























Luis Alemany Madrid
Actualizado
Dos libros de Arturo P�rez-Reverte llegan esta primavera a las librer�as: el primero, Enviado especial. Una biograf�a de guerra (Alfaguara), re�ne los textos de reporterismo del periodista P�rez-Reverte en Mozambique, Ir�n, Irak, L�bano y Bosnia, entre otros pa�ses en guerra, en el periodo de 1970 a 1992. El segundo, Fotograf�as de guerra 1974-1985 (La F�brica), es el reflejo gr�fico de ese trabajo como redactor. El escritor fue tambi�n fot�grafo de guerra, siempre con objetivos de 35 y 50 mil�metros, siempre de cerca, nunca con teleobjetivo. Despu�s de muchos a�os de olvido, P�rez-Reverte ha recuperado sus negativos para una exposici�n (en el Ateneo de Madrid) y un fotolibro.
"No quer�a hacer estos libros. Pero Pilar Reyes [la directora editorial de Alfaguara] me convenci� de que un lector de mis novelas encontrar� en estas cr�nicas el origen de todo lo que est� en los libros, del dolor y el horror", dijo P�rez-Reverte en la presentaci�n de los dos libros.
Para saber m�s
Sus palabras en el acto fueron reconocibles para cualquiera que haya seguido a P�rez-Reverte. Dispuso recuerdos espeluznantes de la guerra como el de una noche, en una aldea de Mozambique cuyos anfitriones, borrachos, planeaban su asesinato, junto a memorias siniestras pero c�micas: cad�veres sentados en una silla y adornados con cigarros encendidos; sargentos coquetos que atravesaban la selva con un chaleco de n�ufragos por est�tica... P�rez-Reverte tambi�n present� su mundo como un pasado terminado y perdido: "[Los reporteros de guerra] somos dinosaurios, estamos extinguidos". Abri� una puerta a sus fantasmas: "He hecho cosas que no me gustan. Todos tenemos remordimientos". Y trat� de explicar el mundo a trav�s de sus memorias de guerra. El mundo de 2026 y el de siempre.
"Mirad esta foto", dijo P�rez-Reverte en la presentaci�n de sus dos libros. "La tom� en Eritrea". Dos hombres armados aparecen junto a un cad�ver. Uno de los supervivientes pisa la cabeza del muerto y posa orgulloso. "Me dijo 'Meik-mi una photo' y se la hice. Si hoy hiciera esa foto y la publicara me pondr�an mil mensajes de reproche. 'Debi� interponerse'. '�Por qu� tenemos que ver algo tan horrible?'. Porque es una guerra, gilipollas, la gente se mata, se destripa, se odia, se viola. Ahora. el debate ser�a si es moral reproducir todo eso. Es tan rid�culo todo... La gente est� muy a gusto en su casa pero los que sabemos lo que es la vida cuando golpea, cuando el ser humano es un hijo de puta sin barnices... Los que lo hemos vivido nos re�mos. Ser�n gilipollas. Nos hemos jugado la vida por contarlo".
La hip�tesis de P�rez-Reverte es que la opini�n p�blica perdi� el inter�s por el trabajo period�stico que aparece en sus dos nuevos libros. Que el periodismo de guerra se convirti� en algo demasiado verdadero y desagradable para una audiencia acomodada e hipersensible. "El mundo merece lo que tiene. El p�blico recibe lo que quiere recibir. Tan culpable es el receptor como el emisor. Si Trump manipula, quien lo ha permitido tambi�n es culpable. Somos una presa f�cil, se lo hemos puesto facil�simo para hacer negocio. No queremos mirar, no queremos la verdad y quien cuenta la verdad es apartado, es un aguafiestas. Somos testigos molestos de la realidad. Bueno, �ramos porque hace 40 a�os que dej� el reporterismo. Lleg� un momento en el que empec� a despreciar al p�blico y se me notaba. Por eso dej� el periodismo", dijo el escritor y acad�mico.
M�s: "Quer�amos cortar la digesti�n a la gente, que la gente supiera lo que es la guerra. Es triste pero la guerra es pol�ticamente incorrecta, molesta, incomoda. Yo quer�a cortar la digesti�n. Pero los editores me dec�an Hoy no damos nada que hay partido de f�tbol. Yo les contestaba: 'Pero si hay 25 muertos'. Ya, pero la gente... Ahora la guerra la pixelan".
El otro tema que est� escondido detr�s de estas memorias de guerra es la literatura, como causa y como consecuencia. Como causa, porque la literatura condicion� la mirada de P�rez-Reverte en los combates. "Algunos colegas se emborrachaban, otros se iban con chicas, otros se quedaba mirando una pared durante horas. Yo ten�a los libros que fueron los que me permitieron digerir todo aquello. Jenofonte, Homero, todo lo hab�a le�do y eso me permit�a racionalizar y digerir lo que viv�a. La guerra se me hac�a soportable gracias a los libros, pensaba que era la historia de la humanidad, que nada es nuevo. Era un consuelo".
Y como consecuencia porque las novelas de P�rez-Reverte son descifrables a trav�s de sus a�os en las trincheras. El pintor de batallas y Territorio comanche son los textos que tratan expl�citamente de esa experiencia pero, en realidad, todas las novelas del acad�mico dan vueltas al terror de la guerra.
"Vali� la pena. Lo hice lo mejor que pude, creo que era un buen reportero, Me dej� una mirada. Soy lo que soy porque la guerra me conformo. La forma de moverme, de pararme en una esquina, de mirar si alguien me sigue. La certeza de la incertidumbre. La guerra me dej� esa forma de mirar".
El otro tema que asoma en los nuevos libros de P�rez-Reverte es la amistad. El escritor habl� en la presentaci�n de los compa�eros de oficio con los que comparti� su experiencia: los camar�grafos, los redactores de otros medios, los que tuvieron ataques de p�nico, los que tuvieron mala suerte y murieron de un morterazo y los que se salvaron de milagro. "No somos amigos, no nos vemos, somos m�s que amigos. Hemos podido morir y ese v�nculo est� en la memoria".
"Entonces no dec�amos 'Me he hecho pupita, que me saque el embajador'. Sab�as a donde ibas y sab�as que si te cog�an ya te soltar�an", dijo el novelista. "O no. Han matado a amigos muy queridos. Que te mataran iba incluido en tu trabajo, lo asum�as cuando ibas. Nos un�a un cinismo de periodistas que no era maldad. Era una manera de sobrevivir. eran v�lvulas de escape".
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