Vuelve este domingo a la Corrida de Beneficencia con sus 20 años de alternativa recién cumplidos, el décimo aniversario de una fotografía icónica y el éxito de la reciente feria de Madrid

Alejandro Talavante, en plena Gran Vía de Madrid, con un limpiabotas de México.
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Alejandro Talavante (Badajoz, 1987) vuelve sobre los pasos de su historia con la mirada serena. La fugacidad del tiempo no desata nostalgias en este hombre calmado que habla durmiendo las palabras. Habíamos apalabrado, precisamente, la entrevista antes de que sucediese su nueva proclamación por la Puerta Grande el pasado 8 de mayo con una faena esférica que nos devolvía al torero añorado, al torero exigido, quizá también perdido, y, en definitiva, a la mejor versión de todas las versiones de Talavante que habitan en Talavante.
Su posterior designación como triunfador de la feria de San Isidro o su regreso a la Corrida de la Beneficencia el inminente 14 de junio afianzaban nuestro encuentro, pero no armaban el motivo último: revisitar la Gran Vía de Madrid en busca de aquel instante que plasmó José Aymá en una fotografía ya legendaria hace diez años exactamente. La suerte nos hizo tropezar entonces con un limpiabotas mexicano en la boca taponada del abandonado Palacio de la Música. Una década después, la escena se repite, de otro modo, con un limpia, también de México, que asegura ser el mismo del retrato de Aymá. «Eso es imposible», concluimos contrastando la imagen con la realidad. La necesidad agudiza el ingenio; también el hambre. Alejandro se ríe con picardía. No caemos en la cuenta de que ninguno de nosotros somos los mismos, diez años después.
- Ha pasado una década desde aquella foto icónica en la Gran Vía. Desde entonces, ha pasado por una retirada, una pandemia y un regreso. ¿Qué ha cambiado en usted?
- Lógicamente, han cambiado cosas porque el hombre de ayer no es el de mañana. Y la vida fluye como un río. El único valor que permanece es mi esencia, que sigue siendo la misma. O más que la esencia, los sueños siguen siendo los mismos que cuando era niño y empecé en esta profesión.
- El reciente 9 de junio cumplió 20 años de alternativa, otro aniversario. ¿Siente vértigo cuando voltea la cabeza?
- La verdad es que no. No soy capaz de mirar hacia atrás siendo consciente de la cantidad de años que llevo siendo matador de toros. Parece como que todo lo que recuerdo desaparece y se me escapa.
- ¿Cómo es posible que conserve los sueños de niño?
- El mismo sueño, de verdad. Eso siempre permanece dentro de mí como un tesoro y es lo que trato de cuidar cuando me preparo para una corrida de toros. O a lo que me agarro cuando en la vida vienen situaciones complicadas.
- ¿La vida le ha sido noble?
- Sí lo ha sido. Lo ha sido también por mi manera de encajar las cosas. No soy rencoroso. Paso página pronto. Me considero pasional, pero a la vez comprensivo. Siempre me acuerdo de la grandeza de la figura de Jesús o de la personalidad de Camarón, a quienes tanto admiro. No tanto por lo que hicieron, sino por cómo pienso que reaccionarían ante situaciones
- ¿Cree en Dios?
- Sí, creo que sí.
- ¿Cree creer?
- Creo que creo.

Talavante, hace exactamente 10 años, en 2016, protagonizó esta fotografía icónica de Aymá.
"Es jodido que se den las condiciones para que nazca una figura del toreo. Un torero tiene que tener mil cosas y una vocación salvaje".
Hace 20 años, ya digo, Alejandro se convirtió en matador de toros apenas dos meses después de su presentación en Las Ventas (2006) como novillero, cuando aterrizó con la filosofía de Mishima, proclamando el bushido, un código ético, el sacrificio del cuerpo, el dominio del alma, la quietud extrema. Y soltó a la prensa aquello de «hoy es un buen día para morir». Replicaron los titulares la frase del flaco muchacho extremeño de 19 años que quería torear, andar y hablar como José Tomás cuando José Tomás no estaba.
- ¿Cuál ha sido su mejor época? Y no hablo de la más productiva, que quizá sea esta, sino en la que mejor ha toreado.
- Si quitamos el presente, recuerdo los años antes de la pandemia. Cuando me apoderó Toño Matilla sentí que llegué al final de una evolución. Me sentía poderoso, pero sin torear poderoso. No sé si me explico. Alcancé un ritmo muy complicado de seguir.
- En aquel 2018, en lo más alto de su carrera, recogió su petate y se retiró.
- Fueron tres años muy intensos: 2016, 2017 y 2018. Muchas veces he leído tus crónicas, las que fijan el trienio cabal de José Tomás en 1997, 1998 y 1999. En aquellos tres años alcancé esa dimensión, pero sufrí mucho también. Y, al final, me fui. Me marché en aquel momento porque esas temporadas me dejaron vacío.
- ¿Se arrepiente de haberse retirado?
- No. Sabía que volvería a estar en ese lugar, aunque me ha costado, ciertamente. El camino ha sido muy difícil para llegar hasta aquí.
- ¿Cuántos Talavantes hay en Talavante?
- Más de los que incluso yo mismo conozco. Soy un torero bastante largo en ese sentido. Tengo muchos fondos de armario. De hecho, un amigo mío se mete mucho conmigo diciéndome: "Llegará el día en que te retires y te retirarás al 40% o al 50% de lo que puedes ofrecer". Me jode, pero sé que es un halago.
- ¿Lo suyo desde que reapareció en Arlés (Francia), en 2021, hasta el pasado 8 de mayo, en Las Ventas, ha sido algo así como la mandanga que imputó Cañabate a Paco Camino?
- Tanto a Camino como a mí nos pasaba que cuando algo no nos cuadraba o no estábamos tan a gusto, en vez de transmitir una sensación de impotencia, damos sensación de pasotas. Es mi sino. Como si me diera todo un poco igual y fuese de sobrado. Piensan que no quiero.
- Esos días concluyo lo cómodo que está usted ahí. Que se la trae al pairo lo que digamos.
- Me ha pasado desde niño.
- ¿Usted es consciente de su potencial cuando se le ha exigido con crónicas afiladas?
- Quizá sea yo el más consciente. Pero voy a mi ritmo. Entiendo que digas que voy cómodo. Si te fijas, tendré tardes mejores o peores, pero nunca me ves dudar. No hay errores en los que veas que estoy en situaciones de aprieto. Y, sin embargo, creo que estoy en un sitio difícil de estar. También ha sido un camino, como te digo, difícil porque he tenido que espolearme interiormente para profundizar. La exigencia ha sido máxima, y he conseguido cosas importantes. Conquisté en estos años Puertas Grandes en Madrid, triunfos en Bilbao, la Puerta del Príncipe de Sevilla... Y son gracias a lo que tú dices, a mi facilidad para estar delante del toro.

Retrato de Talavante frente al edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid.
"¿Sabes qué me pasa? Que a veces me he visto sobrado porque sé que soy dueño de ese secreto. Llevo dentro el toreo más clásico, el más puro y el más rotundo porque han nacido conmigo".
- La Puerta Grande que lo convirtió en triunfador de San Isidro vino por la vía del toreo más puro; hubo magia sin trucos, un regreso a su versión genuina.
- ¿Sabes qué me pasa? Que a veces me he visto sobrado porque sé que soy dueño de ese secreto. Llevo dentro el toreo más clásico, el más puro y el más rotundo porque han nacido conmigo. Están ahí. Mientras me atrevo a hacer otras cosas que ya hasta me aburren, a inventar, a crear. Muchas me las han copiado.
- ¿Su mano izquierda no se la copian?
- Cada vez que me pongo por el lado izquierdo, me veo abusando, dicho sea con toda humildad.
- Decía Luis Miguel que en el toreo es humilde quien no puede ser otra cosa.
- Lo cierto es que mi muñeca izquierda se acopla sola al tempo, al ritmo, al enganche... Yo quiero ser un torero grande, Vicente. Y lo soy, pero creo que puedo ser más de lo que soy. Igual que otros compañeros a los que admiro y lo están consiguiendo, como Morante de la Puebla, que además es un gran amigo mío. Le debo mucho de mi evolución como torero. Conviví mucho con él. Me gustaría ser una leyenda del toreo. El camino para hacerlo tiene que ser este del que hablamos. El camino de la calidad máxima.
- ¿Qué siente al vivir en el tiempo de Morante?
- Lo veía venir. Siempre ha sido muy bueno. Era algo que tenía que caer por su propio peso, igual que lo de José Tomás. Lo que pasa es que esto ha sido más lento, ha tenido otra evolución. Estoy muy feliz de vivir en la época de Morante. El día que me vaya, quisiera que me recuerden con la misma fuerza, siendo como somos dos toreros completamente diferentes. Él tiene una personalidad y un clasicismo exquisitos y yo tengo lo mío. Me motiva mucho torear con él. Entro en otro compás.
- Hablando de compás, qué importante es el ritmo en el toreo y en la bravura.
- Vital. Es lo que le da la contundencia y la profundidad. La gente piensa que la profundidad es la largura. Pero no es la largura, es el ritmo lo que hace que las cosas perduren, cuando el tiempo no fluye de manera lógica.
- ¿Es la época del mejor toro de la historia?
- El toro ha alcanzado la perfección. Los ganaderos también se han dado cuenta de que la transmisión no es la movilidad por sí misma, o sea, exenta de otras virtudes. Escuché a Justo Hernández que la transmisión es la colocación de la cara abajo y el ritmo, y hay muchos toros ahora mismo que lo hacen. Otros conceptos se han sumado. Como la flexibilidad en el toro. Álvaro Núñez también es un adelantado.
- ¿Dónde colocamos a Victoriano del Río?
- Yo le veo punto y aparte. Victoriano ha creado el toro de plaza de primera más importante de los últimos tiempos, tanto en hechuras como en comportamiento. Y, siendo una ganadería brava y encastada, te puede salir el toro de más ritmo de todos. Eso me llama muchísimo la atención, de verdad, sin soltar la cara en absoluto y con un ritmo sostenido que te preguntas: "¿Cómo una ganadería tan brava puede dar este toro que embiste sin descomponer absolutamente nada su movimiento?"
- La importancia del ritmo en la bravura y el toreo es consustancial a la clase y la armonía. ¿La época más armonizada de Alejandro Talavante la compuso Curro Vázquez como apoderado?
- Fue un giro bestial cuando empecé con él, todo el mundo me decía: "Verás cómo te va a aportar Curro". Yo pensaba que era un tópico. Decía, bueno, Curro me puede aportar, pero yo sé más que Curro. El primer día que me puse a entrenar con él vi cómo sujetaba la muleta... Y ahí ya empezó mi sentido a adquirir parte del suyo. Hay muy pocos apoderados como Curro Vázquez a nivel personal con el torero.
- ¿Cuántos miedos siente antes de torear cada tarde en Madrid?
- Se pasa muy mal. Pero me motiva más incluso que torear en otras plazas. Cuando sueño cosas de torero, me proyecto en la Plaza de Toros de Madrid. Saca lo mejor de ti.
- Era San Isidro la feria de la renovación y ahí están las mejores faenas: Castella (25 años de alternativa), Urdiales (27), Ferrera (29), usted... ¿Tan difícil es el relevo?
- Es jodido que se den las condiciones para que nazca una figura del toreo. Un torero tiene que tener mil cosas y una vocación salvaje, difícil de domar.
- Llega este domingo la Corrida de Beneficencia con Roca Rey, con los toros de Victoriano del Río y un torero joven como Víctor Hernández que se mira en el espejo de José Tomás como usted se miraba en sus principios.
- Sí, hombre, me hace mucha ilusión torear con un torero que ha generado tanta expectación, sobre todo aquí en Madrid. Quizá la clave de la renovación de la que hablas sea que pase por toreros que tengan la autenticidad que tiene Víctor. Me hace mucha ilusión torear con él y torear con Roca, por supuesto. Es una corrida que trae una expectación inusual.
- ¿Cómo piensa que le recordará la historia?
- Pues mira, en activo voy a ser siempre un poco incomprendido, pero, aunque me duela, creo que tengo mucha suerte de ser incomprendido. Eso desarrolla las fuerzas del espíritu. El tiempo quizá me haga un favor y pondrá las cosas en su sitio.
- Lo que no coloca en su sitio el tiempo es la regeneración política. Ya hablábamos hace 10 años del polo contrario, su degeneración
- Vivimos tiempos horribles, que no son más que la evolución natural de lo que ya vislumbrábamos entonces. Este panorama solo refuerza mi decisión de mantenerme completamente al margen de la política y no albergar ningún tipo de esperanza.























