


























Hasta hace no tanto, era com�n hablar de literatura femenina, es decir, hecha por y para mujeres. Una clasificaci�n que incluso llegaba a traducirse en un espacio f�sico diferenciado en las librer�as y en su tratamiento como otro g�nero m�s, igual que la novela negra o el ensayo hist�rico. Hoy vemos aquella distinci�n como quien contempla los restos de un yacimiento arqueol�gico: un anacronismo que explica c�mo �ramos y de qu� manera catalog�bamos el mundo.
Y, sin embargo, todav�a resulta habitual encontrarnos, aqu� y all�, con lo de "grupos de chicas". Una categor�a que tiende a aglutinar la m�sica en funci�n del sexo de sus autoras. Como si coger una guitarra vinculase autom�ticamente a todas las j�venes que realizan ese gesto. Como si su m�sica no interpelase a los hombres. Como si ellas s�lo pudiesen hacer canciones con una sensibilidad determinada y contar unas historias concretas en sus letras.
Afortunadamente, el clich� se va desgastando. O, mejor dicho, lo van destruyendo autoras contempor�neas, sin pedir permiso y sin seguir las normas con las que tradicionalmente ha funcionado el sistema. Es lo que est�n haciendo Pipiolas, Shego y Ginebras, pero tambi�n Hinds, Repion, Cari�o, Melenas, Aiko el grupo... Un panorama diverso en el que el principal rasgo com�n es la calidad de su producci�n reciente. As�, Pipiolas public� el pasado marzo su segundo disco, el hom�nimo Pipiolas (Elefant), al mismo tiempo que ve�a la luz el tercer �lbum de Ginebras (Vanana Records). Adem�s, a finales de este mes llegar� el nuevo EP de Shego, precedido por el sencillo amiamiga (Ernie Records).

Pipiolas son las cantantes y actrices Adriana Ubani (izq. y Paula Reyes (dcha.). Formado en 2020, el d�o ha publicado dos discos: No hay un dios (2023) y Pipiolas (2026), ambos con el sello Elefant Records.ANTONIO HEREDIA
Tres trabajos que abarcan el pop en sus diversas facetas, pero tambi�n la electr�nica discotequera, el rock crudo, la canci�n de autor y cuantos estilos se les pongan por delante. Su escucha bastar�a para echar por tierra el encasillamiento en torno a lo femenino. Sin embargo, persiste la paradoja: la industria, los festivales y, a menudo, los medios siguen trat�ndolas como una divisi�n aparte.
"Est� bien reflexionar sobre ello, pero ya se ha hablado mucho por nuestra parte, por parte de las mujeres. Y empieza a convertirse en la tem�tica recurrente para no darnos espacio real y volver a dejarnos sin ocupar seg�n qu� lugares". Paula Reyes (Fuenlabrada, 1995, aunque criada en Alcorc�n), mitad de Pipiolas, se queja as� de la segregaci�n a la que se ven abocadas. Su compa�era, Adriana Ubani (San Sebasti�n, 1997, aunque criada en Las Palmas de Gran Canaria) asiente: "Estamos a favor de que ahora estas cuestiones se les planteen a los hombres. Y nosotras empezar a responder s�lo a preguntas sobre nuestro propio arte. Creo que es lo m�s justo". Lo interesante, seg�n ambas, es saber "qu� opinan los hombres de que en el cartel de un festival haya 37 proyectos masculinos y cuatro femeninos". Sostienen que "la narrativa de que es por n�meros, por engagement, ya no cuela�. Ubani lo ilustra con una imagen: "Hemos estado tocando en sitios viendo en escenarios mejores y cobrando m�s que nosotras a gente que tiene much�simos menos oyentes mensuales. Que, en muchos casos, son bandas �nicamente de t�os... con un nombre femenino", especifica.
Se trata, denuncian Pipiolas, de una herramienta desactivadora. "Que se nos siga preguntando sobre qu� es ser mujer en la industria fomenta que sigamos en el ostracismo constante. Porque nos convierte en pol�ticas en vez de artistas", denuncia Reyes. "Te reduce a eso, a una reivindicaci�n permanente. As�, sucede que, cuando sacamos m�sica, la manera de definirla es reivindicativa y empoderada. Y mira, no hay una palabra que me d� m�s asco que empoderamiento. No: es m�sica buena, es m�sica talentosa, es m�sica inteligente... o es m�sica mala y no te gusta, perfecto. Pero no le atribuyas cosas que son neutras solamente por el sexo. Nos hemos llegado a plantear si hablar todo el tiempo de esto estaba afectando al proyecto. Porque te acaba reduciendo a una cosa de activista pol�tica. Y ya ser mujer es muy cansado y muy pol�tico como para que hagamos un discazo y la mitad de las preguntas versen sobre esto".
Desde la terraza de su local de ensayo, Shego ampl�an el debate. "Sigue siendo una categor�a, como si fuera un estilo de m�sica", comenta la bajista Charlotte Augusteijn (Chile, aunque criada en La Palma, 1996). A su lado, Irenegarry (Elda, 1997), voz y guitarra, prosigue: "Es como las cuotas en pol�tica; mejor eso que nada. Pero quiz� lo ideal ser�a que, de manera natural, la conversaci�n virara hacia otros intereses que tambi�n tengan que ver con nosotras. Siento que la labor de representaci�n, visibilidad y todas estas cosas de las que se ha hablado tanto en los �ltimos a�os la hacemos igual hablando de este tema que de cualquier otro". Y remata: "El impacto que puede tener este debate es el mismo si nos hacen la pregunta de qu� tal ser chicas en la m�sica que simplemente hablando sobre la propia m�sica siendo pibas".

Ginebras son, de izq. a dcha., Raquel L�pez, Sandra Sabater, Juls Acosta y Mag�i Berto. Tienen tres �lbumes, publicados en Vanana Records: Ya dormir� cuando me muera (2020), �Qui�n es Billie Max? (2023) y Donde nada es para tanto (2026).ANTONIO HEREDIA
A Ginebras tampoco le convence la combinaci�n de "grupos", "chicas" y "g�nero". En otra sala de ensayo -un s�tano, en este caso-, Mag�i Berto (A Coru�a, 1996; voz y guitarra). proclama: "El hecho de subirnos las cuatro a un escenario a tocar y a cantar ya es un acto reivindicativo". Y, adem�s, tiene un efecto tangible: "Mueve a la gente, a las ni�as y a los ni�os que nos est�n viendo ah� y a quienes animamos a tocar un instrumento y montar su banda. El otro d�a comentamos que las pocas que estamos en esta posici�n estamos construyendo un puente, poniendo una piedra cada una, para que llegado el momento sea algo normal".
"Entendemos que siga llamando la atenci�n que seamos cuatro t�as, pero tambi�n es como: ya basta", comenta con una sonrisa su compa�era Raquel L�pez (Madrid, 1991; bajo). "Y siento que va a llegar un momento en el que un grupo de chicas ser� como un grupo de gente muy alta, una caracter�stica m�s. Mientras sirva para que las ni�as toquen instrumentos, lo llevaremos con orgullo". La bajista de Ginebras introduce otra clave: "La industria est� muy poco adaptada a las mujeres. Da la impresi�n de que los hombres se hacen su hueco y que luego nosotras nos adaptamos a su vez a ese espacio. Igual hay que cambiar algunos aspectos para que estemos m�s c�modas".
Entre las m�ltiples manifestaciones de la incomodidad, hay una que indigna especialmente a estas bandas. Pipiolas la transform� en una canci�n, Menores, para su �ltimo �lbum: "�l pint� de color verde a una mujer menor. A ciegas pide un rescate porque nadie va a masturbarse/ mientras suena su canci�n. Es que nadie le pidi� perd�n". De esta forma hablan de las denuncias de abusos y acoso sexual contra grandes nombres (masculinos) de la m�sica espa�ola. Es, dicen, la respuesta "con melod�a a�adida" al momento en que una de estas figuras intent� amedrentarlas tras se�alarle por comportamientos de este tipo, en algunos casos con menores de edad. "Compartimos algo que es real, que no nos inventamos. Y no es de recibo que cuando trates de poner voz a la gente que no la tiene te amenacen por ello. No nos gusta nada que se nos intente meter miedo. Y si nos vienes con tu abogado, nuestra respuesta es: el que tengo aqu� colgado", relata Reyes. Por todo ello, el d�o donar� las ganancias obtenidas por este tema a la Asociaci�n de Mujeres de la Industria de la M�sica (MIM). "Estamos m�s que acostumbradas a tener que gritar mucho. Entonces, por una m�s no pasa nada. Esto es por el bien com�n, pues es algo que nos afecta a todas".
Volviendo a la terraza de las Shego, Irenegarry alerta de la expansi�n de los comportamientos t�xicos: "A mi alrededor veo un mont�n de mujeres de la industria que replican cosas que son masculinas, a malas: la competici�n, la agresividad... A m� no me interesa conquistar espacios en ese plan, mi objetivo nunca va a ser querer ser como un t�o; yo quiero ser yo y que eso sea suficiente y ya est�. Pero esta l�gica masculina est� en todas partes ahora mismo, en los hombres y en las mujeres, porque va un poco adherido al sistema en el que vivimos".
Frente a esta y a otras situaciones hostiles, una respuesta en la que coinciden los tres grupos es la trascendencia de la amistad. En cada uno de sus trabajos discogr�ficos hay una presencia destacada de esta revoluci�n �ntima: Pipiolas con Mi amiga ("Y esperar� a que vengas a buscarme,/a que me lleves a cualquier parte./ Amiga,/no pasa nada, tranquila./ Para ti, nunca, nunca ser� tarde"), Ginebras con Con las chicas en Berl�n ("Acu�rdate cuando est�s deprimida/ de esa ciudad que viste con tus amigas./ Reconocerte en cada esquina, hacer realidad todas tus fantas�as") y Shego con amiamiga ("�ltimo verano, �ltimos intentos./Tomarte la mano, deporte de riesgo./Mucha mala cara, vaya mala hostia./No me puedes enga�ar a m�, amiga").
"En este disco se ve especialmente", arranca Raquel de Ginebras, "porque hay canciones que hablan de cosas que hemos vivido las cuatro, pero tambi�n otras sobre vivencias por separado en las que hemos estado acompa��ndonos. Siendo historias tan personales, si no hubiese esa base s�lida de amistad, igual no podr�amos defenderlas todas en el escenario". Sandra Sabater (Alicante, 1996) apoya su guitarra y ampl�a la respuesta: "Nuestra relaci�n de amistad se ha ido transformando, pero siempre a mejor, con unas bases cada vez m�s s�lidas. Obviamente hay discusiones y es muy duro ser amigas y a la vez compartir todo -giras, ensayos, momentos donde emocionalmente estamos un poco m�s tensas-, pero hemos hecho que la relaci�n sea much�simo m�s fuerte gracias a personas externas y a hablar entre nosotras".
Pipiolas van m�s all� y defienden la primac�a del cari�o fraternal frente al amor rom�ntico. "Nuestra generaci�n empieza a entender que las relaciones de amistad son un compendio de las familiares y de las amorosas. Parece que las primeras est�n siempre un escal�n por debajo y no", se queja Paula. "Vienen a ser m�s o menos lo mismo salvo quiz� en el deseo entre los cuerpos. Adriana y yo es como si estuvi�ramos casadas". La aludida le da la raz�n. "La �nica diferencia con una pareja que podemos tener Paula y yo es que no hay atracci�n sexual", dice. "A veces la amistad se usa como caj�n de sastre y es todo lo contrario. Es la base del resto de relaciones, aunque siga estando jerarquizado". Paula pone un ejemplo: "Como eterna soltera, me revienta que a una boda a la que me inviten pueda ir mi pareja con la que llevo dos meses pero no mi amiga con la que tengo un proyecto de vida".
De ah� la necesidad de buscar -o, si no se encuentran, crearlos- referentes para enfrentarse a todas las dimensiones de estos afectos, incluido el duelo. "Que a veces es incluso m�s doloroso que el de las relaciones rom�nticas", apunta Charlotte mientras sus compa�eras de Shego asienten. "La vida en sociedad est� organizada alrededor de la idea de pareja, que es algo muy oficial que hay que tener muy claro: es tu novio, es tu novia, son tus ex... Las amistades, en cambio, parece que son una cosa... menos importante. Lo cual no es cierto. Porque, al final, uno tiene muchos m�s amigos que parejas a lo largo de la vida", reflexiona Irenegarry. "Adem�s, si t� lo dejas con tu pareja, �con qui�n te vas a sostener?", plantea Raquel Cerro (Alcal� de Henares, 1997), la otra voz y guitarra en el grupo. "Puedes dejar de ser amiga de una persona de una manera mucho m�s tranquila, porque se separan los caminos o puede haber una puta bronca gigante". A eso hay que sumarle otra complejidad, seg�n Irenegarry: "Como no se ha roto expl�citamente algo, nos hace gracia pensar que en nuestros temas est� la puerta abierta a ver qu� puede pasar. Nos hac�a gracia esta cosa de que 'ya nos veremos en el infierno'".
"En las relaciones humanas hay que hacer un ejercicio activo de cuidado", interviene Raquel. "Siento que nuestra generaci�n est� poniendo cada vez m�s el foco en eso. Y ojal� las futuras se den todav�a m�s cuenta". La otra guitarrista de la formaci�n tuerce un poco el gesto. "Ojal�, pero tengo la sensaci�n de que vamos hacia un mundo m�s y m�s individual. No siento que el rumbo de la sociedad sea que haya grandes redes de amistad. Es una pena. Porque luego llega la vejez y ves a las se�oras que s�lo se tienen las unas a las otras, porque est�n todas viudas y son todas vecinas. Es lo �nico que te salva".
Hablando de salvaci�n, la mirada hacia la generaci�n de Shego, Ginebras y Pipiolas, nacidas todas ellas justo antes del cambio de milenio, ha estado te�ida de una cierta condescendencia. "Pobrecitas, m�ralas", parecen decir los ojos de quienes llegaron al mundo antes que ellas. Una crisis econ�mica tras otra, la progresiva desaparici�n de los optimismos y las grandes verdades del pasado, la salvaje transformaci�n que trajeron consigo las redes sociales... Ellas son conscientes de que es un mundo m�s complejo, pero no est�n aqu� para dar pena. Tampoco pretenden que sus canciones sean lecciones sobre diversidad sexual, salud mental o conflictos ideol�gicos, sino tratar de entender el mundo a trav�s de su arte.
"Nos educan en la inmediatez y la sobreproducci�n, pero llegar� un momento en que eso pete o se autorregule", dice Adriana Pipiolas. "Vivimos unos tiempos en los que todo est� supermedido y controlado. Y yo echo en falta a pe�a que sea m�s espont�nea, que meta m�s la pata y que la cague, que creo que eso es algo guay de nosotras: la podemos cagar, no pasa nada, somos j�venes y no tenemos ni puta idea de nada", formula por su parte Irenegarry. "Si has nacido ya con este mundo de las redes sociales e internet, puedes llegar a creer que �sa es la �nica realidad que hay. Y decirte: 'Si no estoy ah� no existo'. Calma", tranquiliza Raquel Ginebras. Tal vez ah� est� la clave: no en hacer m�s ruido, sino en cambiar el tono. Mientras la industria sigue pregunt�ndose qu� hacer con ellas, ellas ya est�n haciendo otra cosa. Sin pedir sitio, porque ya lo est�n ocupando.
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