Es una de las grandes figuras del entretenimiento de nuestro país. Actúa, dirige, produce y tiene su propia marca de arroz. Ahora triunfa como presentador de 'Mask singer' y ha producido la última película de Daniel Sánchez Arévalo.

Arturo Valls
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- No se le puede llamar intrusista laboral de una sola profesión porque hace de todo.
- He tenido la suerte de poder saltar de un registro a otro y de una faceta a otra. También creo que tengo mucha vocación e inquietud de querer dar esos saltos y no quedarme donde la gente espera que me quede. Es un privilegio. Y luego está lo de tener la suerte de caer bien.
- No recibe muchas críticas.
- Bueno, yo noto alguna cosilla. El director te ve como el presentador, el de los chistes, el del entretenimiento. Entonces hay como cierto prejuicio que yo me salto. Y si no me llaman ya me lo produzco yo. Si no me llegan los personajes que a mí me molan, pues ya los intento generar o provocar yo.
- ¿Ha tenido alguna época floja en lo laboral?
- He tenido continuidad, que no siempre ocurre. Esto también tiene que ver con que no me he puesto excesivamente exquisito ni sibarita. No se me han caído los anillos en terminar Caiga quien caiga que es un programa mítico y de prestigio y luego irme a hacer un concurso por la calle en una autonómica. Respeto las carreras muy puras pero a mí me gusta trabajar y me lo paso bien. Entiendo que cuando viene el formato bueno es conveniente que te pille entrenado.
- ¿Es el colmo de un valenciano tener su propio arroz?
- Se podría decir que sí. En mi caso es un sueño cumplido. No es un sueño completo porque no sé si conoces la historia pero yo quería unir mis dos pasiones: el tenis y el arroz. Entonces la marca se iba a llamar Rolang Arroz pero no se lo iban a tomar en serio. Finalmente se llama Socarrón, que también está muy bien.
- ¿Qué le dice la gente por la calle?
- El 90% es todo positivo. El otro día me hablaban de la cara oscura de la fama y yo confesé que me llevo muy bien con ella e incluso puedo decir que me gusta un poco. Me dicen: 'Cómo me reí contigo el otro día'. O: 'Mi padre está malito en el hospital pero te ve y se lo pasa bien'. Creo que lo incómodo es bastante llevadero comparado con la cantidad de gente que conoces, las puertas que se te abren, las mesas en los restaurantes que te dan o ese mecánico que te atiende antes en el taller. La fama cambia a los demás respecto a ti: el vecino que antes no te saludaba y ahora sí o esa gente que te adora pero que antes no te ha dicho nada.
- ¿Qué opina del fenómeno Santiago Segura?
- Qué temazo. Tengo sentimientos encontrados porque Santiago es amiguete. A veces nos agarramos a polémicas donde no las hay y lo polarizamos todo. Fíjate que la película no intenta hacerlo.
- ¿No todos los políticos son iguales?
- No, no veo adecuado ese mensaje. Hay políticos que utilizan malas artes y utilizan el odio, el miedo y el bulo. Tiene que ver con los extremos, sobre todo con la extrema derecha. Esto no conviene normalizarlo. Que tengas ideas más conservadoras, económicamente más liberales, pues muy bien, cómo no voy a estar de acuerdo. Pero los extremos y según qué maneras de hacer política yo creo que no se deberían normalizar ni bromear con ellas.
- En estas mismas páginas fue usted muy crítico con Mazón.
- En él hay un problema de actitud, de poca sensibilidad, de poco respeto. Si ha podido cometer un error o una negligencia, por lo menos que su actitud no sea tan soberbia, tan fría y tan puramente práctica. Solo pensando en su futuro, en cómo le puede salpicar esto y no teniendo una reacción mucho más pegada a las víctimas.
- ¿Se mete en muchos charcos?
- Hay veces que tienes la necesidad de expresarte porque has escuchado las noticias y tienes ganas de decirle a la gente lo que piensas. Pero luego dices, ¿en qué momento voy a compartir mi reflexión? En cuanto a lo polémico, hay veces que es inevitable. Por ejemplo, el genocidio de Gaza, esa postura de Mazón cuando claramente no has estado en el sitio donde tenías que estar. En cosas donde creo que no hay debate son las únicas en las que se me va el dedo y pulso el botón. De todas formas, evito el conflicto en general.
- ¿Ser optimista y alegre es hoy un acto de rebeldía?
- Es casi lo más punk que hay ahora. Intentar disfrutar de la vida conforme están las cosas. En general, pasártelo bien. Parece que tenemos que estar con esa pesadumbre, en lo mal que va todo, en el miedo. Aquí hemos venido a intentar pasarlo bien y parece que nos quieran llevar por otro sitio. Además, tengo 51 y ya estoy en una edad en la que solo soy joven si me muero.
- ¿Qué le pasó con Jimmy Fallon?
- Pues una experiencia horrorosa. Tampoco es que fuera mi gran ídolo pero lo tenía como una referencia. Compré los derechos de un programa que él hacia para la NBC e hicimos dos temporadas. En la segunda viajamos a Nueva York porque la productora nos dijo que estaría muy bien hacer una promo con Jimmy. Ya en Barajas vimos un mail en el que nos decían que Jimmy estaba muy ocupado. Cuando llegamos allí, el tipo no nos recibió ni cinco minutos. Fuimos a la NBC, estuvimos con su socio y les dijimos que no entendíamos que no nos recibiera porque encima nos habían llamado ellos. No éramos fans que querían una foto, éramos clientes. Un gran decepción.Es una de las grandes figuras del entretenimiento de nuestro país. Actúa, dirige, produce y tiene su propia marca de arroz.

























