


























En Alexanderplatz, coraz�n del Berl�n unificado, la escena impacta. Bajo las v�as elevadas del tren, en uno de los puntos m�s transitados, viven personas sin hogar. Algunos han colocado peque�os objetos personales -flores, alguna fotograf�a-, restos de una vida anterior que no volver�n a recuperar. El consumo de alcohol y drogas es evidente. La presencia policial es constante, pero pasiva: no interviene, no desaloja. Alexanderplatz est� a dos kil�metros de la Puerta de Brandeburgo, en el eje central de la capital y en el umbral del barrio gubernamental.
La percepci�n de deterioro en seguridad, orden y uso del espacio p�blico en Berl�n y otras grandes ciudades alemanas ha saltado del �mbito local al debate pol�tico. A menudo lo hace a trav�s de referencias impl�citas a la cuesti�n migratoria y a barrios donde la transformaci�n demogr�fica es especialmente visible: comercios con r�tulos en �rabe y mujeres con velo isl�mico. El canciller Friedrich Merz lo expres� en t�rminos abiertos: "La imagen de muchas ciudades alemanas ha cambiado". Y defendi� la necesidad de "recuperar el orden y la capacidad de actuaci�n en el espacio p�blico", al tiempo que subray� que "el Estado debe recuperar el control".
La reacci�n fue inmediata, incluida la del socio minoritario de la coalici�n, el SPD. Los sectores m�s a la izquierda exigieron al canciller que concretara qu� entiende por una ciudad alemana, y Los Verdes le acusaron de alimentar lecturas estigmatizadoras. "Advertimos contra simplificar problemas sociales complejos y vincularlos de forma impl�cita a determinados grupos", se�alaron desde el entorno ecologista.
Esa lectura conecta con uno de los ejes centrales del primer a�o de Merz en el poder: la pol�tica migratoria. La ca�da del 51% en las solicitudes de asilo en 2025 -hasta unas 113.000- y el aumento de las deportaciones -m�s de 22.700- no son s�lo cifras: responden a una estrategia del Gobierno para reducir el atractivo del sistema alem�n y reforzar su control del debate. "Alemania no puede seguir siendo el destino preferente de la inmigraci�n irregular", ha defendido el canciller, que insiste en que "el Estado debe recuperar el control sobre qui�n entra y qui�n puede quedarse".
La punta de lanza son los refugiados ucranianos. Alemania sigue acogiendo a alrededor de 1,25 millones bajo protecci�n temporal, pero el trato a los nuevos llegados ha cambiado. Desde abril de 2025, ya no acceden autom�ticamente a la ayuda mensual de 563 euros, sino a prestaciones m�s bajas, en torno a 441 euros.
Ese endurecimiento se extiende a otros colectivos. El pasado marzo, Merz recibi� en Berl�n al presidente interino sirio, Ahmed al Sharaa, en una visita de marcado contenido pol�tico. El canciller vincul� el nuevo escenario en Siria con la pol�tica migratoria y dej� claro el objetivo: "Quien ya no tenga derecho a permanecer en Alemania tendr� que regresar". Merz quiere que hasta el 80% de los ciudadanos sirios acogidos en Alemania -m�s de un mill�n- abandonen el pa�s en los pr�ximos a�os, trasladando la presi�n migratoria al plano pol�tico. Para ello, necesita al nuevo Gobierno en Damasco, que debe reconocer a sus propios ciudadanos, muchos de ellos llegados a Alemania sin documentaci�n.
Pero si uno de los argumentos del Gobierno era el control de la inmigraci�n irregular, el resultado pol�tico no ha sido el esperado. Pese a la ca�da del asilo y el aumento de las deportaciones, el endurecimiento jur�dico y el refuerzo de fronteras no han frenado a la Alternativa para Alemania (AfD), lo que erosiona la credibilidad del Ejecutivo. El avance de la ultraderecha conecta con uno de los compromisos centrales de campa�a. Merz prometi� que, si llegaba al poder, reducir�a a la mitad el apoyo a la AfD. Un a�o despu�s, la evoluci�n ha sido la contraria: el partido no s�lo ha consolidado su posici�n, sino que ha ampliado su base electoral en comicios regionales y supera en intenci�n de voto a la CDU/CSU.
El Gobierno de coalici�n -formado por la CDU/CSU de Merz y el SPD- afronta su primer aniversario con una mochila cada vez m�s pesada: promesas incumplidas, deterioro econ�mico y una sensaci�n creciente de desgaste social. A las puertas del 6 de mayo, la inc�gnita es clara: si el Ejecutivo ser� capaz de completar la legislatura. Las encuestas reflejan ese desgaste: s�lo un 15% se declara satisfecho con la labor del canciller, frente a un 83% que expresa su insatisfacci�n. La AfD rodea el 27% en intenci�n de voto, por delante de la CDU/CSU, en torno al 22%. M�s que un desgaste progresivo, los datos apuntan a un problema de fondo: la sensaci�n de que el Gobierno no est� ofreciendo resultados visibles.
Las dudas no son s�lo externas. Dentro del propio bloque conservador, Christian von Stetten ha asegurado que la coalici�n no durar� cuatro a�os. El presidente del CDU/CSU en el Bundestag, Jens Spahn, lo resume as�: "Estamos fuera de ritmo". En su advertencia subyace una idea clave: la imagen de desorden del Gobierno est� alimentando el avance de los extremos. En ese contexto han surgido tambi�n especulaciones sobre escenarios alternativos, desde un eventual Gobierno en minor�a hasta una ruptura anticipada de la coalici�n. Aun as�, la ruptura no aparece como una opci�n realista: tanto la CDU/CSU como el SPD, con una fuerte tradici�n de responsabilidad de Estado, se ver�an previsiblemente penalizados en unos comicios anticipados en el contexto actual.
Ese desgaste se refleja en los sondeos y en el calendario electoral inmediato. De cara a septiembre, con elecciones en Sajonia-Anhalt, Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berl�n, la AfD aparece especialmente fuerte. En Sajonia-Anhalt, las encuestas la sit�an cerca del 40%, mientras que a nivel nacional ronda el 28%, por delante de la CDU/CSU, con el SPD en torno al 14%.
Tambi�n en pol�tica exterior se perciben cambios de forma, aunque est� por ver hasta qu� punto afectan al fondo. Ese frente exterior tampoco es ajeno al contexto interno: forma parte de un intento del Gobierno por proyectar capacidad de liderazgo en un momento de desgaste dom�stico. "Alemania debe asumir m�s responsabilidad en Europa", ha defendido el canciller.
La relaci�n con EEUU se ha vuelto m�s incierta, con una presi�n creciente sobre los aliados de la OTAN que ya ha cristalizado: Donald Trump ha ordenado retirar 5.000 soldados de Alemania despu�s de que Merz criticara abiertamente la operaci�n militar estadounidense en Ir�n, diciendo que hab�a subestimado la fuerza iran�. Seg�n cifras del Pent�gono, hay unos 36.400 soldados estadounidenses en suelo alem�n, dentro de un despliegue de cerca de 68.000 efectivos en Europa. No se trata de una presencia simb�lica, sino de una red operativa.
Con Israel, la relaci�n sigue siendo estructural, pero la grieta con el Gobierno de Benjamin Netanyahu es evidente. Berl�n ha dejado claro que la ofensiva en Gaza ya no puede justificarse �nicamente como respuesta al terrorismo. �El respeto al derecho internacional humanitario no es negociable�, se�alan fuentes del Gobierno, en un endurecimiento del tono poco habitual en la relaci�n bilateral. En ese contexto, la posibilidad planteada por Merz durante la campa�a de invitar a Netanyahu a Berl�n ha desaparecido de la agenda.
El apoyo a Ucrania se mantiene intacto. Alemania sigue siendo uno de los principales proveedores de ayuda militar dentro de la UE. Ese respaldo no es s�lo pol�tico, sino tambi�n industrial, con acuerdos de cooperaci�n en Defensa y producci�n conjunta. En Berl�n se ha intensificado el debate sobre la dependencia estrat�gica europea. �Europa debe ser capaz de garantizar su propia seguridad�, se�ala el canciller.
Todo se ha traducido en una mayor exposici�n internacional del canciller respecto a su predecesor, Olaf Scholz, lo que tambi�n ha generado cr�ticas internas por centrar m�s atenci�n en la pol�tica exterior que en los problemas dom�sticos. En este contexto, Merz ha multiplicado los contactos con l�deres europeos como Emmanuel Macron, Keir Starmer o Donald Tusk, en un intento de reforzar el papel de Alemania en la arquitectura de seguridad del continente y en el debate sobre la autonom�a estrat�gica europea, con el trasfondo permanente de la guerra en Ucrania.
Ese reposicionamiento ha ido acompa�ado de gestos que ampl�an el margen tradicional de la pol�tica alemana, especialmente en materia nuclear. El propio Merz ha confirmado que mantiene conversaciones con Francia en ese �mbito, ante la incertidumbre sobre la pol�tica de Estados Unidos y dentro de una estrategia m�s amplia de rearme. El Gobierno ha puesto en marcha un programa de inversi�n en Defensa sin precedentes, vinculado al nuevo marco fiscal aprobado. Merz ha fijado as� el objetivo: "Liderazgo basado en la cooperaci�n, s�; fantas�as hegem�nicas, no".
Este planteamiento se ha traducido directamente en los presupuestos. La aprobaci�n de las nuevas cuentas ha llevado la tensi�n pol�tica al l�mite y consagra un cambio de prioridades: m�s deuda, m�s gasto en Defensa y, como consecuencia, una presi�n creciente sobre el Estado del bienestar. El nuevo marco fiscal permitir� sostener ese aumento del gasto militar, a costa de m�s deuda y menos margen para el resto de pol�ticas.
Ese desgaste se produce en un contexto econ�mico debilitado. Alemania crece en torno al 0,5%, con una inflaci�n cercana al 2,7%, mientras sectores industriales clave, como el automovil�stico, pierden competitividad y los costes energ�ticos siguen elevados. A ello se suma una presi�n sobre el tejido industrial, con advertencias del sector empresarial sobre deslocalizaci�n y p�rdida de atractivo del pa�s como base productiva. M�s que un problema coyuntural, el balance del primer a�o apunta a una tensi�n estructural: la dificultad de sostener la capacidad de gobierno en un escenario en el que las presiones aumentan.
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