























Con la primavera, ya se sabe, nos volvemos florales y románticas. Bueno, a las lunáticas además nos pasan otras cosas, pero hoy escribiré en nombre del amor, que el viernes tocó boda.
La novia muy guapa, el convite de 10 y sobre los amigos del novio (mi gran esperanza) no comments. Bueno, sí comments. Pero sin apuntar con el dedo que, por lo visto, es muy feo. El caso es que, al verme allí rodeada de padrinos, testigos, anillos y músicas solemnes, por un segundo, caí en la tentación de repetir la historia de mi vida y comencé a fantasear con la idea de casarme de nuevo.
"¿Ves como sí tienes corazón, Blue?". No, tranquilas. La quimera se esfumó al instante. Fue poner foco en el material disponible y la azucarada ida de olla se redujo a un simple brote psicótico. ¿Puedo cenar con gin tonic?, pregunté. Sonó raro porque seguíamos en la ceremonia, pero necesitaba garantías de futuro. Cosa que el matrimonio, lo siento, no ofrece. "Y ¿esto quién se lo dice a la novia?" Yo, no (que el novio es primo mío). Mejor me lanzo a las copas, dije.
Y es que no sé a vosotras, pero a mí me encantó divorciarme. Posiblemente, por el acertado casting que hice a la hora de elegir maromo, no nos engañemos. Sé que suena contradictorio, pero no lo es. La escritora Nora Ephron lo resume con admirable precisión: "Nunca te cases con un hombre del que no te gustaría divorciarte".
Así que, si estás vestida de novia, maquillada y bella como una princesa Disney, pero al imaginar la escena de un posible divorcio te atraviesa un frío repentino... Hazte un favor: ahórrate el hechizo. No es necesario escribir historias que trasladar a la gran pantalla. Para eso ya tenemos guionistas y los derechos que os puedan pagar, nunca serán suficientes para reparar el daño vivido... Os lo digo yo, que sé de lo que hablo, y no por víctima, sino por productora.
Creedme. Nora y yo no somos una voz aislada. El cineasta Elia Kazan, por ejemplo, cuando se enfrentaba a un proceso de casting decía: "Si eliges bien, la mitad del trabajo está hecho". Y la carismática Bette Davis lo subrayaba aún con más detalle: "Un buen actor puede salvar una mala escena, pero un mal actor puede arruinar una buena". Conclusión: No dejemos que nadie arruine la nuestra. Y si ocurre... estemos preparadas para ello.
Nos falta formación prenupcial, chicas, lo tengo claro. Detecto carencias en los programas de los wedding planners. Ellos sí: te buscan el lugar del convite, la ceremonia, coordinan el catering, el fotógrafo, el dj... En definitiva, diseñan la boda de tus sueños, pero ¿qué hay de la segunda parte de la historia? La que se gestiona sin invitados, de tapadillo, con los ojos hinchados y bañadas en lágrimas. ¿Por qué nadie se ocupa de esto?
En el trabajo, cuando me toca viajar, recibo una carpeta con toda la información destacada sobre mi destino: recomendaciones gastronómicas, lugares turísticos, peligros... Y, en la sala previa a un quirófano, firmo documentos que me detallan el plan A de la intervención y, además, los posibles: B, C, D, E, F... por si algo se sale de madre. Lo mismo ocurre con los antigripales. El prospecto te alerta de contingencias que van desde la urticaria a la muerte súbita, pero ¿qué hay del matrimonio?, ¿del "parasiempre"? De eso, poco nos cuentan... Y empiezo a sospechar que lo hacen con ánimo de que pase lo que pase prevalezca el "sí, quiero". ¿Y si ya no quiero?, me pregunto... "Pues muy fácil, Blue: sí, quieres". Y punto.
Por eso, amigas, reivindico desde ya la obligada práctica de analizar, antes de la boda, "qué será de mí, si un día me separo". (Estimados superplanners, ¿seríais tan amables de añadir este punto a vuestro manual de estilo?). "¡Qué barbaridad, Blue! Eso es que no estás enamorada". ¡Pues claro que estoy enamorada! Y precisamente por eso, quiero hacer una evaluación de riesgos antes de sacarle un ojo a mi contrincante. Perdón, al amor de mi vida. ¿O es qué no os habéis fijado cómo tiran en esgrima? Las parejas se forran para protegerse, aunque el adversario sea su propio hermano. Así que, no mezclemos el amor con el deporte y atendamos a Nora Ephron que, no sé en qué rapto de locura, se casó hasta tres veces. No hay duda... ¡Esta mujer sabía de lo que hablaba!
Al igual que tantas actrices de Hollywood que operan con el modo non stop wedding y en cada ceremonia blindan su patrimonio, sus marcas y su carrera. Aprendamos de las que tienen experiencia suficiente y démosle una vuelta a nuestra manera de entender el compromiso marital. Se lo debemos a todas aquellas que aún sueñan con un príncipe azul. ¡Chicas, estamos con vosotras! ¡Que no decaiga el romanticismo en primavera! Sólo ocuparos de ser felices más allá del convite y, si es posible, de aspirar a serlo la vida entera. Con o sin caballero andante. Porque apostar todo a la pareja, ya no se lleva.
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