El �ltimo esca�o

Pedro S�nchezEFE
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De la investigaci�n judicial sobre la presunta trama de corrupci�n que lideraba Rodr�guez Zapatero, lo m�s sorprendente es el sentimiento de absoluta impunidad con que actuaba: ni mensajes encriptados, ni sofisticados escondites para el dinero negro, ni apenas facturas falsas para justificar ingresos en efectivo... La suya era una impunidad obscena, hasta el punto de que el expresidente habr�a utilizado a sus hijas para el blanqueo, que solo se explica por las pocas luces de los miembros de este entramado -de Julio Mart�nez dicen que nunca fue el m�s listo de la clase- y por la seguridad que sent�an al tener entrada directa en el Gobierno de Espa�a, el chavismo venezolano y el Gobierno comunista chino.
Este sentimiento de impunidad y soberbia, que Zapatero conserva tras su imputaci�n, como si supiera que sus muchos y poderosos amigos acabar�n desmontando la causa penal, es pol�ticamente muy peligroso para Pedro S�nchez, ya que ahonda en la impresi�n de que su trayectoria y la de Zapatero han ido de la mano desde 2021. Si S�nchez no le hubiera permitido actuar como un ministro de Exteriores en la sombra, con libertad de movimientos y aval gubernamental, Zapatero no hubiera podido ejercer de mediador VIP y cobrar comisiones millonarias; al igual que hay pocas dudas de que sin las conexiones del expresidente con el chavismo y el r�gimen chino S�nchez no hubiera podido construir su perfil de portavoz en Europa del Sur Global.
La impunidad que sent�a Zapatero, de hecho, es la misma de S�nchez desde que lleg� a La Moncloa. Cualquier otro presidente con los casos de corrupci�n que le asedian y con sus derrotas electorales en este curso habr�a renunciado y convocado elecciones. Por decencia personal y por respeto al sistema democr�tico. Pero S�nchez -como Trump- piensa de una manera muy distinta a la de un l�der electo: su poder no se legitima tanto en las urnas como en su voluntad de ser y prevalecer. La narrativa �pica en torno a su capacidad de resistencia frente a todo tipo de enemigos y adversidades en la que S�nchez construy� su leyenda de manual se bas� siempre en la creencia de que esa fuerza de voluntad estaba por encima de todo lo dem�s. De todo.
No obstante, la tan aplaudida y jaleada resistencia de S�nchez se ha convertido, a base de corrupci�n y batacazos electorales, en una amenaza para la continuidad del PSOE como organizaci�n pol�tica. La petici�n lanzada por Garc�a Page de que convoque elecciones, a la que se ha sumado Felipe Gonz�lez, responde al temor que hay entre los dirigentes territoriales socialistas de tener que asumir el castigo de los votantes al sanchismo en las elecciones locales de mayo. Quieren que S�nchez se enfrente primero a las urnas.
La voz alzada de Page responde tambi�n a un sentimiento que se extiende en el PSOE y que es letal para cualquier dirigente pol�tico o C�sar visionario: el momento en el que todos los que te rodean empiezan a verte como su principal problema.

















