Actor e ídolo 'millennial' al que siguen aún más las cámaras desde que se le relacionó con Aitana Sánchez-Gijón. Protagoniza 'Todo lo que nunca fuimos' con Magui Corceiro, una cinta de amor basada en la novela de Alice Kellen. También publicó su primer libro el año pasado, 'Horizonte artificial'.

Maxi Iglesias
Actualizado
- En la película se habla de un amor imposible. ¿Por qué este tipo de relación sigue generando tanto interés?
- Gracias a la ficción tenemos la posibilidad de que el espectador se exponga a ver una película y no juzgue de primeras. Que se la ponga para entretenerse y luego se encuentre con varias reflexiones. Para mí, la escena más importante de la película es cuando la protagonista le pregunta a su madre qué es el amor propio. Porque yo me imagino a un público que acuda al cine y tenga entre 20 y 25 años y esa explicación le va a venir genial. Más allá de los amores imposibles vamos a centrarnos en esa parte más nutritiva y lo más didáctico de la película.
- ¿Qué hacemos para que la gente joven deje las redes y vaya al cine?
- No sé cuándo volveremos a tener una vuelta a lo romántico de la atención. No sé cuándo volveremos a hacer actividades que nos aporten más por el hecho de hacerlas y no por el hecho de estar. Confío en que luego todo se coloque. Yo quizá vivo un poco anclado en la parte más de los tiempos, de darle valor a una pausa, a un café, a ver algo y verlo de verdad. Dejar el móvil y tal. En esta peli una de las cosas que más me gustan es que hay grandes pausas y silencios.
- Le gusta ir despacio.
- Sí. Me gusta tomarme un café tranquilo, compartir una charla en un momento del día con alguien que quiero. Escuchar también a alguien que quiero me produce mucha satisfacción. Observar y quedarme quieto. Muchas veces en la calle me quedo mirando para arriba o mirando un árbol. Es una batalla que libro contra mí mismo y contra la inercia que llevamos todos y todas.
- ¿La gente le deja?
- Sí, me dejan. Si revisas mis entrevistas nunca me he quejado de la fama porque me ha traído más cosas buenas que malas.
- ¿Cuánto amor y cuánto odio le tiene a Cabano, el personaje que interpretaba en 'Física o Química'?
- Mi teoría es la siguiente. Tú estás mucho tiempo deseando que llegue una oportunidad, que te vayan conociendo. En mi caso fue al revés. Todavía no conocía a nadie, nadie me conocía y de repente me llegó esa fama. Entonces es un poco complejo, porque es ir a la inversa del cauce natural. Fue una superoportunidad, pero la profesión no está hecha para acompañarte en ese camino. Aquí de repente te plantan a un sujeto que ya es famoso.
- Como en 'Operación Triunfo'.
- Creo que es distinto porque creo que está hecho para que te acompañe la cadena, te busque los conciertos, vayas a Eurovisión... No puedo opinar porque no soy músico, pero creo que el camino que haces con una discográfica no es ni muchísimo menos el que puedes recorrer como actor.
- Cree que hay más prejuicios si viene de una serie de adolescentes y encima es guapo?
- Hay un componente, y esto salió hace no mucho en un estudio que hicieron en Harvard o no sé si fue en Oxford, del componente físico en las entrevistas de trabajo, para cualquier ámbito. Es una herramienta que puede ser diferenciadora para bien, pero también para mal. Tú eres la directora de un hospital y te viene un neurocirujano que está como un queso y además es buenísimo en lo suyo. A lo mejor la directora está soltera y dice: pues perfecto. O quizá odia a los hombres y piensa que encima es guapo, así que no le quiere. Entonces volviendo a lo mío, a mí se me cierran muchísimas más puertas de las que se me abren.
- ¿De verdad?
- Esto no es Estados Unidos, donde se hacen películas para que Brad Pitt, DiCaprio y Damon salgan arrebatadores. Aquí nos gusta la decadencia, estar pasándolo mal en la Guerra Civil, y ahí no puedes estar guapo. Nos gusta la comedia y un guapo, a menos que se ría de sí mismo porque es tonto, no puede hacer comedia. Un guapo está hecho para estar encantado de la vida. Y cuidado. Si estás encantado de la vida siendo guapo, eres un sobrado. Y si no, eres un desagradecido.
- ¿Tiene muchos amigos en la profesión?
- Los cuento con los dedos de una mano. Mis amigos y amigas de verdad son los del colegio. En las presentaciones prefiero estar con mi gente que con tal o cual productor.
- ¿Y es fácil mantener la conexión?
- Cualquier relación implica un cuidado, y yo creo que el cuidado y la atención son lo que denotan ese cariño y ese amor por las personas. Ahora está muy de moda el amor. Sí, sí, te quiero pero espera: ¿hay un seguimiento, hay un cuidado, hay una conciencia de cuál es tu realidad?
- La responsabilidad afectiva.
- Resumiéndolo todo, sí.
- Como escritor, ¿tiene síndrome del impostor?
- Con el libro me ha pasado una cosa muy bonita y es que la gente se ha acercado por mí, por ver qué había escrito yo. La verdad es que me encanta, porque si sirvo como la antesala de clásicos o lecturas más densas pues me hace muy feliz. Entonces con la escritura no me he sentido impostor, porque tengo muy claro cuál es mi pasión y a lo que me dedico.
- ¿Va a ir al concierto de Bad Bunny? ¿A la casita?
- No, la verdad es que no. Pero sí voy a ir a ver a La Oreja de Van Gogh en septiembre, porque ahora no he podido.





















