


























"Buenas noches. El partido que est�n a punto de ver es posiblemente la exhibici�
Para saber m�s

n de f�tbol m�s est�pida, espantosa, repugnante y vergonzosa en la historia de este juego". As� present� David Coleman en la BBC la emisi�n en diferido del Chile-Italia del Mundial Chile 1962. Y es que, en efecto, aquel partido fue una ignominia.
Chile organiz� aquel Mundial, de obligado regreso a Am�rica tras dos en Europa, tras pugna con Argentina, de m�s enjundia futbol�stica y mejor dotada de estadios. Carlos Dittborn, presidente de la Asociaci�n de Clubes chilena, hizo de su debilidad una ventaja con el argumento de que llevar el Mundial a su pa�s "ser�a llenar una funci�n b�sica de la FIFA, fomentar el desarrollo del f�tbol en esa regi�n, que lo merece y desea". Y gan� contra pron�stico por 28 votos a 10.
Poco se sab�a de Chile en los grandes foros futbol�sticos y en cualesquiera otros. Aplastado entre los Andes y el Pac�fico, poco visitado, distaba de ser una potencia en f�tbol. Jug� en Uruguay 1930 y Brasil 1950, sin destacar. En la Copa Am�rica su m�ximo fue un segundo puesto en la de 1955, jugada en su suelo. S�lo hab�an tenido un jugador de renombre, Jorge Robledo Oliver, hijo de chileno e inglesa y criado en Inglaterra. En la temporada 195152 fue m�ximo goleador ingl�s, con 32 goles en 33 partidos. John Lennon, fan del Newcastle y suyo, inmortaliz� uno de esos goles en un dibujo infantil que desempolvar�a para la portada de su �lbum Walls and Bridges. En 1953 fich� por Colo Colo, adonde lleg� sin hablar palabra de espa�ol, y complet� su carrera en Chile. Con 36 a�os, llevaba dos retirado.
Chile viv�a volcada en la preparaci�n del evento cuando el 21 de mayo de 1960 sufri� un devastador terremoto, que se cobr� 5.000 vidas y dej� a dos millones de personas sin hogar. Concepci�n y Talca, designadas como subsedes, quedaron arrasadas. Los gastos para el Mundial parecieron entonces superfluos ante la magnitud de la reconstrucci�n, pero el pa�s persever�, inspirado por una frase de Dittborn: "Puesto que nada tenemos, todo lo haremos", regada desde carteles por todo el pa�s. La FIFA contribuy� con 20.000 d�lares y Chile estuvo a punto en 1962, con cuatro sedes. El Estadio Nacional de Santiago alcanz� los 75.000 espectadores. Pero Dittborn no pudo disfrutarlo, porque una pancreatitis se lo llev� poco antes del inicio. Se le recuerda como un h�roe nacional.
Todo el pa�s hab�a derrochado esfuerzo, recursos e ilusi�n en este proyecto, concebido como su apertura al mundo. As� que es muy de entender el impacto que produjo el art�culo publicado por Il Resto del Carlino, diario de Bolonia, firmado por su redactor Corrado Pizzinelli tras un viaje al pa�s previo al campeonato.

Los agentes se llevan al italiano Salvatore del campo.GETTY
T�tulo: "Santiago, el conf�n del mundo"; subt�tulo: "La infinita tristeza de la capital chilena"; sumarios: "En ning�n otro lugar uno se siente tan perdido y solo como en la ciudad hu�sped del Campeonato Mundial de f�tbol". "Para los extranjeros es imposible huir de la nostalgia". "Los jugadores se resentir�n de este clima depresivo".
Lo que sigue es el texto, recortado por su extensi�n, pero sin merma de su sentido esencial:
"Desde que estoy en Chile tengo la curiosa sensaci�n de llevar el mundo sobre las espaldas. Se le siente encima igual que la tristeza de los habitantes, y ello provoca un malestar curioso que se agrava por los enormes saltos de la temperatura. Ayer en la ma�ana el term�metro marcaba cuatro grados; a las catorce horas, m�s de veintinueve. La sangre se torna torpe y parece faltar en las venas. Y despu�s de permanecer alg�n tiempo en Chile uno se siente extra�o a todo y a todos. El virus de la lejan�a m�s abandonada, m�s solitaria, m�s an�nima, se mete en el �nimo de todos y creo que ello incidir� en el estado an�mico de los atletas. (...). Desde que estoy en Chile me parece estar condenado a vivir en esa tierra triste y fant�stica en la que se desarrolla la acci�n de ese libro no olvidado, premio Goncourt, de Julien Gracq, 'La orilla de las Sirtes'.
La tristeza brota en todas las conversaciones, como una doliente espera y resignaci�n; no demora en apoderarse del �nimo del europeo m�s activo y lleno de buen humor (...). Esta capital es el s�mbolo triste de uno de los pa�ses m�s subdesarrollados del mundo y afligido por todos los males posibles: desnutrici�n, prostituci�n, analfabetismo, alcoholismo, miseria... (...). Chile es terrible y su capital, Santiago, su m�s doliente expresi�n, tan doliente que pierde en ello sus caracter�sticas de ciudad an�nima. Barrios enteros practican la prostituci�n al aire libre: un espect�culo desolador y terrible, que se desarrolla a la vista de las 'callampas', un cintur�n de casuchas que circundan las ya pobres de la periferia y habitadas por la m�s doliente humanidad (...). Que se entienda bien: no son de origen indio. El 98 o 99 por ciento de la poblaci�n chilena es de origen europeo, lo que nos hace pensar que Chile, en el problema del subdesarrollo, no debe colocarse en el nivel de Asia y �frica porque aqu�, por la formaci�n de su poblaci�n, la degeneraci�n es mucho m�s grave que en los casos citados. Los habitantes de esos continentes no progresan, los de Chile se retrasan.
Santiago es campe�n en los problemas m�s terribles de Am�rica Latina y es necesario se�alar que si la actual clase dirigente, organizando el actual campeonato del mundo, buscaba para s� buena propaganda para las pr�ximas elecciones, no cabe duda de que ha cometido el m�s craso error (...). Hay una huelga de m�dicos, que se niegan a prestar atenci�n a quien quiera que la solicite; est� la extra�a lucha por las aguas del Lauca, que Bolivia reivindica para s�; existe la situaci�n del campesinado, donde hay trabajadores agr�colas por doce liras; est�n los problemas de la luz el�ctrica y el agua potable de Santiago. No es en absoluto una ciudad fascinante, sin grandes monumentos ni recuerdos hist�ricos, sin palacios que destaquen.
Y todo esto se da en Santiago, tal vez por s�mbolo de todos los problemas de Chile, de esta estrecha franja entre mar y monta�a que tiene 3.500 kil�metros de largo, que comienza en el norte con el desierto y termina en el sur con los hielos del polo, con el oc�ano al oeste y la cordillera de los Andes al este, que la separan, al igual que el polo y el desierto, del resto del mundo (...)."
La cr�nica fue rebotada a Chile, por su principal diario, El Mercurio, con el consiguiente revuelo. Para m�s inri, Italia y Chile compart�an grupo, con sede en Santiago. Los jugadores italianos, que poco o nada supieron del asunto, se vieron metidos en un avispero desde el d�a de su llegada. El diario �ltima Hora les tildaba de "fascistas, mafiosos, man�acos sexuales y drogadictos". Las declaraciones cordiales y las protestas de inocencia no les sirvieron de nada. Visitaron el cementerio de la capital para depositar coronas de flores en las tumbas de los h�roes nacionales, pero fue in�til. El pa�s entero herv�a contra ellos, que se movieron con constante escolta del Ej�rcito.
Se estrenaron el 31 de mayo (0-0 ante Alemania), con todo el Estadio Nacional a favor de los teutones. Fue un partido duro, con las patadas alemanas clamoreadas y las italianas reprobadas con furia.
El 2 de junio toc� el inevitable Chile-Italia. Chile hab�a batido a Suiza; asegurar�a la clasificaci�n a cuartos ganando a Italia, pero m�s importante era reparar la ofensa nacional. Paolo Mazza, seleccionador italiano, no saca a los mejores, sino a los que se atreven a salir. Hay seis cambios respecto al equipo de Alemania, en puridad seis deserciones, entre ellas la de Omar S�vori, argentino nacionalizado, Bal�n de Oro de 1961. Los elegidos son todos bravos, decididos. De salida intentan endulzar el ambiente con ramos de claveles blancos que acercan al p�blico, pero son rechazados con insultos, escupitajos y objetos arrojadizos.
Bueno, pues en la guerra, como en la guerra, pensar�an. Salen pegando, los chilenos responden doblando la apuesta ("s�lo falta que vengan a pegarnos en nuestra casa", fue el razonamiento com�n) y el �rbitro ingl�s Ken Aston asiste at�nito a aquella ordal�a de patadas para la que nada le ha preparado antes el duro pero noble y respetuoso f�tbol ingl�s. "No me vi arbitrando un partido, sino una guerra", dir�a despu�s. M�s adelante idear�a las tarjetas como ayuda arbitral para ocasiones as�.
En el 7' cree que puede frenar la histeria expulsando a Giorgio Ferrini, medio defensivo apodado "La Diga" ("El Dique") por su capacidad para pintar la raya, que ha respondido a un planchazo de Honorino Landa con una patada por detr�s. No es la peor fechor�a vista hasta el momento, pero Aston decide expulsarle. Se niega a salir; Aston trata de sacarle del brazo, �l se resiste; acaba entrando una docena de polic�as con sus pesados abrigos (era invierno) y sus gorras de plato para llev�rselo. Luego sigue el festival. Las patadas nublan el sol. El duelo Humberto Maschio (otro argentino italianizado) y Jorge Toro, habitantes del medio campo, hubiera asustado a Ilia Topuria. Todos pegaban, todos recib�an, y Aston se mov�a como un p�nfilo, s�lo estricto, y hasta lo rid�culo, a la hora de fijar el punto de saque de cada falta.

La Polic�a trata de separar a los futbolistas al t�rmino del partido.E. P.
El otro gran foco estaba en la banda izquierda chilena, el duelo entre Leonel S�nchez, la estrella local, y Mario David, un acreditado duro. Despu�s de varios entreveros hay una jugada en la que Leonel cae, retiene el bal�n entre las rodillas y David le patea ardorosamente hasta que el chileno se levanta y le tumba con un acad�mico crochet de izquierda. Aston se hace el despistado. David se tomar� la revancha en el 43', aprovechando un bal�n alto para soltar una patada voladora en la sien a Leonel. Esta vez Aston no tiene m�s remedio que expulsarle.
Italia juega toda la segunda parte con nueve, en t�ctica romana de tortuga erizada, pegando a todo el que se acerca y recibiendo en la misma proporci�n cuando pretende salir. El duelo Maschio-Toro sigue siendo estelar. El marcador no se mueve hasta el 73', en un cabezazo de Jaime Ram�rez a la salida de una falta. Lo cierra en el 87' Toro, con un tirazo desde fuera. Es admirable que haya llegado hasta ah� con ese poder�o en el disparo. Era de hierro. Cuando Aston pita el final, se organiza un tumulto con jugadores y asistentes, todos como gallos de pelea. La polic�a irrumpe; tarda en disolverlo.
Italia queda eliminada, pese a ganar el �ltimo d�a a Suiza. Hab�a ido sinti�ndose aspirante, pero la dichosa cr�nica les mand� al matadero. Chile ha lavado la ofensa, eso era lo principal, y aunque pierde el tercer d�a contra Alemania, pasa. Luego gana en cuartos a la URSS con un gran golpe franco de Leonel S�nchez a Lev Yashin, cae en semifinales ante Brasil y es tercero al batir en la final de consolaci�n a Yugoslavia. Buen papel. Y tiene a Leonel S�nchez en el grupo de seis m�ximos goleadores del torneo, junto a Garrincha, Vav�, Draan Jerkovi, Valentin Ivanov y Albert Br�lls.
Pero qued� flotando en el aire una sensaci�n ominosa por lo que a�n se recuerda como "La Batalla de Santiago". El partido m�s feroz en la historia de la Copa del Mundo.
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