Almeida repite la estrategia empleada antes de grandes obras como la del soterramiento de la A-5, presentando un duro escenario en los entornos de la plaza de Lima y de Cibeles
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Mientras en la plaza de Cibeles retiraban ayer por la mañana las farolas para despejar el espacio donde se instalará el gran escenario para la misa del Papa León XIV (7 de junio), en las entrañas del Ayuntamiento, el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, escoltado por sus dos personas de mayor confianza, la vicealcaldesa, Inma Sanz, y el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, presentaba el panorama pseudoapocalíptico -en lo que a movilidad se refiere- que espera a la capital hasta que el avión del Pontífice despegue rumbo a Barcelona el 9 de junio. Es más, habrá que esperar dos días más para que la capital recupere la normalidad total.
El caso es que Almeida presentó ayer en sociedad el dispositivo de seguridad -acaso el más importante en la historia de la ciudad- dejando entrever que la cuestión no va a ser nada sencilla. Que, durante al menos diez días y, sobre todo, entre el 4 y el 11 de junio, desplazarse por la capital, especialmente en los entornos próximos a la plaza de Lima o Cibeles, epicentros de la ruta del Papa, no va a resultar sencillo.
En cualquier caso, se repite la estrategia municipal cuando se avecina un escenario complicado para la movilidad. Ocurrió antes del arranque de las obras de soterramiento de la A-5, que puso en guardia a los miles de usuarios de esa vía, y ha venido repitiéndose con otras grandes obras -Ventas o Castellana- de la ciudad. Ayer, mientras desarrollaba las líneas maestras del operativo, Almeida dejaba caer alguna frase que añadió una dosis extra de inquietud: «Serán días complicados y nos afectará a todos». Advertida queda la ciudadanía.
Sacó el Ayuntamiento del cajón el plan que articulará esos tres días de León XIV en Madrid, adelantándose al dispositivo que la Comunidad desvelará el próximo lunes y donde se incluye la llave maestra para desplazarse por la ciudad: el Metro. La gratuidad de los autobuses y de Bicimad entre los días 3 y 9 de junio -destinada principalmente a personas que viven fuera de Madrid, no como en las clásicas jornadas gratuitas- tendrá mayor sentido en función de cuál sea la estrategia del suburbano.
Almeida, que abandera las cuestiones relacionadas con el Papa y espera definir cómo será la entrega de las llaves de la ciudad, advirtió sobre esos «puntos críticos» que tensarán la ciudad -y tensan al Ayuntamiento-. Se trata del mayor desafío de movilidad y seguridad al que se ha enfrentado como alcalde. Su mirada se posa con preocupación sobre el paseo de la Castellana. «Gestionar ese eje va a ser complicado», anticipaba ya en su reciente entrevista con GRAN MADRID. Como medida de choque, ha reclamado el teletrabajo a las empresas de las zonas afectadas, así como la flexibilización de horarios.
Ayer, mientras más de uno en Cibeles cruzaba los dedos para que nada se desviara del guion durante la visita del Papa, comenzaban las primeras ocupaciones de calzada. Una de ellas, cerca de la plaza de Lima, donde se celebrará la vigilia de los jóvenes. Coincidirá con uno de los diez conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano. Puede que ambos, cantante y Pontífice, puedan encontrarse. «Las sorpresas son sorpresas», deslizaron desde la Iglesia.





















