




















Li Wei tiene dos apartamentos en la costa de Yantai. El primero lo compr� hace 12 a�os, cuando el metro cuadrado parec�a una apuesta segura en esta ciudad portuaria del noreste de China, entonces en plena ebullici�n. El segundo lleg� poco despu�s, con la idea de ponerlo a nombre de su hijo cuando este fuera a casarse. Ahora, con 46 a�os y buenos ahorros acumulados, Li quiere adquirir un tercer piso aprovechando la ca�da reciente de los precios. Pero en China, especular con una tercera vivienda no es tan sencillo.
El Gobierno local de Yantai, donde viven m�s de tres millones de personas, elimin� el a�o pasado las restricciones sobre las dos �nicas viviendas que puede registrar una familia bajo su nombre. Ahora pueden ser hasta tres. Pero el primer muro que ha encontrado Li, due�o de una academia, est� en el banco. "Si es un cr�dito para una tercera propiedad, me exigen un pago inicial por encima del 75% del valor total", cuenta. Adem�s, el tipo de inter�s hipotecario ya no es el preferente que obtuvo en sus dos primeras compras.
El apartamento que estaba mirando Li, de 90 metros cuadrados en el centro de Yantai, ronda los dos millones de yuanes, que al cambio son alrededor de 245.000 euros, un precio mucho m�s asequible que en megaciudades como Pek�n o Shanghai. Si un extranjero quisiera comprar esa vivienda, tambi�n encontrar�a restricciones. Normalmente solo podr�a adquirir una casa en China, y debe ser para uso propio y residencial, nunca para alquiler o inversi�n. Antes de efectuar la compra, debe adem�s demostrar que ha trabajado o estudiado en el pa�s asi�tico durante al menos un a�o con permiso de residencia.
Mientras Li tropieza con l�mites para hacerse con una tercera vivienda, en Espa�a los precios han escalado hasta m�ximos hist�ricos sin que existan barreras comparables para quien quiera comprar varias propiedades, m�s all� de su capacidad financiera. En ciudades como Madrid y Barcelona el debate pol�tico gira en torno a c�mo contener alquileres y ampliar la oferta p�blica, mientras que en grandes urbes chinas el dilema ha sido durante a�os c�mo frenar el exceso.
En Pek�n hay una frase que los funcionarios repiten en discursos oficiales: "Las viviendas son para vivir, no para especular". No es un simple eslogan. Es la s�ntesis de un modelo que durante dos d�cadas convirti� la propiedad inmobiliaria en la piedra angular de la prosperidad familiar china y, al mismo tiempo, en una herramienta de control econ�mico y social del r�gimen.
Hoy, cuando en Espa�a los j�venes miran asustados un inaccesible mercado, China ofrece una llamativa paradoja: un pa�s donde la mayor�a de los j�venes son propietarios, pero donde el sector inmobiliario atraviesa una de las mayores crisis de su historia.
En China, todo el suelo urbano es, en �ltima instancia, propiedad del Estado. Los gobiernos locales tradicionalmente han vendido derechos de uso por d�cadas a promotores privados, y esos ingresos han sido durante a�os una fuente esencial de financiaci�n municipal. Esa estructura permiti� una expansi�n vertiginosa: urbanizaciones enteras levantadas en meses, nuevas ciudades conectadas por trenes de alta velocidad, millones de metros cuadrados construidos para absorber la migraci�n del campo a la ciudad. El resultado fue una tasa de propiedad cercana al 90% en el conjunto de los hogares urbanos, una cifra impensable en la mayor�a de pa�ses europeos.
El modelo depend�a de que los precios siguieran subiendo. Durante casi 20 a�os, la vivienda en China fue la inversi�n m�s segura. Pero hubo una ruptura en 2021, cuando Pek�n lanz� una campa�a contra el endeudamiento excesivo de las grandes inmobiliarias. Gigantes como Evergrande colapsaron bajo monta�as de deuda. Decenas de proyectos quedaron paralizados. La confianza se evapor�. Desde entonces, los precios han ca�do en muchas ciudades.
Pero China presume de que la mayor�a de encuestas urbanas coinciden en que m�s del 70% de los menores de 35 a�os es propietario de una vivienda. En algunos sondeos la proporci�n supera incluso el 80% si se contabilizan viviendas registradas a nombre de los padres, pero destinadas al hijo. Es un contraste radical con el caso de Espa�a, donde la tasa de propiedad entre j�venes se ha desplomado desde la crisis financiera de 2008 y hoy se sit�a en niveles hist�ricamente bajos.
"Es importante entender el contexto cultural de este pa�s antes de analizar los n�meros", explica un responsable comercial de Lianjia, una de las mayores agencias inmobiliarias chinas. "Durante a�os, comprar vivienda no ha sido solo una decisi�n financiera, sino un requisito social. Especialmente para los hombres. En much�simas familias, llegar al matrimonio sin un piso en propiedad era visto como una falta de estabilidad o incluso de responsabilidad".
El agente, que lleva m�s de una d�cada vendiendo viviendas en ciudades de segundo nivel como Yantai, lo describe sin rodeos: "Cuando una pareja se plantea casarse, la conversaci�n sobre la casa surge de inmediato. Y en la pr�ctica, la presi�n recae sobre el novio y su familia. Los padres del chico suelen ayudar con el pago inicial, los abuelos aportan ahorros, y el joven asume una hipoteca elevada para poder presentarse ante la familia de la novia con una propiedad ya comprada".
Seg�n explica, esa din�mica ha tenido efectos profundos en el mercado. "Durante a�os vimos a chicos muy j�venes firmando pr�stamos a 30 a�os por importes muy altos en relaci�n con su salario. No porque quisieran especular, sino porque sent�an que era el paso previo imprescindible para casarse. La vivienda se convirti� en una especie de dote moderna. Sin piso, no hab�a boda".
El trabajador de Lianjia subraya que esta presi�n cultural contribuy� a sostener la demanda incluso cuando los precios estaban en m�ximos. "Hab�a momentos en que el mercado estaba claramente sobrecalentado, pero las compras segu�an. No era solo inversi�n; era demostrar que el hijo estaba preparado para formar una familia".
Otro empleado inmobiliario reconoce que la situaci�n ha cambiado un poco en los �ltimos a�os. "Con la crisis inmobiliaria y el alto desempleo juvenil, muchos j�venes ahora dudan. Ya no est�n tan dispuestos a cargar con deudas enormes si no ven estabilidad laboral. Pero en muchas ciudades todav�a es muy habitual que la primera pregunta cuando una pareja anuncia su compromiso sea: '�Y la casa?'".
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