Entrevista
"Sobrevaloramos nuestra capacidad de hacer varias cosas a la vez", advierte el psic�logo en La zona, un plan para entrenar la atenci�n como si fuera un m�sculo.
Actualizado

El psic�logo, escritor y conferenciante Tom�s Navarro.�NGEL NAVARRETE
Nuestras sabias abuelas dec�an: "Estate donde tienes que estar". F�cil de entender, imposible de practicar. En una sociedad enferma de prisa y sobreestimulaci�n, cada vez nos cuesta m�s enfocarnos. Tom�s Navarro (Barcelona, 3 de mayo de 1974), psic�logo y autor de La zona (Ed Zenith), defiende que "una vida bonita requiere de atenci�n" y propone un plan para entrenar esa presencia como si fuera un m�sculo.
- Vivimos estresados y sentimos que la vida nos atrapa, pero siempre encontramos un culpable externo. T� propones algo revelador: tenemos m�s control del que creemos. �Es la zona un ant�doto?
- La zona es un espacio de m�xima concentraci�n. Los ni�os est�n siempre en ella; somos los adultos quienes la perdemos al incorporar h�bitos que nos perjudican. La clave es priorizar: la zona funciona como una linterna que ilumina solo lo que importa en cada momento, en lugar de iluminarlo todo a la vez. El problema no es la falta de tiempo, sino perderlo de manera dispersa. Cuando te focalizas en lo que toca, lo haces m�s r�pido, mejor y adem�s disfrutas. Eso es la zona.
- �Y qu� pasa cuando esa linterna se queda sin bater�a?
- Kahneman demostr� que la atenci�n es un recurso finito, pero se regenera. Se agota cuando no filtramos los est�mulos: si pasas el d�a en TikTok, la bater�a cae; si te centras solo en lo que importa, dura mucho m�s. Y se recarga r�pido: un paseo, actividad f�sica, charlar con un amigo. El problema es que no nos damos esos espacios. Cuando comes, come. Mirar el m�vil no es descansar: es seguir agotando la bater�a.
- Hablas del "silencio mental" como un oasis. �Por qu� nos da tanto miedo quedarnos a solas que preferimos el ruido nocivo?
- El silencio da miedo porque te entrega a tus pensamientos, y mucha gente sabe que hay cosas que no quiere analizar. Pero el problema sigue estando ah� y se va haciendo grande. Muchas crisis se gestan a los 20 a�os por no querer escucharse: estudias lo que tus padres quer�an, sigues en una relaci�n sin preguntarte c�mo est�s. El ruido distrae, pero agota. Y el problema no desaparece. Mi consejo: ve al origen. Si lo haces, el silencio deja de molestar.
- Eres muy valiente al afirmar que existe un sobrediagn�stico de TDA. �Crees que estamos etiquetando como trastorno lo que en realidad es una falta de gesti�n de la atenci�n o incluso un consumo excesivo de bebidas energ�ticas?
- El TDA existe y es serio: llegar a la edad adulta sin tratarlo es muy complicado. Pero hay un sobrediagn�stico real. Muchos s�ntomas del TDA desaparecen cuando dejas de tomarte tres bebidas energ�ticas al d�a o son consecuencia de dormir mal y la falta de motivaci�n. Y aqu� est� la clave: lo que nos motiva requiere menos esfuerzo atencional. Si no te concentras en algo, preg�ntate primero si te interesa. Dicho esto, tengas TDA o no, la zona te va a ayudar. La atenci�n es b�sica para tener una vida tranquila. Si no est�s atento al coche que pasa y te atropella, tendr�s problemas.
- �Y qu� h�bitos diarios crees que nos est�n robando esa atenci�n? �Son exclusivamente digitales?
- Me centro en dos culpables: el sistema educativo, que ha eliminado las tareas repetitivas que entrenaban la atenci�n sostenida; por ejemplo, yo coloreaba mapas durante horas, y el consumo digital, con impactos de seis segundos que no nos llevan a ning�n sitio. La atenci�n es un m�sculo pero hoy somos sedentarios. Nos estamos volviendo obesos atencionales. Quien me pide un truco para concentrarse hoy me est� pidiendo nadar dos mil metros sin haber entrenado. No existe ese truco. Lo que s� funciona es el microorden: una mesa despejada, sin ruidos, sin est�mulos innecesarios. La atenci�n gasta energ�a analizando todo lo que tiene alrededor. Facil�tale el terreno.
- Propones t�cnicas como el brain dump (vaciado mental) o el "microorden". �Algo tan simple como ordenar un escritorio puede calmar una mente ca�tica?
- Somos como un ordenador que no cierra ventanas: por muy potente que sea, acaba colapsando. Sobrevaloramos nuestra capacidad de hacer varias cosas a la vez. El multitasking no existe; lo demostr� el investigador Monsell. Solo tenemos una linterna, no dos. Lo que hacemos es cambiar muy r�pido de una tarea a otra, y eso tiene un coste. Para evitarlo, los rituales de transici�n son clave: antes de llegar a casa cierro los correos pendientes, tengo una libreta por proyecto, hago diez flexiones entre tarea y tarea... Lo que sea, pero cierra una ventana antes de abrir la siguiente.
- Llevas el concepto de la zona incluso al terreno sexual. �Por qu� afirmas que el placer no entiende de competiciones y que la b�squeda r�pida del orgasmo es el enemigo del disfrute real?
- Estamos teniendo sexo con la cabeza en otro lado; los preliminares han muerto. Lo mismo que nos pasa en el trabajo o en la ducha: queremos llegar al final r�pido sin disfrutar el camino. El mejor afrontamiento es crear espacio para la intimidad y el amor. Uno o dos d�as en pareja sin agenda, sin salir, solo para estar. Estimula todos los sentidos, no tengas prisa por llegar al orgasmo. Al final es lo mismo de siempre: tener la cabeza donde tiene que estar.
- Dices que la amabilidad es un precursor de la aceptaci�n y la salud mental. �Por qu� tratarnos bien frente al error es m�s productivo que la autocr�tica feroz?
- Los ni�os son felices hasta que desarrollan la conciencia: esa voz interior que suena como un juez y que heredamos de padres y profesores. "No es suficiente", "mira a tu hermano", "un nueve no, un 10". Confundimos exigencia con productividad, pero es al rev�s. Bajo un entorno de machaque constante no se puede fluir. Lo contrario de la autocr�tica no es la indulgencia, es la amabilidad. Tratarte bien no significa conformarte: significa reconocer lo que has hecho con los recursos que ten�as y saber qu� mejorar. Cuando fluyes, todo va mejor.
- En el deporte, citas a figuras como Federer o Jordan. �Qu� puede aprender un oficinista de un atleta de �lite para alcanzar su m�ximo rendimiento sin quemarse?
- La zona sirve igual para un deportista que para un oficinista: te ayuda a no distraerte y a discriminar lo importante de lo irrelevante. Ser productivo no es estar siempre ocupado, es que el tiempo que destinas a algo sea �ptimo. Preg�ntate: si tuvieras tres horas en lugar de ocho, �qu� har�as primero? El correo electr�nico y el m�vil son los grandes ladrones. Determina cu�ntas veces al d�a necesitas mirarlos, desactiva las notificaciones y filtra. Es un clic que solo t� puedes hacer. Porque si no lo haces no parar�s.
- Terminas con una llamada a la acci�n. �Cu�l es el primer paso, hoy mismo, para alguien que siente que vive permanentemente fuera de la zona?
- Entrena la entrada en zona desde ya y utiliza tus sentidos: cuenta coches rojos mientras esperas el taxi, busca tres olores distintos en la calle, usa tu mano no dominante para algo. Le est�s dando instrucciones a tu foco. Y ten claras las prioridades: si no las tienes, te robar�n la atenci�n. Si algo te preocupa, ap�ntalo y ci�rralo hasta que puedas atenderlo. Tu jefe puede ser brillante o un completo imb�cil que te lance prioridades incompatibles. En ese caso hay que sobrevivir. Pero donde t� controlas, las prioridades son tuyas.
La zona. Con�ctate con el estado mental en el que todo fluye, en el trabajo y en la vida
Por Tom�s Navarro
Est� editado por Zenith y se puede comprar aqu�. 248 p�ginas. 18,95 euros.





























