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La exposición al humo del tabaco, una alimentación desordenada, enfermedades como la diabetes o la hipertensión arterial y ciertas alteraciones placentarias son, entre otros, algunos de los detonantes durante el embarazo más conocidos y estudiados que pueden derivar en un parto prematuro o en que el bebé presente un bajo peso al nacer.
Pero, además, las mujeres también pueden enfrentarse a otros factores 'invisibles' que se utilizan en el día a día y que también pueden desembocar en una inadecuada salud perinatal. Se trata de sustancias químicas que se están en los alimentos, el agua, la contaminación atmosférica, productos de cuidado personal, fragancias y otros objetos domésticos.
De este modo, se manifiesta en uno de los estudios más extensos realizados hasta la fecha sobre la exposición a sustancias químicas durante el embarazo. Se trata de una nueva investigación dirigida por especialistas de la Escuela de Salud Pública Global Gillings de la Universidad de Carolina del Norte, la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y el Instituto Woods para el Medio Ambiente, todos en Estados Unidos.
El estudio concluye que las embarazadas están expuestas a decenas de sustancias químicas cotidianas, muchas de las cuales pueden influir en la edad gestacional o el peso al nacer del bebé. Estas consecuencias repercuten en la salud del niño a lo largo de su vida, según la investigación publicada en JAMA Network Open.
A través del análisis, las embarazadas participantes en el estudio estuvieron expuestas a un promedio de 45 sustancias químicas diferentes, entre ellas ftalatos, plastificantes de reemplazo, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y fenoles halogenados, presentes en productos que se utilizan diariamente.
Según Jessie Buckley, primera autora, doctora en Epidemiología y profesora de la Escuela Gillings, es difícil evitar estas sustancias químicas porque se encuentran en una amplia gama de productos que se usan a diario. Puede ser complicado saber si los productos las contienen e, incluso cuando se sabe, el control sobre la exposición es limitado. "Existen, no obstante, algunas medidas prácticas que las personas pueden tomar. Reducir la exposición a sustancias químicas nocivas en su origen es la forma más eficaz de proteger a los niños y las familias".
Los ftalatos y los plastificantes sustitutivos, en particular, se encuentran en muchos productos para el cuidado del bebé, cremas para pañales, champús e incluso juguetes, entre otros. En 2017, la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor de Estados Unidos prohibió de forma permanente o limitó drásticamente el uso de ocho ftalatos comunes en juguetes y productos infantiles debido a que la exposición a estos puede tener efectos nocivos para la salud.
Sin embargo, esta medida no abarcó otros productos, incluidos los utilizados durante el embarazo. En el nuevo análisis se han hallado varios ftalatos adicionales, incluidos los que sustituyeron a los ftalatos prohibidos, y sustancias químicas plastificantes en muestras de mujeres.
El estudio incluyó a más de 5.000 parejas de madres e hijos nacidos entre los años 2000 y 2021, y recopiló datos sobre sustancias químicas presentes en muestras de orina materna, duración del embarazo y peso al nacer. Los investigadores analizaron 113 sustancias químicas comunes en los hogares, el aire, los alimentos y el agua, y descubrieron que, en promedio, 45 estaban presentes en cada muestra (el máximo observado fue de 64). Posteriormente, el equipo examinó cómo las diferencias en la edad gestacional y el peso al nacer se relacionaban con la exposición a estas sustancias químicas.
Varios ftalatos y plastificantes alternativos mostraron una asociación consistente con partos prematuros. Los ftalatos, los plastificantes de reemplazo y los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) también se vincularon con un menor peso al nacer. Algunos compuestos químicos menos estudiados que los investigadores identificaron, incluidos los fenoles halogenados, también se asociaron con un menor peso al nacer.
Se identificaron, además, plastificantes introducidos recientemente para reemplazar sustancias químicas tóxicas como los ftalatos. Sin embargo, estas nuevas sustancias tuvieron efectos en la salud similares a los de las sustancias químicas a las que reemplazaron.
Estos hallazgos, según Tracey Woodruff, doctora en Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Stanford, subrayan la necesidad de políticas más estrictas para proteger a la población de las sustancias químicas tóxicas. "Por ejemplo, descubrimos que varias sustancias químicas más recientes, utilizadas para reemplazar a las tóxicas, también son dañinas, lo que pone de manifiesto la importancia de evaluar adecuadamente las sustancias químicas nuevas y las de reemplazo antes de su comercialización".
Recalca esta experta que los organismos gubernamentales que evalúan los riesgos para la salud de sustancias químicas tóxicas como los ftalatos deberían incorporar sus hallazgos para reducir la exposición y garantizar embarazos más saludables. "Esta investigación, junto con otros hallazgos similares, pone de relieve la importancia de reducir la exposición a sustancias químicas que afectan al embarazo, ya que incluso pequeños cambios en el peso al nacer o la edad gestacional pueden tener repercusiones significativas en la salud de los niños", afirma Buckley.
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