



















"Jam�s un pincel contuvo tanto sol"... La frase se le atribuye al pol�tico y polemista Henri Rochefort en 1906, el a�o en que Joaqu�n Sorolla deslumbr� en Par�s con 450 obras desplegadas en la galer�a de Georges Petit. Seis a�os antes, hab�a conquistado el Gran Premio de la Exposici�n Universal de 1900 en la capital francesa, precedido de todo el reconocimiento que logr� en el mercado art�stico franc�s con El regreso de la pesca, hoy exhibido en el Museo de Orsay.
La famosa cita de Rochefort cobra ahora una nueva dimensi�n, escrita en la pared junto a Clotilde en la playa, un retrato con fondo marino fechado en Valencia (1904) con el que Sorolla reivindica su condici�n del maestro de la luz, como dice el t�tulo de la exposici�n que acaba de abrir sus puertas en la Fundaci�n Bemberg de Toulouse. "La cr�tica reconoci� a principios del siglo XX a Sorolla como un gran maestro que lamentablemente no es franc�s", recuerda Enrique Varela, director del Museo Sorolla de Madrid, que ha cerrado sus puertas por renovaci�n hasta 2028 y ha cedido 65 obras para la exposici�n. E incide: "Par�s fue su punto de encuentro con las corrientes art�sticas y tambi�n su catapulta. Despu�s llegar�a Londres y finalmente su consagraci�n en la Hispanic Society de Nueva York".
Para saber m�s
La muestra en Tolouse es la cuarta de Sorolla en las �ltimas dos d�cadas en suelo franc�s, pero la mirada est� puesta a finales del 2027 donde se plantea una retrospectiva en el Petit Palais de Par�s, el mismo lugar donde el valenciano inici� su particular reconquista art�stica con una muestra compartida con el americano John Singer Sargent, con quien mantuvo cierta amistad y afinidad art�stica.
"En Francia no se ha reconocido a Sorolla como se merece con el paso del tiempo", admite Ana Debenedetti, directora de la Fundaci�n Bemberg y co-comisaria de la exposici�n junto a Enrique Varela. "Se le etiquet� como postimpresionista antes de la llegada de las vanguardias y de la pintura abstracta. Pero �l no busc� simplemente hacer algo despu�s del impresionismo, sino que plasm� una visi�n muy personal, marcada sobre todo por su tratamiento de la luz", ahonda.
Varela, por su parte, recuerda c�mo el contacto de Sorolla en Par�s con los pintores naturalistas como Jules Bastien-Lepage y con los n�rdicos como Anders Zorn dej� su impronta en su obra. "Su ambici�n era estar al d�a y triunfar en ese escenario. A Par�s llega por primera vez durante su beca en Roma, donde est� muy en contacto con los artistas espa�oles. Uno de ellos era Pedro Gil, con quien entabla una gran amistad. Par�s era el lugar para los artistas y es �l quien le invita a una primera y larga estancia en la capital francesa que marcar� su vida y su obra".
El mar abarca una tercera parte de la exposici�n El maestro de la luz, con estampas mediterr�neas tan conocidas como El ni�o de la barquita y Cabeza de pescadora o Rosa, junto a sus singulares inmersiones en el Cant�brico con Sobre la arena, playa de Zarauz y Contraluz. Una amplia colecci�n de sus obras de peque�o formato, bautizadas por �l mismo Notas de color, ilustra su experimentaci�n art�stica con el movimiento incesante del agua, la intensidad de los reflejos y los efectos atmosf�ricos que empapan sus pinturas al aire libre.
Pintando mi pa�s y mis compatriotas da t�tulo al segundo bloque de la muestra, que se abre con la emblem�tica Madre, un �leo que capta la intim�sima relaci�n de su esposa Clotilde con su hija reci�n nacida, Elena, acostadas las dos y casi totalmente tapadas por una colcha blanca. "Era el verano de 1895 y deb�a hacer mucho calor en Valencia", apostilla Fabiola Lorente-Sorolla, bisnieta del pintor, que puso la nota personal en la presentaci�n en Toulouse. "Cuando les explico esta obra a los ni�os, les cuesta creer que esa ni�a reci�n nacida es mi abuela", relata esta artista y profesora, apuntando a la cabecita risue�a de Elena. "Me miran incr�dulos y me dicen '�ser� al rev�s!'. Y entonces les invito a hacer un viaje en el tiempo y a fijarse en los incre�bles detalles del cuadro, como esa mano protectora de la madre hacia su hija en medio de un mar de blancos".
Enrique Varela recalca sobre la marcha el elemento invisible del cuadro: la felicidad del padre al contemplar la escena, al reflejar esa mezcla de alivio y agotamiento en la expresi�n de la madre y la fragilidad de la reci�n nacida a su lado. La obra, expuesta en el Museo del Impresionismo de Giverny, fue calificada por la cr�tica como "una obra maestra absoluta" y como "una composici�n de una profunda gravedad y de una interpretaci�n art�stica magistral".
Pese a la maestr�a demostrada en sus retratos (m�s de 500 en su vida), Valera recuerda c�mo Sorolla "no disfutaba" precisamente haci�ndolos, aunque durante un tiempo le dieron prestigio y sustento econ�mico. Para �l, posaron Alfonso XIII, el presidente norteamericano William Howard Taft, Ram�n y Cajal, Perez Gald�s, Antonio Machado, Emilio Castelar y Blasco Ib��ez entre muchos otros. La popular�sima Raquel Meyer se lleva la palma en Tolouse, en protagonismo compartido con su compa�ero sentimental Joaqu�n Sorolla (hijo) y con la tambi�n actriz Catalina B�rcena.
El �ltimo tramo de la muestra est� dedicado a la faceta de Sorolla como pintor de jardines, con paradas en La Granja, el Real Alc�zar de Sevilla y la Alhambra de Granada, lejana inspiraci�n para su casa en el paseo del Obelisco de Madrid (hoy Paseo del General Mart�nez Campos) que se hizo construir en Madrid. Como Monet, Sorolla se hizo jardinero y encontr� en la naturaleza dom�stica la inspiraci�n y el refugio art�stico en la �ltima etapa de su vida... "La luz, siempre la luz".
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