Mientras los directores creativos bailan y las colaboraciones entre gigantes y mitos de la moda se propagan, la diseñadora británica regresa a H&M para inyectar creatividad en los materiales y procesos que eliminan del armario pesticidas y plásticos.
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La diseñadora Stella McCartney, con traje gris, junto a Ann-Sofie Johansson, directora creativa de H&M.H&M
En 2005, la alianza entre Stella McCartney y H&M marcó el inicio de la democratización del diseño de autor. Dos décadas después, el gigante sueco y la diseñadora británica reeditan su colaboración con un objetivo que desplaza la búsqueda del mero prestigio estético: la integración de estándares circulares en la producción de gran consumo. El lanzamiento, previsto para el próximo 7 de mayo, se presenta como un balance de los 25 años de trayectoria de la directora creativa.
La colección funciona como una retrospectiva técnica y estilística del ingenio de McCartney. Incluye siluetas fundamentales de la británica, como la sastrería masculina, camisas holgadas y gabardinas amplias, que alternan con vestidos con detalles de cadena, inspirado por el bolso Falabella, prendas de malla con estampados de cereza y la camiseta 'Rock Royalty', un diseño que celebra la estética de los años 90.
La relevancia de esta unión, entonces, se relocaliza. Reside, por obra de McCartney, en la complejidad de los materiales. La colección emplea poliéster reciclado procedente de residuos textiles, seda orgánica producida sin pesticidas y celulosa obtenida de fibras residuales de algodón (ecojilin). Las lentejuelas, que revisten dos piezas de color marfil, se elaboran con un 80% de cristal reciclado. También se han introducido soluciones experimentales, como recubrimientos derivados del maíz industrial y aceite vegetal reutilizado. El uso de estos componentes busca reducir la dependencia de combustibles fósiles en una industria, por tradición, ligada al consumo de materiales vírgenes.

Blusa (129 euros) elaborada en Ecojilin, una viscosa creada a partir de los residuos del algodón. Los vaqueros (99 euros), un trampantojo bicolor, se confeccionan en algodón reciclado y orgánico.
Ann-Sofie Johansson, directora creativa de H&M, sostiene que el enfoque de la compañía no es imitar el lujo, sino facilitar el acceso a un diseño icónico. "Cosas que parecían tan radicales en 2005, como el algodón orgánico o el reciclaje de materiales, son ahora una práctica habitual en gran parte de lo que hoy hacemos en H&M".
Ante la crisis de sobreproducción del sector, la directiva señala que el éxito de este proyecto no se medirá de forma exclusiva por la velocidad de ventas y las colas frente a la puerta de las tiendas. El objetivo, en esta ocasión, se proyecta hacia el futuro: aspiran a generar y enriquecer el debate a través de su nuevo Panel de Información (Insights Board). "Queremos situar la sostenibilidad en el orden del día: fomentar la conversación y asegurar que no se convierta en algo que a la gente le abrume o le ponga nerviosa discutir".
La propuesta de McCartney, que se dilatará en el tiempo con diferentes fórmulas, evita el discurso de la perfección ecológica. Se plantea, en cambio, como una solución pragmática: aplica procesos de bajo impacto ambiental a una red de distribución global.

Sujetador con abalorios elaborados con un 80% de cristal reciclado (199 euros).
- Stella McCartney, la firma, se basa en parte en el "menos es más", los materiales libres de crueldad animal y la circularidad. ¿Cómo reconcilias tu ética personal con el modelo de negocio de H&M, que aún depende de la producción a gran escala?
- No lo reconcilio: lo cuestiono. Trabajar con una empresa de esta magnitud es una oportunidad para demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera, dentro de un sistema que llega a millones de personas. Si conseguimos demostrar que la moda deseable puede hacerse con mejores materiales, con menos impacto, y hacerlo a gran escala, ahí es donde ocurre el verdadero cambio. Siempre he creído que hay que implicarse con la industria tal y como es, no solo con la versión que te gustaría que fuera, e intentar empujarla hacia adelante desde dentro.
- La moda rápida suele ser criticada por su corta vida útil. ¿Qué has hecho en esta colección para evitar que estas prendas acaben en un vertedero dentro de tres temporadas?
- Son prendas pensadas para durar: en estilo, en calidad y en deseo. He recuperado piezas icónicas de Stella que la gente ya ama y ha conservado durante años, y las he traído a esta colección con la misma intención: que las uses una y otra vez. Cuando algo está bien hecho y tienes una conexión emocional con ello, no lo tiras: lo guardas, lo revendes, lo pasas. Ese es el cambio que necesitamos.
- En 2005 estábamos en el auge del "masstige". Hoy el consumidor es más escéptico. ¿Cómo ha evolucionado tu forma de dirigirte a las masas para adaptarte a una mentalidad más exigente?
- El consumidor está mucho más informado ahora, y con razón. Para mí, se trata de ser completamente transparente y rigurosa: no solo decir que algo es mejor, sino explicar cómo y por qué. Al mismo tiempo, tiene que ser deseable. Nadie quiere renunciar a cómo se siente con lo que lleva. Así que el enfoque es unir esas dos cosas —integridad y deseo— y hacer que parezca natural.
- Vivimos en el mundo de Shein y de los "dupes" (imitaciones baratas) en TikTok. ¿Por qué resulta importante para ti ofrecer una colaboración original en una era en la que el lujo se copia en tiempo real?
- Porque la originalidad no es solo una cuestión estética, sino de cómo se hace algo y de lo que representa. Puedes copiar una silueta, pero no los materiales, ni la cadena de producción, ni la intención que hay detrás. Ahí es donde está el verdadero valor. Se trata de demostrar que la moda puede hacerse de otra manera, no solo creando algo bonito y pasajero.

Top drapeado realizado en viscosa Bailu-eco, que se elabora a partir de residuo textil y madera. (90 euros).
- ¿Puede la moda sostenible ser realmente democrática o es la "sostenibilidad asequible" un mito que seguimos intentando vender a la clase media?
- Tiene que ser democrática. Si no, no funciona. Ahora mismo, el sistema logra que hacer lo correcto sea más caro. Por eso proyectos como este buscan cerrar esa brecha: hacer que elegir mejor esté al alcance de más gente. No es perfecto, pero es un paso adelante. Y creo que lo importante es seguir avanzando en esa dirección, en lugar de darlo por imposible.
- La industria está viendo un regreso de directores creativos hombres al frente de grandes casas. Como mujer que siempre ha diseñado para abarcar la experiencia femenina, ¿cómo recupera esta colección el armario de la mujer real?
- Siempre he diseñado para mujeres: para cómo viven realmente, para cómo quieren sentirse. Para mí, se trata de crear prendas que aporten fuerza, comodidad y confianza, en lugar de vestir para una mirada externa. Esta colección gira precisamente en torno a eso: un armario que funciona en la vida real, con una perspectiva femenina en el centro, que creo que sigue siendo fundamental.
- A menudo dices que diseñas "uniformes" para mujeres. En estos tiempos, ¿cuál es el "kit de supervivencia" que has creado para la mujer de 2026?
- Se trata de prendas que te acompañan. Sastrería que te da estructura, piezas con las que puedes moverte durante el día, cosas que resultan naturales pero están bien pensadas. En tiempos turbulentos, hay algo muy potente en tener un armario que te hace la vida más fácil: en el que puedes confiar y que te hace sentir tú misma.

Abrigo oversized (299 euros) y chaqueta de doble botonadura (279 euros), ambas elaboradas en viscosa Ecojilin, fabricada a partir de residuos de algodón, ylana RWS, que certifica el bienestar animal. Bolso rojo de malla realizado en poliéster reciclado (99 euros).
- ¿Por qué vuelves a H&M ahora? ¿Es una forma de proteger tu legado acercándolo a la Generación Z o había "asuntos pendientes" de hace dos décadas?
- No va de legado, va de impacto. La primera vez que trabajamos juntos, realmente se produjo un cambio. Ellos tomaron lo que hicimos y lo integraron en su negocio. Eso se me quedó grabado. Volver ahora es una oportunidad para ir más allá. Queda mucho por hacer y trabajar con un socio de esta escala te permite llegar a más gente y tener un mayor impacto.
- ¿Qué parte de esta colección es un "greatest hits" de tu carrera y qué parte es una visión de cómo debería ser la moda en los próximos diez años?
- Es un equilibrio entre ambas cosas. He revisitado las piezas que han definido a Stella, la firma, y las he reunido de una forma que resulta actual. Pero también se trata de mostrar cómo esas piezas pueden hacerse mejor hoy, con el conocimiento y los materiales que tenemos. Refleja el pasado, pero mira claramente hacia dónde tenemos que ir.
- ¿Prefieres ser recordada como la diseñadora que hizo el lujo accesible o como la activista que contribuyó a cambiar la forma de actuar de los gigantes del retail?
- Nunca he separado ambas cosas. Para mí, ser diseñadora y ser activista forman parte de lo mismo. Se trata de crear moda de una manera que tenga un impacto positivo. Si ayuda a transformar la industria, aunque sea un poco, eso es lo que importa.



























