Statu Quo
Los tecn�logos ven cercano el momento en que la IA pueda perfeccionarse a s� misma en un bucle exponencial

Un robot bombero que apaga fuegos en entornos extremos creado con IA.EFE
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Hace m�s de 70 a�os, la imaginaci�n del matem�tico John von Neumann intuy� la explosi�n de la inteligencia no humana y su capacidad de mejorarse a s� misma. Anticip� la llegada de una era de m�quinas autorreplicantes, capaces de reproducirse y mejorarse sin contar con los humanos. Los herederos intelectuales de Von Neumann completaron despu�s la idea: so�aron con una sonda espacial rob�tica -la sonda Von Neumann- que pudiese alcanzar otros sistemas solares en el futuro, aterrizar en planetas en los que extraer materias primas y construir con ellas nuevas sondas similares para conquistar otros rincones del universo. La serie se repetir�a sin descanso como un proceso v�rico, aumentando exponencialmente hasta los l�mites del cosmos.
A lo largo de la Historia, el ser humano ha creado herramientas para reducir el esfuerzo f�sico y multiplicar la productividad, siempre con consecuencias sociales. Ahora el v�rtigo es mayor. No solo por la aparici�n de nuevos artefactos a�n m�s sorprendentes, sino porque los tecn�logos ven cercano el momento en que la herramienta -la IA- pueda perfeccionarse a s� misma en un bucle exponencial. Jack Clark, cofundador de Anthropic, ha escrito estos d�as que cree que eso ocurrir� antes de 2029. Para entonces, calcula, los modelos ser�n capaces de reformularse y pulirse sin intervenci�n humana. "Cruzaremos el Rubic�n hacia un destino impredecible", ha dicho.
Es posible que su predicci�n sea solo una muestra del marketing desasosegante de los gur�s futuristas, que alimentan por igual la esperanza y el horror que despierta un sistema con posibilidades infinitas. Pero, si realmente se cumple su pron�stico, entraremos en una fase in�dita, porque el ser humano habr� dejado de construir herramientas controlables. Ser�n las propias herramientas las que den los pasos siguientes a un ritmo cada vez m�s acelerado. Multiplicar�n la productividad, quiz� fabriquen compa��as de aut�matas que comercien y dialoguen entre s�, y cuestionar�n el papel del trabajador humano que, hasta ahora, obten�a un salario para subsistir, animaba el consumo y hac�a funcionar la econom�a.
Nuestra evoluci�n dej� de ser lineal hace m�s de tres siglos, pero en los �ltimos 25 a�os la din�mica exponencial de la viralidad lo ha impregnado todo, inyectando una profunda sensaci�n de v�rtigo, a veces paralizante y otras excitante. Todo explota al mismo tiempo: la ciencia, la comunicaci�n, el consumo, la pol�tica... No hay capacidad para entenderlo todo, para seguirlo todo. Ni siquiera para gobernar los cambios.
El tiempo de los hombres y el de las m�quinas parece haberse desacoplado. En el pasado, los cambios m�s revolucionarios trajeron consigo tensiones, ajustes y avances, desequilibrando primero el orden laboral, creando nuevas categor�as sociales, descarrilando a veces en conflictos y construyendo despu�s etapas de prosperidad y derechos una vez colocadas las piezas.
La polvareda tecnol�gica impide ver ahora qu� quedar� despu�s, cuando el polvo se pose de nuevo. De momento, tendremos que aprender a vivir en medio de una tormenta de arena.




























