Cine
El torpe biopic redentor sobre el rey del pop firmado por Antoine Fuqua apenas alcanza a homenaje triste y condescendiente pese a la irresistible banda sonora

Jaafar Jackson en un momento de Michael.
Actualizado
Hay pel�culas que, como la inmensa mayor�a de las bolsas de patatas fritas, est�n pensadas para gustar. Lo tienen f�cil. A todos nos encantan las patatas fritas y, ya centr�ndonos en lo que estamos, todos somos capaces de tararear la parte m�s rumbosa de las canciones de Michael Jackson. Aunque no sepamos exactamente lo que decimos y pese al obsceno rid�culo cada vez que nos lanzamos al c�lebre Moonwalk. Al fin y al cabo, Michael cuenta con el aval del entorno del artista con lo que su director, Antoine Fucqua, ha tenido acceso libre a la discograf�a completa desde su etapa infantil en los Jackson Five. Y, en efecto, sea por la evidencia de la irresistible playlist como por la m�s que virtuosa imitaci�n que procura su protagonista, Jaafar Jackson (a la saz�n sobrino del homenajeado), la intenci�n de la esperada biograf�a del rey del pop es, ante todo, recuperar aquel sabor primigenio que ten�a su m�sica antes de que nuestro paladar adquiriera un regusto amargo por culpa de las revelaciones sobre los vergonzantes laberintos de su vida privada.
Ahora bien, ya los latinos nos dejaron aquello de que De gustibus non est disputandum. Es decir, lo del gusto, as� sin m�s, da problemas por aquello de que es complicado que nos pongamos de acuerdo. Pero, adem�s —y esto ya s� es un problema mayor—, la total ausencia de sentido autocr�tico o, desde el otro extremo, el empe�o sacralizador de la pel�cula es tan desvergonzado y abrasivo que se lleva por delante y sin remedio toda la colecci�n de buenas intenciones sin pr�cticamente remedio. Michael no es tanto un biopic al uso con sus luces y sombras como una celebraci�n muy poco pudorosa de un mito deslumbrante de la mano de una puesta en escena protocolaria (nada que ver con los d�as gloriosos de Training Day (D�a de entrenamiento) y, eso s�, del mejor cat�logo de canciones imaginables.
Para no despistarse, la cinta cuenta, al estilo de la celebrada Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer, el irresistible ascenso de un talento �nico desde el m�s humilde de los abismos a la m�s excelsa de las cimas. La n�mesis (es decir, el enemigo a batir) y motor dram�tico de la acci�n es el padre obsesivo, dominador e irrespirable (al que da vida Colman Domingo con una sobreactuaci�n discutible) que sirvi� a la vez para inculcar en la criatura el af�n perfeccionista a la vez que lo conden� a las m�s err�tica y solitaria de las existencias. El truco de la v�ctima, otra vez. La pel�cula obvia completamente los episodios oscuros que tienen que ver con las acusaciones de pederastia y lo hace de una manera tan alegremente inconsciente e imp�dica que aquella otra m�xima mucho m�s moderna (y que ni imaginaron los latinos) de separar el autor de la obra adquiere ahora la categor�a de desafuero. Por momentos y por dar con un s�mil cualesquiera, un equivalente podr�a ser contar la Segunda Guerra Mundial salt�ndose lo de la bomba at�mica.
Michael podr�a salvarse si en vez de querer ser pel�cula, con sus tres actos, su tensi�n dram�tica y su recorrido del h�roe, fuera simplemente un ejercicio de comuni�n con la m�sica de Michael Jackson. Pero no es as�. Y es ese impostado esfuerzo de querer ser lo que ya no puede ser lo que la desautoriza. El empe�o de confeccionar una mitolog�a �pica y hasta h�pica (no salen caballos, pero s� llamas y jirafas) alrededor del m�sico hace que todo se antoje desafinado; es decir, exactamente lo que nunca fueron sus creaciones. Dibujar la enormidad de su talento musical a trav�s de una vida supuestamente ejemplar de v�ctima (primero castigado su padre, luego condenado por el �xito excesivo y m�s tarde literalmente abrasado por el accidente sobre el escenario...), sin a la vez hacer referencia alguna a las v�ctimas de verdad de su oscuro y sobradamente documentado desvar�o, llam�moslo as�, solo se puede justificar desde la absoluta frivolidad culpable de una industria del cine cada vez m�s fr�vola y cada vez m�s culpable. Es as�.
Sea como sea, si uno es capaz de abstraerse, concentrarse en las canciones, seguir comiendo las patatas fritas que siempre gustan y no prestar demasiada atenci�n a la voz que finge su protagonista, enhorabuena, a la salida le sellar�n el certificado que le califica como un perfecto separador de artistas, obras y delitos.
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Director: Antoine Fuqua. Int�rpretes: Jaafar Jackson, Juliano Krue Valdi, Colman Domingo. Duraci�n: 127 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.























