Guionista, humorista y crítica de cine, conduce junto a Lucía Lijtmaer Deforme Semanal Ideal Total, uno de los pódcast más escuchados de España. Se estrena como actriz en la nueva serie de Lorena Iglesias para Filmin Millennial mal

Isa Calderón posa en la Academia de Cine.
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- Se estrena como actriz en la serie de Filmin Millennial mal. ¿Se ha pasado al otro lado?
- ¡Me he pasado al otro lado! Llevaban proponiéndomelo muchísimo tiempo. Yo soy guionista , no he estudiado interpretación pero llevo diez años haciendo un show en el teatro en el que tienes que salir a entretener, y con eso coges tablas. Con Deforme Semanal hay mucho curro y siempre me ha dado una pereza impresionante ponerme a escribir una ficción propia. Entonces llegó Lorena Iglesias, me propuso este papel -que es hacer de mí misma embarazada, básicamente-, y dije: «Pues mira, me parece un secundario de puta madre».
- No es un cambio de rumbo definitivo...
- No, no. Si alguna vez me volvieran a proponer algo que mole un montón, y viendo también la pasta... Si acaso, quizá esto me envalentona para hacer ya mi propia serie.
- La ficción cruza a los millennials con los zetas. ¿Qué nos une?
- Tenemos más en común de lo que nos creemos. A nosotras nos quitaron la juventud por el machismo impresionante que vivíamos, y ellas están liberadas sexualmente como nunca, viven con más libertad. Pero las dos generaciones compartimos una precariedad terrible. A los millennials nos pegó de lleno la crisis de 2008 justo al empezar el mundo profesional. Yo he vivido muchísimos años en la precariedad, hasta hace muy poco. En Madrid es imposible comprarse una casa: yo no puedo. Se me ataca mucho por mi apellido porque soy sobrina de Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución. Mira, yo me he tenido que buscar la vida como todo el mundo. Me encantaría decir que soy rica, pero no lo soy.
- ¿Es mal millennial definitivo pensar que el aguacate y el Satisfyer nos salvarán de cualquier crisis?
- Si no ponemos el foco en cosas mundanas nos vamos a morir de la depresión. Me parece muy bien que enfoquemos las fuerzas en que los políticos se pongan las pilas con la vivienda, pero también tenemos que pasárnoslo bien y tener pequeñas distracciones de la mierda en la que vivimos. Una cosa no quita la otra. El aguacate es sanísimo y el Satisfyer, también. Virginia Woolf decía que los hombres nunca están pendientes de las pequeñas cosas y las mujeres, sí. Ocuparte de tus flores o de tu aguacate es bueno para el alma.
- Se define como feminista de izquierdas, pero la izquierda también se ha llevado palos en su programa.
- Yo soy feminista de izquierdas y, por supuesto, tengo millones de contradicciones porque nos han educado como nos han educado y me he ido deconstruyendo. Pero no me gusta nada ese discurso que ha tenido a veces la izquierda de: «Dejad a un lado los problemitas del feminismo o de la lucha LGTBIQ+ porque primero va la lucha de clases». No, perdona, todo es exactamente lo mismo. Hay un montón de gente relevante a la que hemos votado que ha tenido ese discurso.
- ¿Se siente decepcionada?
- Absolutamente. Totalmente. Siento muchísima decepción política; pesimismo, también. Yo a tope siempre con Irene Montero, me parece la ministra de Igualdad más vanguardista y revolucionaria que ha tenido este país. Y bueno, pues ya no está. El mundo, en todos los ámbitos públicos, vuelve a ser de los hombres. Vuelve el tiempo de los hombres.
- Si le llama Pedro Sánchez y le propone ser ministra de Cultura...
- Yo jamás en la vida podría dedicarme a la política por las cosas que he dicho. ¡Tendría que borrar programas enteros! En cualquier caso, no tendría la diplomacia, ni la paciencia, ni el el saber estar para ser ministra. Yo soy una bestia, una burra. Y además, el humor es mi arma y ahí no hay lugar para el humor.
- ¿Qué insulto de sus haters ha hecho suyo?
- Me encantó uno que decía: «Esta puta loca tiene razón». Me han llamado tantas veces puta que me giro si lo escucho por la calle.
"Cuando gané el Ondas, los mismos machirulos del cine que antes me miraban de arriba a abajo empezaron a saludarme"
- Esa forma de hablar suya tan característica, como mascando las palabras, ¿es un escudo?
- Soy una persona histriónica, se me ha castigado mucho por ello pero no pienso pedir perdón. Yo soy así y así seguiré y así seguiré. A Marc Giró, por ejemplo, se le perdona más porque es maricón, maricón gracioso. A mí, en cambio, el histrionismo me quita muchísima feminidad y eso les parece imperdonable. También te digo una cosa: mucho de lo que digo es posible por mi personalidad.
- ¿Por qué escuece tanto que una mujer analice el cine con perspectiva de género y humor?
- Cuando empecé en YouTube con las Reviews Fuertecitas no sabía dónde me metía: es un territorio absolutamente machirulo. Se pusieron a analizar mis vídeos con una agresividad, un machismo lacerante y una ira impresentables. Había una presunción de imbecilidad y de incultura brutal: «¿Esta chiquita hablando de Christopher Nolan, por Dios?». Luego, cuando nos dieron el Ondas y vieron que no era tonta, esos mismos seres que me miraban de arriba a abajo ahora me saludan.
- ¿Es Carlos Boyero el heredero natural de esas Reviews Fuertecitas?
- Desde luego que no. Odio su discurso reaccionario. Se ha vuelto vago y para él, como para cualquier cinéfilo casposo de esa edad, cualquier tiempo pasado fue mejor. Creen que el cine está a punto de acabarse y ponen a parir todo lo que denominan woke. Pues te jodes, ese es el cine de ahora. En España hay un auge de directoras increíble, aunque en Hollywood parece que están yendo para atrás y volviendo a las historias de tíos. No hay que relajarse jamás.
- Si el fin del mundo nos pilla mañana, ¿qué película deberíamos ver en el búnker para confirmar que la humanidad merecía la extinción?
- Cualquiera que tenga el rol de la Manic Pixie Dream Girl. Ese ideal de chica loquita, divina y mágica creada por un guionista pajillero masculino para salvar al protagonista introvertido y llenarle la vida de color, porque ella per se no tiene personalidad. Véase, Amélie. Ese concepto de mujer que no existe merece la extinción de la humanidad.
























