Yira Yira

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Le contrari� que Santos no le hubiera dicho nada m�s entrar "mi caballero m�s mat�n, mi drag�n m�s ardiente, mi rosa m�s erguida, mi leyenda de amor", pero enseguida se repuso. Lleg� contento, en fin, imaginando que el viento de abril que hace este d�a se llevaba todas las p�ginas expuestas en las calles de Barcelona hasta producir un tsunami de inanidad.
Extra�a esta noticia que dice que Espa�a es uno de los mercados m�s din�micos para el libro. Pero claro, que cada vez se vendan m�s libros no quiere decir que se lean, como demuestran el minoritario �xito del formato digital, cuya �nica funci�n es la de ser le�do, y la escas�sima presencia de citas textuales en el periodismo, la pol�tica y la conversaci�n social. En este pa�s, el libro es un objeto de regalo. Y, sospecha, sin el prestigio que tuvo alguna vez.
Elogi� a Morante, mon�simo en su camis�n de cl�nica, y reflexion� sobre las implicaciones socioling��sticas de usar en la cama "tenir la figa ballarina", "anar botifarr�" o "tenir el conillet fent tombarelles".
Y fue as� que Espada yir�.
Bibliograf�a:
- Ernest Hemingway, Par�s era una fiesta (trad. Gabriel Ferrater, Seix Barral, 1981).
- Eduardo Mendoza, La intriga del funeral inconveniente.
- Para ver: Machos Alfa.
- Banda sonora.
























