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El Pleno del Congreso de los Diputados ha vivido una jornada de gran calado legislativo y simbólico con la aprobación del dictamen para modificar el Código Penal y castigar las prácticas de conversión dirigidas a personas LGTBI+. La propuesta, impulsada inicialmente por el PSOE, establece penas de seis meses a dos años de prisión para quienes realicen estos procedimientos, independientemente de que exista el consentimiento de la víctima. El diputado socialista Víctor Gutiérrez ha defendido la dureza de la norma argumentando que estas prácticas no son terapias, sino una "forma de tortura" que persiste incluso cuando se accede a ella por presión del entorno.
En este escenario de debate sobre la homofobia y los derechos civiles, la intervención de Jaime de los Santos, representante del Partido Popular, ha cobrado un protagonismo especial. El diputado calificó estas prácticas como un delito "inaceptable" contra la dignidad humana y defendió que deben recibir "todo el peso de la ley" a través de la vía penal, rechazando que se solventen con simples sanciones administrativas. No obstante, De los Santos aprovechó su turno para denunciar el "sectarismo" de la izquierda y reivindicar su identidad personal y política con una frase que resonó en el hemiciclo: "Soy del PP, soy maricón y me siento muy orgulloso de ambas cosas".
Pese al avance legislativo, la norma ha nacido con críticas por parte de los socios habituales del Gobierno. Formaciones como Sumar, ERC, EH Bildu, Podemos y Compromís han lamentado la "falta de ambición" del PSOE, señalando que la ley se queda corta al no incluir medidas de reparación efectiva. Grupos como ERC y Compromís criticaron que no se hayan incorporado ayudas económicas ni habitacionales para que las víctimas puedan reconstruir sus vidas tras sufrir esta violencia. Por su parte, VOX fue la única formación en rechazar frontalmente la iniciativa, calificándola de "absoluto despropósito" y un ataque a la libertad individual. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, cerró la sesión calificándola de "mañana histórica", consolidando a España como un referente donde la diversidad puede vivirse "sin miedo, culpa ni violencia".


























