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«Sos más piola de lo que pensé». José María del Corral, director de la organización pontificia Scholas Ocurrentes, imagina palabras que el papa Francisco podría decirle a su sucesor, León XIV. Piola, en el lunfardo porteño con el que Jorge Bergoglio se expresaba ante sus amigos argentinos, como Corral, implica características como listo, apañado, simpático.
El ejercicio de hipótesis muestra lo que les ocurrió con Robert Prevost a muchos allegados a Francisco: primero advirtieron con desconfianza cambios en la imagen papal, y luego se entusiasmaron con sus posturas firmes de oposición a la guerra, el enfrentamiento con Donald Trump y el pedido de un freno regulador para los magnates tecnológicos.
«Son dos temperamentos distintos. Bergoglio era más extrovertido y con gusto por la provocación; Prevost es más sobrio y reservado. Pero en los contenidos hay una gran continuidad», describe Lucio Brunelli, periodista italiano que fue amigo de Francisco y escribió dos libros sobre el Pontífice. En esas coincidencias, resalta la idea de «una Iglesia abierta a 'todos, todos, todos', como repetía Bergoglio» y «comprometida con valentía contra la guerra, sin temor a entrar en colisión con Trump o Netanyahu». También destaca una continuidad en la «defensa de la dignidad los inmigrantes», algo que quedará reflejado en las visitas de León XIV a Canarias la semana próxima y a Lampedusa en julio, donde se produjo una de las imágenes históricas del Papado de Francisco.

El director de Scholas Ocurrentes, José María del Corral, junto a su amigo el Papa Francisco.Cedida
En sus 13 meses en el Trono de San Pedro, León XIV dio señales claras de no ser un «Francisco II», como soñaron los bergoglianos, pero tampoco una rectificación conservadora que barriera con el legado de su predecesor ni un representante de los intereses de la Casa Blanca en Roma. En ese equilibrio, mantuvo en la curia a muchos de los leales a Francisco, como el secretario de Estado de la Santa Sede Pietro Parolin —un aspirante al que derrotó en el Cónclave— o al obispo argentino Víctor «Tucho» Fernández. Pero también incorporó caras que hubieran sido impensadas. Un ejemplo: esta semana nombró al frente del Dicasterio de Comunicación a María Montserrat Alvarado. Aunque sigue la apertura de Bergoglio hacia mujeres y laicos en puestos de poder, en este caso se trata de la directora de la cadena estadounidense ultraconservadora EWTN News, opositora acérrima a Francisco.
El vaticanista Brunelli, que tiene 73 años y fue casado en segundas nupcias por Bergoglio, niega que haya «rupturas» entre un Papa y otro, pero sí ve que los cambios en la vestimenta de León «subrayan una mayor atención a una sensibilidad litúrgica tradicional». «También muestran una mayor atención a las normas del derecho canónico: todas las rupturas jurídicas de Francisco han sido recompuestas», destaca. Brunelli recuerda que Bergoglio definió a Prevost como «un santo»: «Creo que se refería no solo a su gran fe, sino también a su enorme paciencia. A su capacidad de soportar las dificultades buscando siempre la unidad. Una paciencia que quizá Bergoglio no siempre tenía».
Desde Buenos Aires, el padre Lorenzo Toto de Vedia, un histórico «cura villero» que trabajó con Bergoglio desde sus tiempos de arzobispo porteño, considera que «el Papa León es parte del legado de Francisco». «Sostiene la misma mirada que tenemos acá los villeros (los que viven en chabolas): una Iglesia pobre para los pobres; una Iglesia hospital de campaña», enumera desde su parroquia de la Villa 21-24, una barriada marginal cuyos pasillos recorre cada día en bicicleta.

José María Del Corral junto León XIVCedida
También desde su trinchera argentina habla con vestigios de acento andaluz otro integrante del grupo de Curas en Opción por los Pobres, el padre Francisco Paco Olveira, nacido en Málaga en 1964 e instalado en Latinoamérica desde sus tiempos de seminarista. «León usa más ropitas que Francisco y volvió a la residencia papal, lo cual claramente no me gusta», se sincera Olveira, que pasa esta semana en huelga de hambre contra el gobierno de Javier Milei, únicamente tomando mate. «Pero en definitiva sigue la línea de Francisco y espero que así sea», marca.
En su capilla ubicada en un asentamiento de chabolas del conurbano bonaerense, el padre Paco reconoce que su comunidad está «muy lejos» y que no sigue el día a día de la actividad papal. «Pero creo que León tuvo algunos gestos importantes sobre la importancia de los pobres para la Iglesia. Está bueno que las máximas autoridades sostengan este mensaje y que nosotros no quedemos como unos curas marginales o loquitos o subversivos o rojos. Es el mensaje oficial de la Iglesia porque es el que está en el Evangelio», define el sacerdote, que ya fue detenido seis veces por la Policía en concentraciones en contra de las políticas libertarias de Milei.
Otro biógrafo y amigo de Francisco, el vaticanista británico Aster Ivereigh, considera que «León fue la última sorpresa de Francisco». Para Ivereigh, «la hoja de ruta de la Iglesia católica contemporánea tiene su raíz en la gran reunión de los obispos latinoamericanos en Aparecida en mayo de 2007», de la que Bergoglio fue ideólogo. Nombrado por Francisco, Prevost hizo su experiencia pastoral como obispo de Chiclayo, en Perú. «Hay muchas diferencias de carácter y de formación cultural, pero no hay ninguna ruptura porque Prevost es fruto de esa iglesia latinoamericana, misionera, pastoral de Francisco», sostiene.

El sacerdote español "Paco" Olveira, "cura villero" de Buenos Aires, en una manifestación contra el gobierno de Javier MileiInstagram: @franciscopacoolv
Ivereigh extraña el carisma y la espontaneidad de Francisco, «un gran evangelizador» con «un estilo más profético», pero que «no era del agrado de todos». «León es más sistemático y cauteloso. Tal vez tranquiliza y reconforta más con su estilo», compara.
Del Corral, el educador porteño al que Bergoglio le encomendó la dirección de Scholas Ocurrentes, distingue que León es «un sacerdote que se mueve institucionalmente», mientras que «Francisco se manejaba su agenda con un papelito y eso ponía nerviosa a mucha gente». Amigo del «padre Jorge» durante más de tres décadas, no se siente una «viuda» del Papa argentino: «Porque para mí Francisco sigue vivo y nos lo muestra en cada paso que damos».
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