




























Al lado de una mesa plagada de ordenadores hay una máquina Arcade de Regreso al futuro. Apoyadas en un estante, varias pistolas Nerf, de las que se usan en el videojuego Fornite. Y citas motivadoras enmarcadas por doquier en esta oficina del centro de Madrid en la que un grupo de veinteañeros ultima los detalles de su flamante empresa, que ni siquiera es la primera, que ni siquiera ha arrancado -lo hará mañana- pero que ya tiene 3.000 personas en lista de espera. Quieren formar parte de lo que sus fundadores llaman "un marketplace que conecta a expertos -creadores de contenido y de conocimiento- con aquellos que ya los ven como mentores", que ya los admiran y quieren entablar un contacto de calidad e incluso recibir orientación profesional.
"Convierte cada mensaje que recibas en ingresos", invita la app de Roompass. Por el momento son más de 500 los especialistas inscritos en la aventura. Uno de ellos, la psicóloga e influencer Pola Jankowska, "facturó más de 5.000 euros en una semana", según los resultados del MVP que crearon para "confirmar que había mercado". Pero... ¿Qué es un MVP?
Los emprendedores Jorge Branger (27) e Iván Barrasa (22) lo explican: "Se trata de certificar que el producto es viable". O, como dice la IA, " un MVP (siglas de Producto Mínimo Viable en inglés) es una estrategia clave en el emprendimiento y desarrollo tecnológico para lanzar una versión simplificada de un producto con sólo las características esenciales".
Entre esos 500 expertos, hay nombres como Adam Cheyer, cofundador de Siri, y Jamie King, fundador de Rockstar Games y la persona detrás de videojuegos como GTA San Andreas, otro de los favoritos de nuestros protagonistas. Pero el abanico es enorme: se ha sumado el actor Mike Fajardo, Julieta Rueff, creadora de un sistema antiacoso para féminas, Catalina Hoffman, creadora del método Neurofitness, y Chema Alonso, ex Chief Digital Officer de Telefónica, entre otros.
Además, Branger y Barrasa acumulan decenas de charlas en el canal de Youtube de Roompass con figuras como Ronald G. Wayne, cofundador de Apple, Hap Klopp, fundador de The North Face, Mark Randolph, cofundador de Netflix... ¿Cómo han conseguido conquistar a tantos expertos en tantas especialidades en menos de un año? ¿Y cómo han entrado en la lista Forbes de emprendedores europeos menores de 30 años?
"Más que conquistar... Tomamos acción", responden. "Escribimos a King y nos dijo que iba a estar en el Mobile World Congress en Barcelona, así que le respondimos que nosotros también, cosa que no era verdad, pero le dijimos que nos veríamos allí. Luego fuimos a pillar las entradas y eran 900 euros cada una. Fue como si mil piezas de puzle acabaran encajando. Quedamos con él, tuvimos feeling', y ahora él es socio de Roompass, ¡el tío que creó uno de nuestros videojuegos de cabecera! Creo que la clave es una mezcla de picardía, ganas y confianza en que todo es posible", resume Branger, que a su espalda ya tiene la creación de una agencia de marketing y una empresa de bebidas que se llama Buzz.
"Yo creo que esta gente, que ya 'se ha pasado el juego', el de Siri, el de GTA, que han creado cosas increíbles, saben identificar muy bien a los que tienen un potencial parecido al suyo y eso les interesa, se acuerdan de cómo eran ellos cuando empezaban...", añade Barrasa que, como su socio, ya había puesto en marcha proyectos en solitario antes de Roompass. Con 13 años empezó a programar y, con 17, fundó la red social de gaming Nexbi, que tiene más de 500.000 usuarios. La especialidad de Branger es el marketing y la de Barrasa la programación. Desde que se conocen tienen la sensación de haber encontrado un 'partner in crime' de por vida.
Y ya tienen sus propios y particulares ritos, como llamarse a sí mismos "el club de las tres de la madrugada" Desde jovencitos conocen la adrenalina de que se pasen las horas creando . Ahora, son capaces de pasar las madrugadas enfrascados en sus proyectos. Otra de sus máximas es que "la siesta española se ríe del sueño americano" y, cuando se conocieron, decidieron sentar su base de operaciones en el bar que les vio darse la mano por primera vez, La Ermita de Daser, en el Barrio de Salamanca. Pensaron: "Las grandes innovaciones nacieron en un garaje, siempre en un garaje, pero estamos en España y aquí las cosas se gestan en los bares".
"Un proyecto se estaba macerando en mi mente", comienza Branger, "y necesitaba un compañero de aventuras así que comencé a hacer publicaciones en mis redes buscándolo. Mi perfil es más de comunicación y, en mi círculo, es muy raro ver perfiles tan artísticos, porque yo a los programadores los considero artistas: crean y materializan algo en digital".
A una de esas publicaciones respondió un amigo, que le dijo: "Hay un tío en mi empresa que consiguió el trabajo a raíz de hackear sus servidores". Y Branger comenzó a volverse loco: "Me pareció digno de Hollywood y le pedí que nos cruzara mensajes. Al principio me costó seducirlo, pero pronto vimos los puntos en común: yo también era la oveja negra de pequeño, a mí también me fue mal en el sistema educativo, ambos disfrutamos de los videojuegos...".

En el otro lado de la trinchera, Barrasa, un programador precoz al que le interesaba mucho la ciberseguridad "desde que hackearon su primera obra, un servidor en castellano del videojuego Arma 3". "Tenía 13 años y quería jugar en español, así que aprendí computación para conseguirlo", relata. Y también que, a lo largo de su vida académica, le expulsaron de tres institutos. "Yo no atendía, no veía, estaba en clase siempre pensando en programar, que es lo que hacía en todas mis horas libres".
Luego pasó a un FP medio de telecomunicaciones porque no entró en el de programación. Las cosas no le fueron mejor. "Tuve un encontronazo con un profesor, que me aseguró que acabaría mendigando dinero y me expulsó un mes entero, así que tuve que cambiarme de instituto. Gracias a la vida ya en FP superior estudié programación, que es lo que me interesaba".
Pero le volvieron a echar porque hizo un trabajo con tres compañeros que no sabían programar y el profesor se pispó. "Me dijo 'hay dos opciones, o te pongo un 10 y les suspendo a ellos u os pongo a todos un 5'. Le dije que no me importaba la nota, que nos pusiera un 5 a todos, pero se acabó engorilando mucho y, como me iba a tocar con él en el segundo año, volví a cambiarme de instituto". Finalmente, en uno de Móstoles, consiguió presentar un trabajo final, un juego matemático que pronto alcanzó 600.000 usuarios.
-¿Cómo acabaste trabajando para una compañía tras comprobar que podías acceder a su sistema interno?
-Es una empresa muy grande, una cadena, y tuve acceso a todo su sistema. Increíble, datos, facturación, todo... Lo que hice fue llamar al dueño y al CEO de España para avisarles de que había encontrado vulnerabilidades. Me ofrecieron trabajo pero yo sólo tenía 16 años. Les pedí que esperaran a que terminara los estudios. Entonces les llamé y me contrataron, eso fue el año pasado...
Barrasa acabó dejando ese trabajo para arriesgarse y crear, junto a Branger. Roompass. "Es muy difícil acceder a ciertas figuras, hay muchas barreras, pero esas mismas figuras pueden ser grandes mentores. A la hora de emprender, por ejemplo, es fundamental el círculo del que te rodeas. Si te relacionas con emprendedores, acabarás emprendiendo, pero es complicado acceder a los que están más arriba. Nosotros identificamos eso y lo que Roompass hace es, básicamente, ayudar a democratizar el acceso a cualquier experto, inversor o emprendedor, al que se le puede mandar una pregunta y que conteste en nota de voz".
Y las posibilidades van en aumento: "Una videollamada, un café... Y no serán sólo emprendedores o influencers, podrán ser jugadores de tenis, artistas, músicos... Lo que queremos es democratizar el acceso 'humano', especialmente hoy en día, cuando la inteligencia artificial está pegando fuerte y nos pasamos el día hablando con robots", detalla Branger. Y añade: "Creemos en el conocimiento humano porque las vivencias, las experiencias y los fracasos son únicos e intransferibles pero pueden servir a otros a conseguir sus objetivos. Y esa es la misión, crear lo que nosotros llamamos 'la sala VIP más grande del mundo': tener acceso a la persona que quieras en dos clics".
Así que, además de las reuniones en La Ermita, que empezaron el pasado noviembre, se fueron unos días "a un pueblo cerca de Toledo, para encerrarse y sacar adelante el proyecto". El problema, si es que se le puede llamar así, fue conseguir la aprobación de Apple para salir en su Store. "Nos la dieron hace nada, literal", apunta Barrasa. "Hemos estado más de dos meses con este tema, pico y pala, pico y pala. Llamadas con Apple, mensajes con Apple, que te pide que cambies una cosa, que añadas otra... "
-¿Qué os pedían exactamente?
-Implementar la plataforma, por ejemplo que se pueda denunciar a un usuario, o bloquearlo o borrar un mensaje. Apple te pide eso para que cumplas sus controles de seguridad. También nos pidieron un sistema de moderación muy completo. Muchas cosas que no teníamos en el mapa.
Hasta que, por fin, consiguieron hablar con uno de los responsables por teléfono. "Le explicamos todo y una hora después nos llegó el email de 'enhorabuena, habéis sido aceptados'. Fue como dejar caer una mochila llena de piedras, una satisfacción enorme".
En todo ello también ha sido imprescindible Álvaro, el chaval que acompaña en las fotografías a esta pareja de innovadores madrileños. "Está en prácticas con nosotros, fui a buscarlo al último instituto en el que estuve, el de Móstoles". Un instituto por el que Barrasa pasó prácticamente ayer. Entusiastas, quizá por juventud, quizá por talento o seguramente por ambas razones, diríase que los creadores de la sala VIP más grande del mundo lo han conseguido.
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