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En una emotiva vigilia celebrada ante 40.000 personas en el Estadio Olímpico Lluís Companys, el Papa León XIV abordó con contundencia la "realidad dramática" de la violencia contra las mujeres. El momento de mayor carga emocional de su visita a España se produjo tras el testimonio de una joven cuyo padre intentó asesinar a su madre cuando ella era pequeña, planteando el difícil dilema de cómo perdonar tras un acto de tal gravedad.
Ante la pregunta de la joven, el Pontífice fue tajante al señalar que la violencia machista tiene "raíces antropológicas y culturales" y que a menudo desemboca en feminicidios que reflejan un "clima envenenado" en las familias. León XIV instó a no buscar explicaciones en lo divino para actos que son responsabilidad humana: "No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad", afirmó, subrayando que el mal no debe achacarse a la voluntad de Dios, sino a la cultura del individualismo y a la tentación de la violencia.
Uno de los puntos más destacados de su respuesta fue la matización sobre el concepto de perdón. El Papa aclaró que perdonar no implica, en todos los casos, volver a mantener una relación con el agresor o regresar a la situación anterior al daño. Según el Pontífice, el perdón consiste en "rechazar toda forma de odio o venganza", pero no exige vivir una relación plena con quienes han herido profundamente a la persona.
Durante el acto, que incluyó actuaciones de artistas como Sergio Dalma o Alfred García, el Papa también denunció los modelos culturales que solo aceptan a los "vencedores", dejando el dolor y la fragilidad en un "silencio ensordecedor". Finalmente, hizo un llamamiento a la sociedad y al sistema sanitario para que no se ignore el malestar invisible de la salud mental, pidiendo a todos abordar la violencia de género en todas sus dimensiones para proteger los equilibrios fundamentales de las personas.









