La Pen�ltima
Hay algo precioso en acudir a un teatro a rendir pleites�a a un mito simplemente por existir. Y algo, mucho, de estafa en camuflar eso de acontecimiento teatral. Pero si me va a estafar alguien, que sea Isabelle Huppert

Isabelle Hupert, en 'Berenice'.JEAN MICHEL BLASCO
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No pude ir a ver Berenice a los Teatros del Canal. Ten�a entradas, eso s�. Y ganas. Y rodilleras para postrarme ante Isabelle Huppert y decirle guapa y reina y madre y todo eso que le decimos a alguien como ella cuando la tenemos delante, aunque sea haciendo una obra de teatro demencial. �Un desprop�sito�: as� me definieron el espect�culo con el que Isabelle Huppert conquist� Madrid. �No es un teatro f�cil�, escuch� de otro espectador, mucho m�s reticente a admitir algo que yo hago sin complejos: pagar�a por ver a Isabelle Huppert hasta en un pasacalles maor� de Port Aventura. Ya lo he hecho antes. Con ella y con otras muchas estrellas a las que he dado mi dinero y mi tiempo a cambio de, en ocasiones, casi nada. �Si hasta me tragu� una Misery penosa porque sal�a Bruce Willis! Eso por no hablar de La Tempestad con Sigourney Weaver haciendo de Pr�spero. O el past�n que solt� en Nueva York para ver a Jeremy Piven y Elisabeth Moss en una pieza de David Mamet que no soporto. Tambi�n he acudido en peregrinaci�n a teatros londinenses a ver a Phoebe Waller-Bridge o Ian McKellen, pero sus shows eran magn�ficos, as� que supongo que eso no cuenta como mitoman�a fuera de control. S� cuenta el ir a ver a Paul Mescal en Un tranv�a llamado deseo y hacernos una foto bajo un cartel del teatro en el que pon�a �Paul Mescal is tremendous�.
Isabelle Huppert es una actriz superdotada, una diva francesa y una mujer muy famosa. Las tres cosas son compatibles pero realmente es la �ltima la que lleva a miles de espectadores a pagar por verla en directo. Eso es as�. En espect�culos como Berenice, Huppert es el �ltimo dodo, el vestido con el que Marilyn le cant� el cumplea�os feliz a Kennedy y el campanu del a�o en curso.
Cuando estren� Juicio a una zorra, escrita y dirigida por Miguel del Arco, Carmen Machi ya era famos�sima gracias a Siete vidas y A�da. Seguro que mucha gente ir�a entonces al teatro a ver la obra de Del Arco solo para tener a una famosa de la tele cerca. Pero la actriz (y el director) sab�an que eso es pan para hoy y hambre para ma�ana. Cualquiera que haya visto Juicio a una zorra (incluso en su versi�n televisiva como parte de la serie antol�gica Escenario 0) sabe que a la salida del teatro no es de A�da de quien uno quiere hablar. Ni de si Machi es alta o bajita, gorda o delgada, natural o te�ida. tras la representaci�n, las ovaciones eran para su trabajo, no para su celebridad. Eso se lo dejaremos a leyendas como Joan Collins, que hasta hace poco se sub�a a las tablas para hablar de ella y de su vida. Collins no enga�a a nadie con esa propuesta y yo ni confirmo ni desmiento haber mirado fechas y vuelos para comprobarlo en persona. Hay algo precioso en acudir a un teatro a rendir pleites�a a un mito simplemente por existir. Y algo, mucho, de estafa en camuflar eso de acontecimiento teatral. Pero si me va a estafar alguien, que sea la Huppert. Una y mil veces.


























