Demograf�a
Funcas critica que "el cortoplacismo que domina el debate p�blico sobre los beneficios de la inmigraci�n no ha permitido el an�lisis de las consecuencias a largo plazo"

Varios inmigrantes se dirigen a una oficina de Extranjer�a.Araba Press
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En dos d�cadas, Espa�a se ha convertido en uno de los grandes destinos migratorios del mundo y el principal receptor de la Uni�n Europea en t�rminos relativos. En 2025, el 19% de su poblaci�n es de origen extranjero, superando el 14% de media europea. Sin embargo, el "volumen extraordinario" ha permitido "retrasar" los efectos de la crisis demogr�fica que afecta al pa�s sin llegar a alterar la trayectoria de fondo de una sociedad que envejece a un ritmo imparable. As� lo advierte el estudio Los l�mites de la inmigraci�n para el ajuste demogr�fico en Espa�a publicado por Funcas este martes, que concluye que la inmigraci�n debe entenderse �nicamente como un "factor de amortiguaci�n, no como una soluci�n permanente al reto demogr�fico espa�ol".
Esta tregua demogr�fica se apoya en un modelo que, seg�n el think tank, muestra ya claros signos de agotamiento. En primer lugar, Espa�a atrae inmigrantes "con extraordinaria eficacia, pero no retiene con la misma intensidad", explica el estudio. Aunque casi 15 millones de personas han iniciado su residencia en el pa�s desde 2002 hasta 2024, la poblaci�n solo ha crecido en siete millones debido a que algo m�s de la mitad de los que llegan terminan march�ndose. Esta baja capacidad de retenci�n -que supone una tasa de retenci�n del 48% y se concentra en las edades m�s avanzadas- genera una dependencia de entradas constantes y cada vez m�s masivas para que el volumen total de habitantes no retroceda. Entre 2009 y 2024, Espa�a retuvo a uno de cada tres inmigrantes, uno de los pa�ses que menos retuvo de la UE.
El estudio de Funcas apunta que Espa�a ha seguido una "adaptaci�n reactiva" basada en ganar tiempo, pero advierte que seguir en esta l�nea exigir�a atraer flujos cada vez mayores procedentes de pa�ses que tambi�n est�n envejeciendo y cuyos excedentes demogr�ficos se reducen, especialmente en Am�rica Latina donde ya se ve una reducci�n en la fecundidad. Por esto, critica que "el cortoplacismo que domina el debate p�blico sobre los beneficios de la inmigraci�n no ha permitido el an�lisis de las consecuencias a largo plazo". Esto ha favorecido la ausencia de una estrategia demogr�fica expl�cita, "de forma que los flujos migratorios han ocupado el espacio que deber�a haber ocupado, entre otros, la pol�tica familiar", aseguran los autores.
Otro factor a considerar es que la inmigraci�n no est� corrigiendo la ca�da de la fecundidad en Espa�a como se suele creer. Los datos indican que, en 2024, hab�a en Espa�a un tercio m�s de mujeres inmigrantes en edad f�rtil que en 2009. Sin embargo, sus nacimientos han ca�do un 10% en ese mismo periodo y su fecundidad se ha reducido un 32% en esos 15 a�os. Los autores del documento explican que "el contexto espa�ol neutraliza el potencial reproductivo de quienes llegan con una eficacia que los datos no permiten ignorar". Por esto, a pesar de que el 40% de los ni�os de cero a cuatro a�os tiene alg�n v�nculo con la inmigraci�n, el 81% del descenso de los nacimientos se debe al comportamiento reproductivo de las mujeres -que no tienen m�s hijos que los hogares espa�oles- y no a la falta de madres.
De igual forma, este fen�meno al que los autores, H�ctor Cebolla Boado y Mar�a Miyar Busto, llaman "espa�olizaci�n" del comportamiento reproductivo se hace visible en los hombres socializados en Espa�a, que presentan niveles de paternidad comparables a los nativos y frenan las esperanzas de relevo generacional externo. Cebolla explica que la fecundidad se ajusta a la baja por dos factores: la disrupci�n que supone el hecho de migrar, que ya se traduce por s� mismo en una dificultad para formar hogares; y que los inmigrantes se incorporan al r�gimen de fecundidad (a la baja) espa�ol, es decir, en el mismo mercado laboral, de la vivienda, y supone el mismo coste en tiempo y recursos que para los espa�oles.
A este escenario se suma que el efecto rejuvenecedor de estos flujos est� perdiendo fuerza porque la propia poblaci�n inmigrante est� envejeciendo de forma acelerada. El colectivo que lleg� a principios de siglo ya est� cumpliendo a�os, lo que provoca que "la propia poblaci�n inmigrante envejece" al mismo ritmo que la nativa. Adem�s, el perfil de las nuevas llegadas es cada vez mayor. De hecho, en 2024 una de cada cinco personas que entr� en el pa�s superaba los 54 a�os. Entre 2021 y 2025, el grupo de inmigrantes mayores creci� un 42% -unas 615.000 personas m�s-, una cifra equivalente a toda la poblaci�n de M�laga instal�ndose en esa franja de edad en solo cuatro a�os. Esta din�mica anticipa una "presi�n adicional sobre los sistemas de salud y dependencia" que cuestiona la viabilidad de delegar el futuro del sistema de bienestar �nicamente en la llegada de extranjeros.
Por otro lado, el informe destaca que la inmigraci�n no llega a las zonas donde el envejecimiento es m�s severo -las zonas con riesgo de despoblaci�n o la llamada Espa�a vac�a- porque los flujos se dirigen prioritariamente hacia regiones con mayor dinamismo econ�mico (focos de empleo y turismo, como Madrid o Barcelona). Como resultado de esta l�gica de mercado, "la inmigraci�n refuerza los territorios que ya crecen y deja sin correcci�n los que m�s la necesitan", lo que agrava la fractura demogr�fica entre el litoral y el interior, y deja una presencia de extranjeros apenas marginal en provincias como Zamora, Le�n o Lugo.


















