No le importa que el público le haya colgado el 'Duro de pelar' casi como apellido, aunque la barcelonesa reivindica que no es una artista de un 'one-hit wonder'. Lanza un remix de su 'hitazo rompepistas' 30 años después de su boom

La cantante barcelonesa Rebeca.
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- Así que 30 años ya de Duro de pelar...
- ¿Quién nos lo iba a decir en 1996? Que la canción traspasaría fronteras, ideologías, años y estilos musicales, hasta el reguetón. [Risas] Y he tenido el privilegio de hacer un remix 30º aniversario con Sofía Cristo y Dany BPM, que son de los disyóqueis más importantes que tenemos en nuestro país.
- Cuando un artista está tan identificado con un tema, ¿le acaba cogiendo manía?
- Bueno, Duro de pelar ha sido la llave de mi éxito y la que me ha abierto todas las puertas. Y sí que hay artistas que reniegan de canciones muy conocidas de sus comienzos. Pero para mí es imprescindible. Es más, muchas veces me dicen Rebeca Duro de Pelar, ya como apellido, y me parece fantástico. Yo estoy muy orgullosa y contenta. He hecho otras canciones muy grandes, he mejorado vocalmente y artísticamente, pero es mi marca, mi sello, y no reniego. A veces, cuando a los críticos o a alguien no les gustas dicen despectivamente que eres un artista de un one-hit wonder [de un solo éxito]. Pero en mi caso eso no es verdad, tengo una carrera muy larga por suerte y muy consolidada, tanto en la música como en la televisión. Es injusto escuchar eso de 'esta tía lleva 30 años cantando la misma canción, nos tiene aburridos'. Nadie puede vivir de una sola canción, salvo que hayas escrito My Way [A mi manera] o la Macarena de Los del Río.
- Pese a su efectividad como puro divertimento, Duro de pelar no deja de ser un himno de empoderamiento femenino...
- Pues sí. En aquel momento se buscó que fuera la canción del verano, pero 30 años después ha cogido mucho sentido reivindicativo a favor de la mujer, a favor de ser ellas mismas, de no quedarse en casa, de soltarse la melena, de no depender de un hombre y de creer en ellas. O sea, que ya nos adelantamos a nuestro tiempo.
"Me pedían que me pusiera castaña o morena, más tapadita, tipo Laura Pausini, porque decían que las rubias no vendían nada"
- ¿Usted ha sufrido mucho machismo en la música?
- Sí, al principio bastante en un mundo de discográficas que lo abarcaban casi exclusivamente hombres. Aunque yo me hice respetar enseguida, quizá por mi fuerte carácter, o porque siempre he ido acompañada de mi señora madre.
- Creo que su imagen chirrió en más de un despacho de esas...
- Al principio no creían mucho en mí. Tampoco en ese momento vendían mucho las mujeres en la música. Me decían que tenían éxito tipo Laura Pausini, más tranquilas, más tapaditas y tal, y yo era todo lo contrario. A mí me pedían que fuera a grandes estilistas de la época para que me pusieran castaña o morena porque decían las rubias no vendían nada. ¿Que qué hacía yo con el pelo rizado y enseñando el ombligo y bailando? Y las dos primeras portadas de mis maxi singles fueron en blanco y negro y en color sepia para que no se distinguiera si era morena o rubia. Hasta que les demostré que vaya si podía triunfar la chica rubia de rizos que enseñaba el ombligo y movía las caderas, y ya no pudieron hacer nada.
- En 2006, usted se quedó muy cerca de ser elegida como representante española para Eurovisión, festival también vinculado a su trayectoria.
- Sí, con Qué no daría yo, un tema mío maravilloso. Al final fueron Las Ketchup con Un Blodymary. Yo creo que mi propuesta, con música muy sueca, que la hicimos ex profeso para lo que se llevaba en aquel momento en Eurovisión, hubiera sido una buena candidata. Y, un año después, me presenté a Misión Eurovisión de TVE como intérprete, por un lado, y como compositora, por otra, para lo que me fui a Suecia a trabajar con el gran Thomas G:son, tan prolífico en el festival y que sin ir más lejos ha ganado dos veces con Loreen, y con mi compañero Tony Sánchez Olson, una eminencia en la producción musical que ha colaborado con Pastora Soler o Marta Sánchez, entre otra muchísima gente. Y la canción de la que soy coautora, I love you mi vida, fue la elegida y la interpretaron en Eurovisión D'Nash. Y pude estar en Finlandia, disfrutando de lo que es representar a mi país, con un orgullo increíble. Y, a partir de ahí, sí que he hecho algún intento por volver y estar incluso en el Benidorm Fest. De momento no ha habido posibilidades, pero nunca, nunca es tarde para este reto.
- Esta semana se celebra la 70ª edición de Eurovisión sin participación de España, ¿qué le parece?
- Yo creo que renunciar al mejor festival de música a nivel mundial es muy arriesgado. TVE tiene sus razones y ha hecho bien porque estamos ante unas injusticias muy fuertes cometidas por Israel y alguien tenía que hacer algún movimiento. Pero espero que regresemos muy pronto. España es eurofan. Eurovisión desde hace ya muchos años es una verdadera fantasía, es brutal. Y poder representar a España ante toda Europa es muy heavy.
- Entre los artistas hay división de opiniones al respecto. Unos consideran que no se puede competir en Eurovisión mientras participen países como Israel con lo que está ocurriendo. Y en otra posición, el otro día sin ir más lejos Alaska decía que a ella no le gustan los boicots en un festival de música. ¿Dónde se sitúa usted?
- Creo que todo el mundo tiene su parte de razón, aunque considero que es una lástima para la música española no tener el escaparate tan grande, mundialmente hablando, que es Eurovisión. A los artistas españoles ya nos cuesta muchísimo romper barreras y cruzar fronteras. Es un gesto que está bien, pero ¿cuántos países lo han hecho? Muy pocos, ¿no? Ni siquiera estamos del lado de los grandes, como Reino Unido, Francia, Alemania o Italia. Así que pienso que estoy más cerca de la opinión de Alaska, quizá egoístamente como artista. Y luego es que, además, Eurovisión sí lo boicoteamos, hablo de España, pero no boicoteamos otro tipo de acontecimientos como por ejemplo los deportivos. Eso no se entiende.

ELENA IRIBAS
- Rebeca se ha convertido también con el tiempo en una de esas artistas que tienen especial éxito entre la comunidad LGTBI.
- Es mi principal público, es el que más me importa, el que más me interesa. Mis grandes amigos son LGTBI y me dejo guiar por productores, autores, diseñadores, estilistas... del colectivo. Yo soy, como siempre digo, una drag queen más, un gay más o una lesbiana más.
- ¿Le preocupan los discursos de odio en el debate público y el cuestionamiento de los derechos LGTBI que se desprende de algunos planteamientos políticos?
- Me horroriza bastante lo que sea retroceder. España es un país muy rico en muchas cosas. Y se han dado muchos avances en igualdad con leyes que nos ha costado tanto que se aprobaran, con tantas reivindicaciones, tantas manifestaciones, como para que ahora vengan cuatro a creerse los modernos, o los antiguos. No se puede restar importancia a todo lo que se ha logrado en todos estos años. Ha habido muchas lágrimas, muchas pérdidas, muchos asesinatos, muchos maltratos, mucho bullying... como para que ahora no sigamos en una línea recta defendiendo sus derechos.
- ¿Usted percibe radicalización y polarización en la sociedad?
- ¿Sabes qué pasa? Que en general estamos tan hartos de la política y de los políticos que nos representan, que hasta a lo que estaba bien o lo que era bueno ya le estamos empezando a coger manía porque han fallado en cosas elementales. Entonces aparecen otros diciendo que lo van a mejorar, aunque luego meten en sus campañas cosas que no tienen nada que ver con lo que necesitamos, con lo que siempre ha dado progreso y respeto hacia los demás. Lo malo de ese supuesto aire fresco es que dentro de ese discurso hay mucha manipulación, mucho retroceso, mucha negatividad y mucho enterrar lo que es España y los valores como seres humanos.
- Además de por su faceta musical, muchos la identifican por sus trabajos televisivos, incluidas participaciones en realities como Supervivientes.
- Sí. Y anteriormente en otro de Antena 3, Aventura en África, en el que llegué a la final. Es que a mí la tele me encanta. Antes, hace unos años, estaba mal visto que una artista, una cantante, hiciera realities, y a mí se me criticó mucho por eso. Pero, luego, al final hasta Isabel Pantoja ha ido a Supervivientes. Yo siempre he allanado el terreno... [Risas] O con las portadas de Interviú, que hice tres en su día. Lo que no puedes es quedarte anclado. Yo creo que soy una gran artista, pero lamentablemente no soy ni Lady Gaga ni Beyoncé. No tengo ni sus millones ni todo el apoyo que reciben ellas. Así que todo lo que se haga con cariño y con profesionalidad... Me encantan la tele, las series, los concursos, me encanta escribir canciones y cantarlas, interpretarlas. Todo eso creo que forma parte de la palabra artista y yo me considero no solo cantante, sino una artista y una gran profesional en esta industria, porque llevar aquí 30 años no es nada fácil.
- Una última, Rebeca. ¿Puedo preguntarle qué es para usted Jesús Hermida?
- Anda, ¡cómo sois los periodistas! [Risas] Pues mira, Jesús Hermida ha sido uno de los grandes amores de mi madre, Franciska, que fue una cantante muy importante en los años 70. Y cuando estuvo en Nueva York tuvo mucha ayuda de Jesús Hermida y de Pilar Cernuda. Es una historia de amor que vivió mi madre en su día, que ha sido muy polémica porque ella ha jugado al despiste, un día decía una cosa, otro día decía otra. Pero es que a Franciska no se la puede controlar. Yo siempre he dicho que mi padre es José María Pous Noguera. Pero hay que respetar la historia de mi madre y, evidentemente, no miente en muchas cosas, y su amistad y su relación fue real. Lo demás, se lo tendrías que preguntar a ella.




















