























Faldas por encima de las rodillas, pelo sin tapar, ropa de noche al estilo occidental, sandalias con el pie descubierto y maquillaje de fiesta. A tan s�lo unos kil�metros al norte, al otro lado del puente Rey Fahd, a estas chicas saud�es llevar este atuendo les costar�a ir a la c�rcel, pero acaban de cambiarse de ropa en su hotel de Bahrein y se disponen a disfrutar de la noche.
Su primera parada es una de las licorer�as m�s conocidas de la ciudad. Es un local enorme que no tiene ventanas a la calle y en cuyo interior j�venes y adultos de todas las edades y de varias nacionalidades tratan de conseguir bolsas llenas de cerveza, whisky, vodka o ron de marcas desconocidas para los occidentales, la mayor�a procedentes de China. En las cajas se forman dos grandes colas. Huele a humanidad condensada. La compra se la llevan en bolsas negras, para que nadie pueda ver lo que llevan cuando salgan del local, aunque en realidad todo el mundo lo sepa. A pesar de los recientes bombardeos iran�es y la hu�da del turismo, la noche de Bahrein mantiene el pulso como principal v�a de escape social. El asunto no es s�lo el alcohol, sino la posibilidad de comportamientos y espacios que en su pa�s est�n restringidos, como asistir a conciertos de rock o pasar el d�a con amigos montando en motos de agua.
En un aparcamiento cercano, hombres de Qatar y de Arabia Saud� vestidos con sus disdashas blancas aparcan sus coches de alta gama en busca de diversi�n. El fin de semana comienza para los dos tipos de turismo que cruza la frontera hacia esta isla libertina: el familiar, que busca hoteles con piscina y restaurantes con terraza (a�n no hace demasiado calor), y el de los j�venes que encuentran en Bahrein todo aquello que su Gobierno les proh�be. Son decenas de miles cada fin de semana.
En el McGettigan's, una especie de pub irland�s con pantallas donde se emiten partidos de f�tbol, se aprecia el da�o econ�mico que este peque�o pa�s del Golfo P�rsico ha sufrido por los bombardeos del r�gimen de Teher�n. "Antes de la guerra era muy dif�cil encontrar sitio aqu� y poder moverse. Ahora est� casi vac�o", nos cuenta un espa�ol residente en Bahrein desde hace a�os. De un vistazo podemos adivinar el objetivo de este turismo de fin de semana. Varios hombres �rabes disfrutan en soledad de una cerveza o acompa�ados de mujeres orientales o de origen africano. Otras esperan solas, buscando coincidir con la mirada de los reci�n llegados. Nuestro contacto espa�ol no se sorprende.
-�Son prostitutas?
-�T� que crees? Siempre es as�. Los saud�es vienen a eso; luego el domingo vuelven a su pa�s como si cometer pecados m�s all� del puente no contara.
Cambiamos de bar. En otro garito encontramos m�s trabajadoras sexuales que clientes. Entre ellas hay de todo: desde la que ofrece servicios de forma voluntaria, ligadas a fen�menos de migraci�n laboral, hasta la que mantiene deudas con alguna mafia de trata. Preguntamos a una mujer nigeriana por su historia hasta llegar hasta aqu�: "Contraje una deuda enorme con una mafia que me ha costado mucho pagar. Ahora por fin soy libre y trato de hacer dinero por mi cuenta".
-�Te gusta estar aqu� en Bahrein?
-Es verdad que es un buen sitio para hacer dinero, pero no me gusta acostarme con los saud�es. Nos tratan muy mal. Nos hacen cosas que jam�s le har�an a las mujeres �rabes. Tienen un grave problema de racismo.
En el barrio de Juffair uno encuentra neones m�s propios de la zona centro de Bangkok, anunciando masajes de todas clases con mujeres tailandesas. A nuestro alrededor, en el bar, las mujeres se agrupan por nacionalidades mientras van llegando saud�es y qatar�es. Las camareras filipinas apuntan comandas y sirven copas. Un joven con aspecto de adolescente bromea con tres de ellas mientras bebe una maceta de cerveza y fuma un cigarrillo tras otro. Informes internacionales y de la ONU se�alan que algunas mujeres de Tailandia llegan con visados de "artistas" o trabajadoras del ocio y acaban en situaciones de prostituci�n, a veces enga�adas sobre las condiciones reales.
Un taxista local explica que la prostituci�n en Bahrein est� prohibida por ley, pero que hay una gran industria que se mueve en una amplia zona gris en la que el Gobierno no quiere entrar, ya que sabe que este lucrativo turismo de fin de semana dejar�a de cruzar el puente. "Hay clubes donde se mueven las mujeres de Europa del Este, otros para las asi�ticas; tambi�n hay otros donde van las africanas", nos cuenta. En estos momentos, donde el turismo internacional ha dejado de llegar por culpa de la guerra con Ir�n, esta econom�a sumergida del alcohol y la prostituci�n nocturna se ve en el pa�s como una tabla de salvaci�n.
Muy cerca est� la base de la Quinta Flota de Estados Unidos y nos preguntamos si tanta presencia militar provoca tambi�n la llegada de prostitutas a este lugar. "Los estadounidenses llevan un tiempo de perfil bajo. Viven en hoteles para alejarse de sus bases, que han sido atacadas por Ir�n, y luego tambi�n han bombardeado esos hoteles, especialmente los de la zona de Seef", nos cuenta nuestro contacto. "Durante los d�as de ataques m�s violentos no pod�as acercarte a ning�n lugar que tuviera v�nculo con la Marina de EEUU porque era alcanzado sistem�ticamente. Ir�n tiene esp�as aqu� que han se�alado blancos con gran precisi�n", dice. "Ahora ves a los Navy SEAL vestidos de paisano como si la gente no supiera lo que son", dice el camarero de uno de los restaurantes m�s conocidos de Manama.
Hoy los buques de guerra ya no est�n all�, sino dispersos por el Golfo P�rsico para evitar ofrecer a los iran�es un blanco tan evidente, pero el saldo total de la destrucci�n provocada por los misiles y drones de Teher�n es mucho mayor al reconocido por la Casa Blanca. Un informe reciente de CNN asegura que muchas de las bases de Estados Unidos en Oriente Pr�ximo han quedado tan destruidas que son inhabitables.
La guerra con Ir�n tambi�n ha reactivado, aunque de forma contenida, la tensi�n sectaria en Bahrein, un pa�s donde la mayor�a chi� convive bajo una monarqu�a sun�. El conflicto ha reforzado la narrativa oficial que vincula cualquier movilizaci�n chi� con la influencia iran�, lo que ha llevado a un aumento de la vigilancia, controles y represi�n sobre figuras y comunidades consideradas sensibles, como los barrios donde vive esta mayor�a que, por cierto, no han sido atacados por Teher�n.
Al mismo tiempo, dentro de la poblaci�n chi� existe un malestar latente, m�s por cuestiones pol�ticas y sociales que religiosas, que en contextos de crisis tiende a hacerse m�s visible, aunque raramente se traduce en protestas abiertas debido al fuerte control estatal. Un chi� bien formado jam�s ganar� lo que un sun� con el mismo t�tulo ni tendr� las mismas oportunidades. El resultado es un equilibrio tenso: no hay una explosi�n inmediata, pero s� una polarizaci�n silenciosa en la que la guerra exterior act�a como amplificador de fracturas internas que nunca han desaparecido desde 2011.
En cuanto se elevan las tensiones, lo que cruza el puente Rey Fahd no son caravanas de j�venes ansiosos de fiesta y alcohol, sino tanquetas saud�es. Riad es el primer interesado en que Bahrein no se desmadre y hace todo lo posible por evitar que caiga en manos de una mayor�a que puede simpatizar con Teher�n, y lo mantiene con brazo de hierro.
En marzo de 2011, en pleno levantamiento por la Primavera �rabe en Bahrein, las autoridades demolieron el emblem�tico Monumento de la Perla, que se hab�a convertido en el principal punto de concentraci�n de los manifestantes. La estructura fue derribada tras la entrada de fuerzas de seguridad y tropas del Golfo, en una operaci�n destinada a borrar f�sicamente el epicentro de la protesta y evitar que volviera a convertirse en lugar de movilizaci�n.
El domingo llega el momento de los atascos en el puente, pero en la otra direcci�n. Desde esta obra fara�nica se aprecia en la distancia c�mo comienzan a encender sus luces los petroleros que esperan en el Golfo P�rsico y las llamaradas de los pozos se reflejan en el mar al anochecer. El flujo de crudo se ha detenido, pero todo lo dem�s sigue funcionando. Nuestro contacto nos ense�a una de las mezquitas m�s fastuosas del centro de Manama. Por supuesto, es sunita. "Estamos jodidos. Es el resumen que puedo hacer. Las consecuencias de esta guerra las veremos dentro de un a�o, pero ser�n terribles".
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