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«El caso de Shakira es el mejor ejemplo de cómo la Agencia Tributaria española extorsiona. Nos han contactado más de 500 personas, ciudadanos corrientes que pagan sus impuestos, autónomos que intentan ganarse la vida. Ninguno de ellos tiene medios económicos para litigar contra Hacienda durante 10 años como la cantante. Hacienda trata a los ciudadanos como sospechosos, se ceba principalmente con personas con recursos limitados o de clase media, que son quienes no pueden permitirse litigar durante años y prefieren ceder ante la extorsión».
El abogado Robert Ross Amsterdam (Nueva York, 1956) ha recibido con «satisfacción» la sentencia de la Audiencia Nacional en la que absuelve a la artista colombiana Shakira del fraude fiscal del que le acusaba la Agencia Tributaria. «Este caso demuestra que se comportan como una mafia que únicamente busca engordar las arcas del gobierno de turno a costa de tratar a los ciudadanos como criminales», explica a Crónica el fundador y socio director de Amsterdam & Partners LLP, con sede en Washington y Londres.
La sentencia considera que Hacienda no tenía razón cuando determinó que la cantante tuvo su residencia fiscal en España en 2011 y debía abonar 55 millones de euros en cuotas y sanciones «muy graves» por defraudar el IRPF y el Impuesto de Patrimonio. El erario público deberá devolver a Shakira esa cantidad y los intereses de demora, lo que eleva el total a más de 60 millones. «Lo único que le preocupa al fisco es aumentar sus ingresos sin tener en cuenta cuál es el impacto negativo o a cuántos ciudadanos destruyan por el camino», destaca.
A Amsterdam, la sentencia le ha cogido con un puro de generosas proporciones en la mano, en plena promoción del libro Hacienda y el estado dual, del que es coautor junto a Christopher Wales, experto británico en política fiscal y responsable de Hacienda en el gobierno de Tony Blair. También se fumó otro puro de la marca nicaragüense El Jefe al presentar la obra en Madrid.
«No le hagas caso a los agentes rusos que están en la otra mesa. Han venido junto a los judíos y los chinos, que se suman a la fiesta», bromea en los jardines del hotel Rosewood Villa Magna de la capital. El veterano abogado internacional ironiza sobre las acusaciones de Seguridad Nacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores, que lo consideran «un elemento de inestabilidad», un defensor de «no se sabe quién» que no aporta «ni una sola prueba, ni un solo documento». «En España nadie sería capaz de iniciar un ataque tan furibundo sin poner un documento encima de la mesa», dicen. También destacan su presencia en los archivos del pederasta y financiero Jeffrey Epstein.
«No me los tomo en serio. En el caso Epstein, creo que soy el único que lo rechazó. Fui el único que acudió y le dijo a Epstein que no. Así que no tengo ningún problema con ello ni con él. Y además tengo hijas, así que jamás le habría ayudado. Llevo tres divorcios, así que mi historial ha sido puesto a prueba ya muchísimas veces. Me han prohibido la entrada a ocho países, me han arrestado y me ha investigado la policía secreta de no sé cuántas partes del mundo. Con un coste económico muy elevado, eso sí».

Amsterdam, tras graduarse en 1978.Crónica
Amsterdam recuerda cuando en 2013 se enfrentó a las Naciones Unidas en defensa del Dr. Georges Tadonki, un alto funcionario de la ONU que fue despedido tras denunciar la crisis humanitaria y el cólera en Zimbabwe. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) lo intimidó y prescindió de sus servicios, priorizando su relación política con el régimen de Robert Mugabe. Amsterdan logró una victoria histórica ante el Tribunal de Disputas de las Naciones Unidas y ganó el premio a la Disputa Pro Bono Global del Año 2013 otorgado por la revista The American Lawyer. «Recibí un reconocimineto mundial, pero perdí a mi socio y a mi mujer por trabajar tantas semanas de forma voluntaria y sin remuneración económica», confiesa.
Amsterdam se licenció en Artes en la Universidad de Carleton (Ottawa) en 1975 y se graduó en Derecho por la Universidad Queen's (Kingston) en 1978. Fue admitido en el Colegio de Abogados de Canadá en 1980, año en el que abrió con su amigo Dean Peroff el bufete Amsterdam & Peroff, centrado en litigios internacionales y mercados emergentes.
De cara al futuro, Amsterdam pone el foco en la tecnología. «Con la inteligencia artificial y sin las salvaguardas que hacen falta, la Hacienda española se convertirá en un cáncer terminal. Será como la novela 1984: un problema enorme que no respetará los derechos económicos de los ciudadanos», profetiza. Adopta un tono más filosófico para expresar su tristeza por la «insularidad» a la que se ha anclado la ciudadanía. «Lo único que hacemos es leer a personas con las que estamos ya de acuerdo en las redes sociales. No escuchamos otros puntos de vista, no vemos ángulos diferentes. Por eso puede llegar un idiota y decir que yo soy desestabilizador o algo así», critica.
Amsterdam, que se ha enfrentado repetidas veces a Putin y Chávez, lo tiene claro: «La fiscalidad es política. El gran fraude de Hacienda es presentar la supresión de derechos como algo técnico. Lo he visto en Rusia y en otros países: para enfrentarse a los líderes de la oposición lo hacen a través de los impuestos. Cuando quieren oprimirte y joderte, te dicen que todo es técnico».
El abogado visitó la URSS en 1973, «siendo un niño», y dice que allí vio «el totalitarismo de primera mano». En 2005, fue detenido en Moscú tras ser condenado a cárcel su cliente, Mijail Jodorkovski, CEO de la petrolera Yukos. «Cuando me arrestaron a las dos de la madrugada por orden de Putin, no sabía si iba a morir. Había un montón de agentes de la KGB que intentaban llevarme a quién sabe dónde. No era legal y, por suerte, la abogada Karinna Muskalenko corrió hacia mi hotel para defenderme. En cambio, en España, cuando me enfrento a Hacienda por los Derechos Humanos, estoy solo. Pido ayuda a abogados de aquí y me dicen: "Si te ayudo inspeccionarán a mi familia y a mis clientes"», critica.
Pone como ejemplo a los asesores fiscales patrios, quienes le afearon el tono crítico de Hacienda y el estado dual. «Son cosas que me han dicho en Uganda o Tanzania, pero no me lo esperaba en España, un país europeo y moderno. El libro debería haber sido escrito por españoles. No deberían ser dos extranjeros los que cuenten lo que pasa. Ellos quieren quedar bien con Hacienda pero deberían estar avergonzados», asegura.
Amsterdam cree que «cualquier incentivo que haga que un inspector tenga un interés económico en joder al ciudadano es corrupto e inmoral» y aboga porque Hacienda «se incorpore al Ministerio de Economía» poniendo fin a un modelo en el que «se tarda 20 años» para ganarle un pulso al fisco. «Para luchar contra eso, la opinión pública es clave. Soy mayor y, de seguir así, para cuando estos temas acaben en los tribunales, yo estaré muerto y mis hijos jubilados. Pero, tras medio siglo ejerciendo, el sentido de mi vida es defender las causas que me importan. Y así seguiré», sentencia.
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