La agencia Axios informa sobre la supuesta compra por el Gobierno comunista de 300 drones a sus aliados de Moscú y Teherán

Varias personas se iluminan con sus teléfonos mientras juegan al dominó, al tiempo que arde en una calle de La Habana.AP
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"Cuba tiene el derecho absoluto y legítimo a defenderse de una arremetida bélica, lo que no puede esgrimirse lógica y honestamente como excusa para imponer una guerra contra el noble pueblo cubano", reaccionó el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, tras conocer la filtración publicada por la agencia Axios sobre la supuesta compra por el Gobierno comunista de 300 drones rusos e iraníes.
Si ya la tensión era máxima entre La Habana y Washington, corroborada por la sorprendente visita del director de la CIA a la isla, la información sobre los drones ha trasladado escenarios aún más peliagudos para el futuro de Díaz-Canel y la familia Castro. La escalada de las últimas horas contiene antecedentes históricos que nadie ha olvidado en la isla: la presencia de misiles rusos en Cuba, durante la famosa crisis de octubre de 1962, situó al planeta al borde de una guerra nuclear. Eran otros tiempos, cuando el victorioso Fidel Castro parecía una especie de Alejandro Magno del Caribe mientras sus seguidores gritaban por el Malecón habanero "Nikita mariquita", porque entendían que la marcha atrás del líder soviético, Nikita Jrushchov, suponía un acto de cobardía frente al imperio.
Según el reporte clasificado de Inteligencia al que ha accedido Axios, Cuba no sólo ha adquirido desde 2023 300 drones militares de ataque de origen ruso e iraní, sino que también estaría discutiendo en el seno de la revolución la posibilidad de emplearlos contra la base estadounidense de Guantánamo, situado en el extremo oriental de la isla, contra buques militares y también contra Cayo Hueso, la zona de Florida situada a escasas 90 millas de la costa cubana.
La filtración estadounidense añade que los drones están ubicados en posiciones estratégicas a lo largo de la isla y que los cubanos estudian cómo estas nuevas tecnologías han permitido a la revolución iraní aguantar la embestida de ejércitos tan superiores como el estadounidense y el israelí.
De inmediato, el congresista cubanoamericano Carlos Giménez alertó en sus redes sociales sobre las capacidades del dron suicida Shahed-136, "que suele tener alcances 1.000/2.500 kilómetros, con cargas útiles de hasta 50 kilos".
Nada más hacerse pública la información, las autoridades cubanas se defendieron con los mismos parámetros que Díaz-Canel, que unió el derecho a la defensa de la revolución con su supuesta filosofía humanista: "Cuba no amenaza ni desea la guerra".
Paralelismos con el régimen de Maduro
En el caso venezolano, que guarda paralelismos evidentes, Washington elevó de forma paulatina la presión contra Nicolás Maduro en los meses previos a la captura del dictador. A la postre, EEUU apostó por una operación de extracción y por bombardeos puntuales para conseguir sus objetivos, no por una guerra a gran escala, que tampoco tiene cabida hoy, según expertos militares.
Si la estrategia de Washington contra Maduro se basó en la guerra contra las drogas y su protagonismo dentro del Cártel de los Soles, además de su estrecha alianza con rusos, chinos, iraníes y cubanos, en el caso de la isla el secretario de Estado, Marco Rubio, ha reiterado que Cuba es un problema de seguridad regional para EEUU y uno de los ejes de la actualización de la Doctrina Monroe llevada a cabo por Donald Trump. En definitiva, un estado fallido a pocas millas de EEUU en el que también actúan antagonistas ideológicos de Washington.
"Quienes pretenden agredir ilegítimamente a Cuba se valen de cualquier pretexto, no importa cuán mendaces y ridículos sean, para justificar un ataque contrario a la opinión pública estadounidense y mundial", aseguró por su lado el canciller castrista Bruno Rodríguez.
El gran problema para el régimen cubano, empeñado en imponer la llamada "guerra de todo el pueblo" contra los "invasores", es que sus ciudadanos hace mucho tiempo que dejaron de creer en ellos. El nivel de hartazgo de la población cubana es de tal tamaño que el 60,9% apoya la intervención militar de EEUU, por encima del 54,3% que apuesta por las sanciones contra los funcionarios comunistas, según la megaencuesta llevada a cabo por 36 medios independientes, creadores de contenido y actores de la sociedad civil.























