De repente, Zhongdian, ubicada en una llanura a 3.200 metros de altura, se convirti� en la legendaria y espiritual Shangri-La, el valle perdido de la eterna juventud, un paraje pr�ximo al Himalaya descrito por el autor James Hilton en la novela Horizontes perdidos, de 1933.
Viajamos al eco del para�so que Hilton imagin� hace casi un siglo y que China ha convertido en un parque tem�tico que recibe a miles de turistas enganchados al mantra del ed�n terrenal. �La gran mayor�a de los visitantes nacionales que llegan a Shangri-La ni siquiera saben que el nombre y el misticismo moderno que rodea a este lugar sali� del libro de un escritor brit�nico�, asegura Yang Li, la due�a de una enoteca donde el producto estrella es un vino de cebada de las tierras altas que tiene color amarillento y sabor terroso.
Yang tiene su negocio en uno de los pintorescos laberintos de calles empedradas de Dukezong, el barrio antiguo de Shangri-La, que arrastra una historia de m�s de 1.300 a�os. Gran parte de su fachada fue reconstruida tras un incendio que en 2014 arras� 200 casas de madera y numerosas tiendas. �Siempre se ha tratado de mantener un equilibrio entre espiritualidad y consumo, entre tradici�n y modernidad. Pero el encanto se est� perdiendo por la masificaci�n del turismo�, opina Yang, con un suspiro cargado de resignaci�n.
Para saber m�s

Otros comerciantes comparten sentimientos similares. Tenzin Dor, propietario de un peque�o puesto de artesan�a tibetana, comenta: �Veo turistas tomando fotos de los collares y banderas de oraci�n, pero no comprenden su significado. Antes, nuestros vecinos hac�an estas piezas para sus templos o casas; ahora solo para venderlas a los visitantes�.
Aunque casi todos los turistas son chinos, tambi�n hay algunos extranjeros callejeando por Dukezong, sobre todo parejas de mochileros occidentales que est�n recorriendo Yunnan y que se detienen en tiendas de baratijas y puestos de carne de yak, un b�vido muy peludo que es nativo de la meseta tibetana. Paul y Sophie, una joven pareja francesa, cuentan que no han le�do Horizontes perdidos -un best seller que fue el primer libro impreso en masa en formato de bolsillo-, pero s� que vieron la adaptaci�n que hizo Hollywood, dirigida por Frank Capra y protagonizada por el actor Ronald Colman (Oscar en 1938).
En algunos rincones de la ciudad vieja asoman monjes con t�nicas azafr�n, cruz�ndose con hordas de turistas locales que observan todo trav�s de la pantalla de sus m�viles. Grupos de chicas j�venes alquilan trajes �tnicos muy instagrameables para pasearse por las calles. La tradici�n, m�s que desaparecer, se ha puesto detr�s de un escaparate donde lo aut�ntico y lo escenificado tratan de convivir, con un fr�gil equilibrio.

Las autoridades comunistas chinas afirman que el nombre de Shangri-La proviene de tres caracteres en mandar�n: shang (coraz�n), ri (sol) y la (luna), que juntos simbolizan la armon�a perfecta. Los tibetanos, en cambio, creen que deriva de un t�rmino en idioma s�nscrito, shambhala, que describe una utop�a espiritual en el budismo.
La obra de Hilton sit�a Shangri-La en un reino budista en el Himalaya, aislado del mundo exterior, en el que reina la paz y los habitantes viven cientos de a�os. Aunque Hilton nunca visit� el Himalaya, se cree que se inspir� en art�culos de National Geographic del explorador estadounidense Joseph F. Rock sobre la belleza de las monta�as de Yunnan en la d�cada de 1920.
Durante mucho tiempo, aventureros de todo el mundo estuvieron convencidos de que el Shangri-La era real. Varios rincones del Himalaya en T�bet, India y Nepal, conscientes del tir�n tur�stico, se presentaron como la inspiraci�n del mito literario y reivindicaron ser la fuente de inspiraci�n de la que bebi� el escritor. Hubo, incluso, ambiciosas expediciones. En 1938, el r�gimen nazi alem�n envi� un equipo de cient�ficos y aventureros en busca de la tierra de los inmortales. Exploradores japoneses tambi�n pasaron a�os rastreando rutas de monta�a y pueblos aislados.
James Hilton, el inventor del mito, nunca visit� la regi�n pero nazis y japoneses lanzaron expediciones en busca de su inspiraci�n
�Cuando China comenz� a abrirse al mundo, las autoridades locales de Zhongdian vieron una oportunidad para desarrollarse y presionaron a Pek�n para rebautizar el condado. Tras varios a�os de debate, el Gobierno declar� que sus acad�micos hab�an localizado el Shangri-La descrito por Hilton en este condado tibetano rodeado de monta�as nevadas al noroeste de Yunnan�, explica Li Yu, antrop�logo de la Academia de Ciencias Sociales de China. �Zhongdian era una ciudad pobre que, de repente, se llen� de visitantes. Entonces, comenzaron a desarrollarse las infraestructuras tur�sticas de todos los tipos�.
Una de las principales atracciones de Shangri-La es el imponente monasterio de Songzanlin, con sus tejados de cobre dorado que brillan al sol y sus muros exteriores pintados en rojo, blanco y ocre, construido en la ladera de una colina bajo el mandato del quinto Dalai Lama en 1674. El complejo tuvo que ser reconstruido despu�s de ser arrasado y saqueado, como muchos otros lugares de culto esparcidos por todo el pa�s. Los autores del incendio fueron los vecinos de Zhongdian durante la turbulenta Revoluci�n Cultural. El budismo tibetano, con sus complejas estructuras jer�rquicas y sus tradiciones religiosas, era considerado por la fan�tica Guardia Roja del l�der Mao Zedong como una superstici�n feudal que deb�a ser eliminada para dar paso al ate�smo y la ideolog�a marxista-leninista. El Gobierno de Mao dio la orden a los lugare�os de demoler sus propios lugares de culto.
Hoy, Songzanlin alberga una numerosa comunidad de monjes. La vida mon�stica coexiste con el flujo constante de turistas. Dentro de las salas de meditaci�n se permiten donaciones v�a c�digos QR, aunque muchos visitantes, sobre todo mayores, a�n dejan billetes con el retrato de Mao, el hombre que orden� destruir el monasterio.
Al caer la noche, de vuelta al barrio antiguo, la masificaci�n se concentra en un parque donde se encuentra una de las ruedas de oraci�n budista tibetana m�s grandes del mundo, de 21 metros de altura y 60 toneladas de peso. Est� hecha en bronce dorado y contiene m�s de 100 millones de mantras (oraciones). En la tradici�n budista, se cree que hacer girar la rueda en el sentido de las agujas del reloj tiene el mismo efecto que recitar los mantras que contiene, liberando las bendiciones.
Alrededor de la ciudad hay varios parques naturales donde los autobuses tur�sticos recorren praderas que antes solo ocupaban los jabal�es y los yaks. Parejas reci�n casadas viajan hasta aqu� s�lo para engordar su �lbum de bodas con un id�lico paisaje natural de fondo. Y los m�s aventureros llenan sus mochilas de botellas de ox�geno para subir hasta Meili, una de las monta�as m�s sagradas del budismo tibetano, con un pico sagrado que alcanza los 6.740 metros.
El Shangri-La espiritual que Hilton imagin� ha sido absorbido por un escaparate para visitantes que buscan fotos r�pidas y souvenirs. Al abandonar este ed�n prometido, queda la sensaci�n de que, m�s que haber estado en un pueblo tibetano milenario, uno ha recorrido un refugio sagrado que ha sido disfrazado de parque tem�tico.
Como dice Tsering, uno de los monjes de Songzanlin: �Los turistas se toman fotos y compran recuerdos, pero no sienten lo que late en estas monta�as. El silencio de los monasterios, el canto de los mantras al amanecer... Eso no se vende. S�lo quien lo entiende puede llevar un pedazo de Shangri-La en el coraz�n y tener un alma inmortal. Lo dem�s es solo un disfraz dorado para ojos que miran sin ver�.
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