Tras disparar la audiencia de RTVE con su 'Late Xou', el presentador catalán se estrena en laSexta con 'Cara al show' y el objetivo de seguir sacando de quicio a la carcundia nacional... "A mí me da igual que me señale la ultraderecha. Son ellos los que tienen que tener miedo de nosotros"

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Se abre el telón (o quizás es sólo la puerta de un taxi) y aparece Marc Giró en plena Gran Vía de Madrid para presentar en un hotel de la capital su nuevo programa de televisión. Cara al show con la camisa nueva... Cuadros vichy en azul y blanco, cuello de corte italiano, corbata verde de estampado british y traje sport en azul marino. En el bolso -un bolsazo enorme de Louis Vuitton- lleva la prensa del día y un tubito de crema para las manos.
-¿Quieres un poco?
-No, gracias.
-¿Eres heterosexual?
-¿Yo? Sí.
-Ya...
Marc Giró sonríe, hace muecas, abraza y saluda hasta a las macetas. Habla sin parar. Habla mucho. Muchísimo y a toda mecha. Habla de sí mismo igual en masculino que en femenino. Incluso en neutro. Te coge por el brazo como las amigas de tu madre para que no te escapes y luego posa con la disciplina de una modelo de pasarela y la expresividad de un mimo. Lleva tantas semanas de promoción que hasta él mismo duda si su nuevo programa no será la dichosa promoción en sí misma. Tras casi tres años disparando la audiencia al frente de Late Xou en RTVE -primero en Cataluña y luego en toda España- el barcelonés anunció el pasado enero su fichaje por laSexta. Cara al show, que así se llama su nuevo formato, se estrena esta noche.
A sus 51 años, Giró se ha convertido de un plumazo en una estrella mediática. Analista de moda, presentador, pijólogo de cabecera, xouman y cabaretera de ascensor. Sus sátiras en prime time le valieron el Premi Nacional de Comunicació en Cataluña y el Ondas de televisión. También la tirria de la carcundia nacional.
- ¿Qué ha pasado en este país para que de repente los obreros voten a la ultraderecha y un socio del Real Club de Polo de Barcelona con bolso de Louis Vuitton se convierta en el azote de los fachas?
- ¿Qué ha pasado? Bueno... Espérate. ¿Lo puedo pensar?
Y por primera vez, el verborreico Marc Giró se queda en silencio.
(...)
"Aquí pon entre paréntesis que se pensaba mucho las respuestas", ordena. Y sigue pensando.
(...)
"¿Qué ha pasado...? Bueno, yo no sé qué le habrá pasado a la gente que vota o quiere votar a la ultraderecha, pero desde aquí les animaría a que no lo hicieran. Por su propio bien. Porque votar a la ultraderecha acaba siempre en desastre. El fascismo siempre acaba destruyendo la democracia. Y ya sabemos que la democracia es imperfecta y lo que ustedes quieran, pero está por la redistribución de la riqueza y por la paz de los cuerpos y las almas de sus convocados. Y respecto a lo otro, creo que usted tiene una visión sobre mí y sobre mi blasón algo distorsionada. Hay gente que cree que yo soy más pijo y más señorito de lo que soy porque soy alto, rubio y de piel blanca, pero no es oro todo lo que reluce".

Licenciado en Historia del Arte, Giró trabajó como editor de moda en la revista Marie Claire durante casi dos décadas. Eran esos tiempos en los que tenía la nevera vacía, pero el armario lleno de pradas y vuittones. En 2019 empezó a presentar Vostè primer (Usted primero) en RAC1 y en 2023 dio el salto a la tele para hacerle un traje a la actualidad cada noche.
- ¿Alguna vez se imaginó usted como portavoz mediático del discurso antifascista?
- No lo pienso mucho. Yo soy del 74 y teniendo yo mis cositas y siendo mariquita, siempre se me ha dicho que me podía expresar libremente. Ese es mi superpoder. Mi superpoder es la democracia. Luego tengo acceso a la información y me lo trabajo. Leo muchos periódicos y tengo el privilegio de poder opinar y que me paguen por expresarme. Es mi trabajo y lo hago a conciencia. ¿El resultado es que soy el azote de la derecha? Pues allá ellos.
- ¿Y no pesa?
- No, no. A mí me encanta la política y me encanta hablar de lo que pasa. Además, soy muy socrático. La igualdad, como creía Sócrates, pasa por reconocer la inteligencia del otro, su opinión y sobre todo, su verdad. Yo comprendería que su verdad y la mía no tengan nada que ver. Esa es la gracia. Pero de forma socrática le voy a intentar seducir y voy a hacer todo lo posible para crear un ambiente positivo y agradable, ya sea en un bar, en un parlamento, en un banco o después de follar, fumándonos un porro después del polvo. Ese es el juego. Yo creo que hay que hablar de política, de la polis, de lo público. Y hay que hacerlo en la plaza pública, en espacios amplios, anchos, aireados, para que la gente pueda expresar lo que sea. Yo no tengo ningún problema. Otra cosa es la violencia, pero a mí que me insulten por las redes no me preocupa. No me parece un mal sitio para debatir lo que haga falta.
- ¿Le insultan mucho a usted?
- Sí, claro. Maricón, rojo, catalán de mierda... Todo esto y cosas muchísimo más creativas. Pero a mí el desbrave no me asusta. Me preocupa más la violencia. Por eso soy antifascista. El fascismo, el autoritarismo, lo dictatorial es una posibilidad que siempre cabe y nos ronda continuamente. Es terrible y yo, perdóneme, lo voy a combatir.
- El otro día leí un estudio hecho en Estados Unidos que dice que la gente de derechas es más feliz que la gente de izquierdas, que presenta síntomas de depresión.
- Es que lo de ser de izquierdas tiene que ver con tener una visión global del asunto. Te acaba importando el bienestar de todos y eso es una ambición descomunal. La gente de derechas suele estar más preocupada por lo que pasa en su núcleo más reducido, son más tribales.
- ¿Se puede ser de izquierdas en estos tiempos y ser feliz?
- Yo soy como Rufián, soy optimista. Y pienso con perspectiva histórica. Al final las personas de izquierdas siempre acabamos teniendo razón. Poder divorciarse, poder ejercer tu sexualidad y tu deseo, poder hablar la lengua que tú quieras, donde quieras y cuando tú quieras... Y encima, si luego te falla todo, que el sistema te pueda recoger. Nada más. Entiendo que haya señores y señoras conservadoras, pero que no teman, que no vienen los bolcheviques ni vamos a asaltar el Palacio de Invierno. No estamos en eso. Que se queden con lo suyo, pero que abran la valla para que podamos pasar. El derecho de paso, eso es lo que reivindico yo.
- ¿Es usted feliz?
- Sí, bueno, es que yo no soy nada depresivo. Tampoco la felicidad me parece un hito. Yo estoy contento y estoy tranquilo.
- Hace unos meses, con el éxito de Late Xou, decía que si algo funciona no hay por qué cambiar. ¿Por qué cambia ahora?
- A veces para que todo siga igual hay que cambiar. Yo me voy a laSexta porque soy gatopardiano.
- ¿Entonces no ha huido de TVE antes de que entre Vox con la motosierra y el lanzallamas?
- A mí eso no me da miedo. Yo no sé si estoy señalado por la ultraderecha, pero me da igual. No es que ellos me estén señalando a mí, es que somos nosotras, las demócratas, las que les miramos a ellos muy, muy de cerca. Es la ultraderecha la que tiene que tener miedo de los demócratas. Son ellos los que deberían tener cuidado. ¿Estamos?
En septiembre del año pasado, tras uno de sus ácidos monólogos sobre "la persecución del varón español", un diputado de Vox anunció que el presentador catalán sería despedido "fulminantemente" en cuanto su partido llegase a RTVE. Esa noche, su programa superó la media de audiencia de La 1. Y Giró superó la media de insultos por segundo en las redes sociales. Lameculos, muñeco diabólico del PSOE, subnormal, payaso, chapero... La Mary Poppins maricona, le llamaron. Todo muy súpercalifragilísticoespialidoso.

- ¿Cómo ha sido lo de lidiar con el éxito y la fama, para bien y para mal, con más de 50 años?
- Esto de la fama yo no sé cómo funciona en otros casos, pero a mí me parece una oportunidad. La televisión es muy invasiva y se te acerca por la calle gente que cree conocerte, y a mí eso me parece un privilegio y una responsabilidad.
- ¿Y no le agobia?
- Me gusta. Soy una persona responsable y esto me obliga a estar concentrado. Como los bomberos cuando están en el parque. También es verdad que yo soy simpático en el sentido de musical: me gusta la gente, me interesa la gente. Cuidado con pararme a mí, porque me puedo enrollar y he tenido debates de media hora en mitad de la calle. El otro día me puse a discutir sobre la Ley de la Vivienda con una señora en un paso de peatones de la calle Aragón, que hasta nos pitaban los coches. Les paro a todos, a los que me dan las gracias por el programa y también al que me llama rojo de mierda.
- De todo lo que le llaman, ¿hay algo que le duela especialmente?
- Es que yo he sido mariquita antes que fraile. Soy un privilegiado y no me han insultado demasiado ni me han hecho bullying, ni soy un perseguido, ni he tenido grandes episodios de estas características. He crecido en un entorno civilizado, que es una cosa que recomiendo muchísimo porque muchas veces todo esto de los derechos humanos tiene que ver con la educación. Creo que tenemos que aprender a pensar al otro en silencio. A mí también me angustian muchas cosas de los demás o me asquean, pero no se lo voy a decir a la cara así de buenas a primeras.
- ¿Hay algo que vaya a decir a los espectadores de laSexta que jamás se hubiese atrevido en TVE?
- Probablemente sí.
- ¿Por ejemplo?
- Iré un poco más allá.
- ¿En qué sentido?
- Pues en todos.
- ¿En qué se va a diferenciar ‘Cara al show’ de ‘Late Xou’?
- Lo voy a seguir presentando yo y, como la cabra tira al monte, pues el balido será similar. Y luego estamos en un momento en que se pide novedad, pero nos hemos olvidado de la chistera y el conejo. Cuando aparece un mago en escena con una chistera, tú sabes que va a sacar un conejo, pero aun así te sigue sorprendiendo. Pues eso es lo que va a pasar en mi programa. Va a haber una chistera y yo voy a sacar el conejo. Y aun así, va a seguir sorprendiendo.
- ¿Alguna vez ha echado de menos volver a escribir de moda?
- No soy nada nostálgico. Yo he sido muy feliz y muy infeliz a la vez, así que no soy una entusiasta. Ahora, si me pregunta usted si quisiera volver a los 16 años. Pues ni hablar. Yo lo que quiero ahora es vivir bien para morir bien.
- ¿Qué quería ser de mayor cuando tenía 16?
- Nada. No tenía ambiciones. Ni siquiera ahora. Sólo quiero que el show dure lo máximo posible y coger velocidad de crucero. Me gustaría jubilarme como esos presentadores anglosajones que tienen 70 años y siguen con su programa. Bueno, yo 70 no, 65.
- ¿Y si las cosas se tuercen y acaba convertido en un juguete roto de la tele?
- Eso no va a pasar porque no me tengo yo por una estrella de la tele, así que no me voy a estrellar. Eso lo primero. Y luego yo soy austero. Si tengo que comer cartulina, me voy a alimentar con cartulina. No voy a tener problemas. Como soy de clase trabajadora, en el sentido de que tengo que trabajar para tirar para adelante, pues tengo esa mentalidad metida en la cabeza. No soy zángana.
"Pablo Motos y yo somos la gran pareja televisiva del momento. Es más, me gustaría ir a vivir con Pablo Motos y su mujer, que le tengo muhco cariño"
- Buscando información sobre usted para preparar la entrevista, Google me sugería todo el rato las búsquedas más frecuentes sobre usted.
- Ah, qué bueno.
- Se las voy a transmitir para resolver de una vez las dudas de los españoles... La primera: ¿quién es Marc Giró?
- Bueno, que miren el programa y lo van a descubrir. Antes decía que era un titiritero. Ahora solo voy improvisando. Soy un improvisador.
- Otra pregunta muy habitual es sobre su pareja, Santi Villas, director del programa. ¿Cómo es trabajar con su marido?
- Yo sólo intento que trabaje él más que yo. Santi Villas ama muchísimo la televisión, sabe muchísimo de televisión y su vida es hacer televisión. Creo que es buen jefe, porque es muy creativo y además es justo. Es un tipo que siempre acaba teniendo razón. Y yo, que tiendo a salvaje, soy obediente porque me fío de él. A mí me ha dirigido muchísima gente, pero posiblemente el mejor director que he tenido ha sido mi marido. Hay que joderse también.
- ¿Discuten más en casa o en plató?
- A mí me gusta discutir. La discusión tiene muy mala prensa, pero a mí me gusta discutirlo todo. Si tengo dudas, las expreso. Si tengo rucu rucu, lo digo. Sin ser pasivo agresivo, y con tacto, pero hay que expresar las emociones.
- "Marc Giró + polémica"...
- Es que la polémica es consustancial a este trabajo. Es que si no hubiera disenso, esto sería un rollo patatero.
- ¿No le preocupa contribuir a la polarización de este país?
- Es que yo no sé a qué se refieren con esto de la polarización. Normalmente está en contra de la polarización la gente que se puede permitir polarizar. Y yo creo que hay cosas que hay que polarizar. Esto es muy sencillo. ¿Nosotros estamos a favor o en contra del genocidio en Gaza? ¿Usted está a favor o en contra del feminicidio? ¿Está a favor o en contra de que se regule el precio de la vivienda? Yo estoy a favor de que se regule, pero que se regule a niveles increíbles. Luego te dicen que si los matices y los grises. Pues bien, para matices ya están los poetas y las novelas. "Es que usted es un antifascista". Ah, ¿pero usted no? Pues dígamelo y hablamos a partir de ahí si quiere.
- Otra tendencia en Google es "Marc Giró en El hormiguero".
- Me encantaría volver. Aunque parezca increíble, admiro muchísimo a Pablo Motos. Tiene un equipo buenísimo y hace un programa extraordinario. A mí me encantaría volver a El hormiguero y me gustaría que Pablo viniera de invitado a mi programa. Es más, creo que Pablo y yo somos la gran pareja televisiva del momento. Es más, me gustaría ir a vivir con Pablo Motos y su mujer, que aparte le tengo muchísimo cariño. Fíjate lo que te digo.
- La última búsqueda es "Marc Giró + alcohol". ¿Por qué decidió hacer público su alcoholismo?
- Porque ya estaba hasta los cojones de que me dijeran: ‘¿Quieres otra copita? Venga, pero bebe algo, hombre, bebe algo...'. Pues no, mira, soy alcohólico. Hasta luego. A tomar por culo.
- ¿Qué vicios tiene ahora?
- No me interesa la adicción. Yo es que estoy por el diálogo y la adicción siempre provoca una conversación desigual. Cualquier adicción, incluso a nivel de identidad, nacionalismo, química, física cuántica, lo que sea, religiosa, espiritual, lo que sea, no te permite dialogar contigo mismo ni estar abierto a los demás.
- Hace unos años me dijo que la libido le salvó de una carrera delictiva. Había estado a punto de robar un cuadro de Picasso en Sitges, pero se echó novio y se olvidó del cuadro.
- Fíjate, todavía tengo ese cuadro en la cabeza.
- Podría haber acabado en el caso Ábalos, que ahí no faltan ni libido ni delitos...
- Perdóneme, pero a mí no hay ningún señor que me tenga que pagar nada porque yo soy feminista.
- ¿Y si se termina lo de la tele y Pedro Sánchez le ofrece un ministerio como a Máximo Huerta?
- ¿Ministro? Mira, que no acabe ofreciéndole yo a Pedro Sánchez una sección en mi programa.


























