Entrevista al experto en longevidad: "Calor y frío, ayuno intermitentes; la genética cuenta menos de lo que se piensa. Elisabetta Canalis es mi avanzada en EEUU, Francesca Fagnani sabe transformar el estrés en rendimiento. Entre mis 'soldaditos' también están Ilary Blasi y Barbara D'Urso"

El experto en longevidad Ascanio Polimeni.
Paola PolloCorriere della Sera
Actualizado
- ¿Le gustaría ser definido como el 'padre de la longevidad'?
- Hay colegas que lo merecen más que yo. Sin embargo, en algunos aspectos creo que puedo formar parte de una red importante en Europa. Basta con mirar mi trayectoria. Cuando se hablaba de hormonas bioidénticas, fui yo quien escribió los primeros textos. Digamos que me considero un pionero.
- 'Longevidad', ¿en qué sentido?
- La medicina de la longevidad ha sustituido al término antiaging, más ligado a la medicina estética. El riesgo es que se convierta en un eslogan comercial. Todo el mundo está abusando del término. Me aterra la idea de entrar en un supermercado y encontrarme con el departamento de 'longevidad'. Por eso prefiero el término gerociencia, la ciencia del envejecimiento.
- ¿Por qué el punto no es detener el tiempo ni alargarlo, sino vivir mejor el que tenemos de más?
- La longevidad es modulable, depende del estilo de vida, de los hábitos, de la prevención. En mi libro (Hormesis Reset - El método científico para activar la longevidad, escrito con Angela Marocco, que sale estos días) parto precisamente de este principio: el cuerpo humano no está diseñado para el confort continuo, sino para adaptarse a los estímulos. Hoy hemos eliminado casi todas las oscilaciones naturales -frío, ayuno, movimiento espontáneo, ritmos biológicos- y nuestro organismo pierde elasticidad y, por tanto, capacidad de reacción. Pensamos el envejecimiento como un desgaste inevitable. Las plantas y los animales más longevos suelen vivir en condiciones ambientales difíciles. De ahí nace mi protocolo hormético integrado: calor y frío, ayuno intermitente, pequeños estrés positivos que reactivan el cuerpo. Atención, eso sí, no extremismos, sino equilibrio. No maratones ni días sin comer.
- Entonces, ¿es el 'padre de la hormesis'?
- El padre de la hormesis es Rattan, un gran investigador danés. Pero en Italia sí, podemos decirlo. Yo soy clínico; trabajo con personas y aplico estos principios en la práctica diaria.
- Cuando piensa en el tiempo, ¿qué le viene a la mente?
- Memento mori. De ahí partí. Y de un concierto de Depeche Mode en una noche romana de hace unos veranos. Algo vibró en mí; no lo sentí como un himno a la muerte, sino como una invitación a vivir. El tiempo no debe ser sufrido pasivamente, si no te aplasta. Hay que afrontarlo, optimizarlo. No hay que pensar continuamente en la muerte.
- De joven hacía de DJ en una radio.
- La mítica Radio 102 en San Benedetto. Hacía un programa nocturno de música electrónica y jazz inglés. Me llamaban 'Sire'. Eran años difíciles, los años de las Brigadas Rojas. Nosotros éramos una radio alternativa, pero no politizada. Alternaba ya la mesa de mezclas con el 'Piccolo Chimico'.
- En su libro el cuerpo humano se convierte en orquesta, jardín, incluso en una tarta preparada por su abuela.
- Intento explicar de forma sencilla lo que hago. No consigo llamar "pacientes" a las personas que vienen a mí. Muchos no están enfermos, sólo quieren seguir sanos. Es una medicina de la prevención, no de la curación. El sufrimiento que he visto en mi familia me ha marcado profundamente. Mi padre murió por un cáncer de riñón, mi madre por una fibrosis pulmonar. De ahí nace mi impulso. No es curar, sino prevenir.
- En EEUU se encuentra con la medicina antiaging en sus inicios.
- Me especialicé cuando allí ya existían másteres y cursos de psiconeuroendocrinología, mientras que en Italia no había nada. Siempre he estudiado el cuerpo a través de sus ritmos: la cronobiología. Un poco como la música.
- Y es allí donde conoce a los centenarios de las Blue Zones.
- Personas que viven más cerca de los ritmos ancestrales. La gerociencia estudia precisamente esto, los modelos del envejecimiento. Hoy sabemos que la obesidad, la diabetes y la inflamación aceleran la edad biológica y son las verdaderas epidemias silenciosas. En cambio, en las Blue Zones encontramos personas que llegan a edades muy avanzadas manteniéndose sanas.
- Usted ha estado en Okinawa. ¿Qué le llamó la atención?
- La serenidad. Los ritmos lentos. La sonrisa de la gente. Una dimensión de vida distinta. Y las relaciones sociales, ya que el aislamiento psicosocial es un factor de envejecimiento tan potente como la inflamación. La longevidad no es solo biológica.
- Se licenció en la Bolonia de los años de plomo.
- Una ciudad en gran efervescencia cultural y política. Pero yo era un nerd; estudiaba continuamente. Me llevaban de vez en cuando a una trattoria.
- ¿Participó en las 'Olimpiadas del rejuvenecimiento'?
- ¡No! Es una idea americana. Puede tener un valor motivacional, pero no hay que convertir la longevidad en una competición estética. La verdadera juventud no es la carrocería. El culturista lleno de esteroides no es un modelo de envejecimiento sano. Y tampoco el millonario obsesionado con protocolos extremos. Los verdaderos campeones de la longevidad viven en las Blue Zones con vidas simples, relaciones fuertes y ritmos humanos.
- Giovanni Minoli habla de 'humanidad inédita' como la que tiene la conciencia de no haber existido nunca y de tener un futuro nunca pensado. Se refiere a los mayores de 70 años.
- Es exactamente así. Es casi una nueva sociedad. Hay que educarla, apoyarla, hacerla activa para que pueda vivir mejor el tiempo. Y lo curioso es que hoy los treintañeros ya son conscientes de esto. Vienen a mí muy preparados, no piden rejuvenecer sino construir una vida sana en el tiempo, interesados en el rendimiento físico y mental más que en la estética. ¿Un ejemplo? El rapero Fred De Palma.
- Entre las personas a las que sigue hay nombres muy conocidos.
- Por supuesto, y los cito con su consentimiento. Empiezo por Michelle Hunziker, que es un caso increíble. Su edad biológica es de 25 años y, la cronológica, de 52. Tiene una disciplina importante, pero sobre todo equilibrio. Sabe disfrutar de la vida sin convertir la longevidad en una obsesión. Luego, Francesca Fagnani, a la que defino como la 'reina de la psicohormesis y de los suplementos'. Tiene la capacidad de transformar la presión y el estrés en rendimiento. Renzo Rosso y su esposa Arianna son un ejemplo de pareja avanzada en hormesis. Elisabetta Canalis, mi 'avanzadilla hormética' en Estados Unidos. ¡Siempre se entera de todo antes que nadie! Y también mis 'soldaditos': Ilary Blasi, Alessia Marcuzzi, Barbara D'Urso, Taylor Mega, Vittorio Brumotti, Ornella Muti, Asia Argento, Isabella Ferrari y Luca Argentero.
- Luego, empresarios y productores musicales.
- Los sigo desde hace años. Pienso en Giacomo Maiolini, leyenda de la música, que ha entendido cuánto influyen el cerebro, la curiosidad y la pasión en el envejecimiento. Igual que los amigos empresarios Francesca y Umberto Pengo, Antonio Baravalle, el CEO de Lavazza, y Roberto Alesse, director general de la Agencia de Aduanas y Monopolios. Como decía, figuras diversas.
- ¿Se 'autoexperimenta'?
- En estilo hormético, desde siempre. Camino, practico calor y frío y ayuno intermitente. Leo y estimulo continuamente la mente. Sigo escuchando música electrónica, jazz, pero también rap. Hace tiempo fui a una discoteca al Volt con un paciente mío para entender qué les gusta hoy a los jóvenes. Cultivamos el 'niño interior' que llevamos dentro.
- ¿Le ocurre que alguien solo quiere 'rejuvenecer'?
- Esas son batallas perdidas. No existe el elixir de la juventud. Existe la posibilidad de envejecer mejor.
- ¿Qué papel juega la genética?
- Menos del que se cree. Cuenta muchísimo la epigenética. Es decir, las señales que damos a nuestro ADN a través del estilo de vida. Los estudios con gemelos monocigóticos lo demuestran claramente.
- ¿Y si un día descubriera que el tiempo del cuerpo no se puede realmente controlar?
- El final llegará igualmente para todos. Intentamos llegar mejor. No estamos buscando la inmortalidad. Las próximas generaciones tendrán herramientas extraordinarias: células madre, nuevas terapias, fármacos innovadores. Pero ya hoy podemos hacer muchísimo. Y sobre todo podemos evitar mucho sufrimiento.

























